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Entrevista

“Si las trabajadoras del hogar no exigen sus derechos, no los obtienen”

Durante cinco años, Bettina Valdez fue voluntaria de "La casa de Panchita", institución donde brindó asesoría legal a las trabajadoras del hogar. Esta experiencia fue crucial para el desarrollo de su primer libro "Revelando el secreto. Relaciones de género entre empleadoras y trabajadoras del hogar cama adentro", basado en su tesis de maestría en Estudios de Género por la PUCP.

Autor: Fiorella Palmieri
Bettina Valdez Carrasco

Bettina Valdez Carrasco

Abogada y magíster en Estudios de Género por la PUCP

¿Cuáles fueron los principales retos de esta investigación que incluye 31 testimonios de empleadoras y trabajadoras del hogar?

Decidí entrevistar a las empleadas de cama adentro porque sufren más la vulneración de sus derechos en comparación con las que trabajan por horas. La situación de las trabajadoras cama adentro es terrible e invisible. Y nadie entra a investigar esta situación. Por eso mi libro se llama Revelando el secreto, porque si la empleadora no abre la puerta de su casa, o la trabajadora no cuenta su historia, lo qué ocurre puertas adentro es un misterio. Cuando hice la maestría en Estudios de Género en la PUCP, mi asesora de tesis, Alizon Rodríguez, me brindó una mirada distinta sobre mi planteamiento: yo siempre estuve con las trabajadoras del hogar, pero no había explorado el punto de vista de las empleadoras. Plantear entrevistas a profundidad con este grupo fue el gran desafío de la tesis.

En tu libro incluyes datos estadísticos actualizados hasta el 2012. ¿Consideras que desde  entonces han mejorado las condiciones laborales de las trabajadoras del hogar?

Para mí, los datos estadísticos no son muy fiables. Existen dificultades para identificar a quienes se desempeñan como trabajadoras del hogar. Hasta hace unos años recibían S/ 500 de sueldo en promedio. Hoy, la trabajadora de un hogar de clase alta puede cobrar S/1200. Pero las hay en todos los sectores. En un asentamiento humano puede ser la niña de 12 años que trabaja para su vecina cuidando al bebé. En la clase alta de Lima, las trabajadoras del hogar se heredan, y es lo más parecido a un sistema de esclavitud. Entrevisté a una señora que trabajó durante 25 años en casa de unos millonarios. Y cuando se fueron a vivir a Estados Unidos, no quisieron reconocerle sus derechos. “¿Qué derechos si toda la vida has vivido acá, te hemos dado todo, has comido todo, has tenido casa?”, le dijeron. En todas las clases sociales persisten estos abusos.

Pero en casos como ese, ¿cuáles son las razones por las cuáles las trabajadoras del hogar permanecen donde no se respetan sus derechos?

Priman mucho factores personales, como los afectos y los favores, en la decisión de renunciar o no. Las que sufren más situaciones de riesgo son aquellas que se han encariñado con la familia. Y pueden dejar de lado su vida, su integridad, su salud, y hasta su dinero, para cuidar de aquella familia. Es muy difícil que la trabajadora del hogar tenga bloques de trabajo definidos.

¿Por qué la Ley N° 27986, Ley de Trabajadores del Hogar, reconoce menos derechos laborales que a otros grupos?

El motivo es nuestra historia de esclavitud. Esta norma tiene antecedentes. La más antigua consideraba algunos derechos para la “servidumbre”, que poco a poco han ido en aumento. La ley que protege a estas trabajadoras es discriminatoria porque brinda la mitad de los derechos de otros trabajadores: media gratificación, medio mes de vacaciones. Se avala una situación de desigualdad.  Si las trabajadoras del hogar no exigen sus derechos, no los obtienen.

¿Qué subjetividades están involucradas entre quienes elaboran estas normas? Quienes las crean están también inmersos en este sistema, y posiblemente buscan un sistema conveniente…

Es una norma totalmente elaborada por empleadores que buscan su conveniencia. Recuerdo una reunión a la que asistí para discutir si debe o no aprobarse la Convención 189 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Participaban las trabajadoras del hogar sindicalizadas, representantes de diferentes instituciones y empresas, y de organismos públicos. En vez de ser una discusión objetiva sobre derechos laborales, parecía un debate entre dos bandos: ¡trabajadoras del hogar vs. empleadores!

¿De qué modo los estereotipos de género influyen en la poca valoración del trabajo doméstico?

Se considera una ocupación que no requiere ningún tipo de capacitación, por ello está infravalorada. Además, la estructura política e institucional de las organizaciones  donde trabajan las mujeres empleadoras no brinda facilidades para que dejen a sus hijos al cuidado de una institución. Así, se establece un circuito en el cual una mujer le paga a otra para que la reemplace en sus tareas de cuidado. Por otro lado, ni las empleadoras ni las trabajadoras asumen que puede haber hombres al cuidado del hogar. Esto refuerza el hecho de que todavía se considere el trabajo doméstico como exclusivo de las mujeres.

¿Cuáles son tus proyectos y aspiraciones tras la publicación del libro, y cuál consideras que es su principal contribución en el tema de investigación sobre las condiciones laborales de las trabajadoras del hogar?

La idea del libro es que sea una herramienta para las trabajadoras del hogar. He puesto en vitrina cuál es el pensamiento de las empleadoras, y esto es importante porque nunca se había estudiado en el Perú. El cambio más profundo para que haya una modificación justa entre la relación trabajadora-empleadora, es que todas las personas valoremos el trabajo doméstico que puedes hacerlo tú o una trabajadora.

 

EL DATO:

Puedes encontrar el libro en la Biblioteca Central PUCP, y en las librerías Escena Libre (CCPUCP), Communitas, Sur y El Virrey.