Derecho, Universidad
Entrevista

«Una ley no va a resolver el problema de la piratería»

Hace unas semanas se generó una gran protesta mundial contra los proyectos de las leyes SOPA (Stop Online Piracy Act) y PIPA (Protect IP Act), impulsados por la Cámara de Representantes y el Senado estadounidenses, respectivamente, que buscaron combatir el problema de la piratería digital mediante prácticas que ponían en riesgo la libre comunicación y expresión, elementos fundamentales en la construcción de internet. Sobre la piratería digital y la protección de los derechos de autor en la web, conversamos con Óscar Montezuma.

Autor: Luis Yáñez|Fotos: Guadalupe Pardo
Óscar Montezuma

Óscar Montezuma

Abogado especialista en propiedad intelectual y tecnología. Ex miembro de la comisión de derechos de autor del Indecopi.

Luego de que el Congreso de los Estados Unidos suspendiera el debate alrededor de SOPA y PIPA, creímos que la voz de la opinión pública se había hecho escuchar. Sin embargo, ahí no acabó todo…
No, ese fue el comienzo de una gran discusión que consiste en poner en la agenda pública mundial el tema de la regulación de internet, que es el tema de fondo. Es un asunto del que pocas personas hablaban, pero a raíz de este proyecto de ley el tema ha sido explotado y ha cubierto primeras planas de diarios. SOPA y PIPA seguirán siendo discutidos porque no solo cubren el tema de los derechos de autor en internet sino también hay temas de libertad de expresión vinculados, de intromisión a la intimidad, de privacidad. Este tema abre una puerta para una discusión mucho más profunda sobre estos temas que se va a ver traducida en más leyes, más normas, más proyectos de ley, más protestas. Será intenso.

¿De dónde parte esta discusión? ¿Existe un vacío legal en cuanto a la protección de los derechos de autor en internet?
No, no existe un vacío; de hecho, las normas son muy completas y han evolucionado. La regulación tradicional de los derechos de autor señala que cada autor de una obra original tiene derechos patrimoniales (que tienen la duración de la vida del autor más 70 años, luego de los cuales pasan a ser de dominio público) y derechos morales (que son intransferibles, como la paternidad de la creación). Esto se plasmó en el Convenio de Berna en 1886 -ratificado por Perú en el año 1988- y que está reflejado en el D.L. 822, Ley sobre el Derecho de Autor, que se promulgó en 1996 y está vigente.

La regulación tradicional iba acorde con la tecnología de su época…
En los hechos, coincidía muy bien con la realidad porque en esos tiempos era muy complicado hacer una réplica o era de mala calidad. Ahora ya no es así: la copia tiene costo cero, la calidad es casi la misma que la original y la distribución en formato digital se da en todo el mundo. Estos cambios generaron una serie de retos para el modelo tradicional de la industria, y en 1996, los países que forman parte de la Organización Mundial de Propiedad Intelectual (OMPI) firmaron los Tratados de Internet de la OMPI para combatir la piratería digital.

Dos años después, EE.UU. promulgó la Digital Millenium Copyright Act (DMCA), norma que establece un régimen de limitación de responsabilidad para los proveedores de servicios de internet (ISP). Si alguien le notifica sobre un contenido que vulnera el derecho de autor, el ISP debe eliminarlo o de lo contrario, será sancionado civil y penalmente. Esto se refleja cuando uno hace clic a un video en YouTube y le sale el mensaje: “Este video ha sido removido por posible infracción”; ya no lo puedes ver debido a la DMCA.

Los ISP se convirtieron en una especie de aduana, que controla lo que ingresa y sale de la web
Esta norma tuvo sus cuestionamientos porque convertía a los ISP en jueces y policías de la red, pero se limitaba a contenidos específicos (una determinada foto, un video o un texto). En el año 2006, el Perú celebró el TLC con EE.UU e “importó” la DMCA, cuyos principios y acuerdo de ley ya están aprobados pero falta transformarlos en una norma concreta. En febrero del 2009 entró en vigencia el TLC y tuvimos un año para incluir estas disposiciones, pero ya se venció el plazo largamente. Es una de las pocas disposiciones en derechos de autor que el Perú no ha implementado.

El año 2011 aparecieron las famosas SOPA y PIPA, iniciativas que son mucho más estrictas que la DMCA, con sanciones que van desde el cierre de páginas webs, el impedimento al acceso al nombre de dominio e incluso a páginas que están fuera de EE.UU. Estos proyectos hubieran podido cerrar varias páginas pero a la vez, hubieran generado la aparición de otras, como ha venido ocurriendo después del cierre de Napster. Yo estoy en contra de la piratería y estoy de acuerdo con una norma que permita a los usuarios reclamar por sus obras en internet. Pero esto ya es ir muy lejos.

Claro, porque no solamente combate la piratería mediante herramientas agresivas de control, sino que –con la excusa de un mayor control- habría una intromisión a la intimidad de los usuarios, los ISP conocerían cuál es el contenido de la información que uno transmite por internet para determinar si es lícito o no
Lo que ocurre es que por proteger los derechos de autor, se ponen en riesgo otros derechos importantes, como la libertad de expresión. Por ejemplo, en el caso de PIPA hay una disposición que señala que notificada una infracción en un blog o una web, el buscador tiene que retirarlo de su lista. Se olvida este proyecto de que la naturaleza de internet se desarrolla mediante links, que son referencias que te remiten a la página donde se encuentra el archivo. Hay muchos detalles técnicos que no se están tomando en cuenta.

Yo tuve la oportunidad de estar en una de las audiencias de SOPA, en diciembre del año pasado, en Washington, y era evidente que los lobbies de la industria tradicional son muy fuertes y uno puede comprobar que quieren proteger su modelo de negocio y abordar un problema como la piratería a través de leyes, como si una ley fuese a resolver este problema. Ver el tema de la propiedad intelectual solamente a través de la represión es un enfoque que ya hay que dejar de lado. Hay que combatir la piratería y conocer los beneficios de la propiedad intelectual, crear más contenidos locales y analizar las leyes para ver cuán viables son con lo que ocurre en la realidad.

Cuando estamos hablando de propiedad intelectual, ¿estamos hablando de solamente producciones literarias, fonográficas, artísticas o también de ideas?
No, las ideas no están protegidas por la propiedad intelectual y ese es un punto clave en este debate. La norma expresamente lo dice y te lo pongo en un ejemplo concreto: la idea de un “ratón que habla” no está protegida, pero Mickey Mouse sí, porque es la expresión de esa idea en algo concreto. De lo contrario, no hubiesen podido existir ni el Súper Ratón ni Speedy González. La propiedad intelectual se divide en tres: derechos de autor (que se dedica a las obras y expresiones artísticas y creativas del intelecto); las patentes (que se dedican a los invenciones) y las marcas (que protegen los signos distintivos de una empresa en el mercado). Todas tienen lógicas parecidas.

Los defensores de la piratería usan como argumento que los productos originales tienen unos precios inalcanzables, prácticamente inaccesibles
Competir con lo pirata es muy complicado, sobre todo cuando el producto original tiene un precio inflado para generar un margen de ganancia mayor, lo cual es válido para el empresario pero el mercado lo sanciona, no lo consume y recurre al producto pirata. En nuestro país se han planteado interesantes alternativas de venta: hace unos años, para su disco Pop*Porn, Libido empadronó a los piratas que vendían en los semáforos de Lima, quienes se convirtieron en su fuerza de ventas y ganaban una comisión por cada disco original que vendían. Como resultado, consiguieron que el disco esté en todos lados, a un precio bien accesible y fue todo un éxito. Otra iniciativa vino de las disqueras, que colocaron sus discos en supermercados a quince soles.

¿Acaso el usuario final se ha malacostumbrado a pensar que todo lo que hay en internet es gratis?
Mucha gente que ha protestado contra SOPA lo ha hecho porque está bien informada del tema, pero también hubo quienes solo lo hicieron porque les cortaron Cuevana o Megaupload y lo único que quiere es ver películas o descargar canciones gratis. Y ese tampoco es el camino. Sí existe una mala costumbre, pero en el caso peruano no podemos hablar de piratería si no tenemos una oferta legal: Blockbuster quebró, cada vez hay menos discotiendas y por eso Polvos Azules se convirtió en una alternativa. No es una justificación, pero no tenemos conciencia de que estamos consumiendo un producto sin retribuir la inversión que se hizo para su creación. Se trata de conseguir que dos variables conversen: el acceso y la compensación. Muchos de quienes defienden el modelo tradicional abogan únicamente por compensación y con muy poco acceso; la idea es llegar a un equilibrio entre los dos.

El modelo de negocio del entretenimiento ya cambió…
Por ejemplo, iTunes, el primer sistema legal de descarga de música, no nace de la industria fonográfica sino de la industria informática: Apple ve una oportunidad de negocio y les dice: “Acá podemos ganar todos”; aunque al principio se resistían mucho a dar licencias, finalmente la industria cedió y las descargas musicales son un éxito. Los intermediarios tradicionales (las disqueras y los medios de entretenimiento) así como las sociedades de gestión colectiva (Apdayc o Anaie) van a tener que adecuarse a los nuevos patrones de consumo pero eso no invalida la institución del derecho de autor, que es legítima y válida. La piratería siempre va a existir. El tema está en crear nuevos modelos de negocio, pero eso ya no es trabajo de los abogados, sino de los empresarios y los innovadores.

¿Los tratados comerciales conocidos como TPPA (Trans-Pacific Partnership Agreement) y ACTA (Anti-Counterfeiting Trade Agreement) nos afectan?
Los tratados como TPPA o el ACTA se han venido negociando en secreto, con mucha confidencialidad y con la premisa básica de fomentar el comercio entre países y erradicar la piratería y el contrabando. Y tienen siempre un capítulo de derechos de autor. El Perú no está inmerso en el ACTA pero sí en el TPPA; es más, una de las últimas rondas se realizó en Lima en octubre del año pasado. Aún no se conoce cuál será la posición oficial peruana en relación al TPPA, pero parece que vamos a firmarlo.

Lo que sucede es que a la hora de negociar estos acuerdos, estamos apostando mucho por el crecimiento económico y las ventajas comerciales, pero en nuestra balanza del conocimiento (educación, investigación, tecnología, propiedad intelectual) estamos bajos. En estos tratados nos comprometemos a cumplir obligaciones que protegen la propiedad intelectual de la contraparte, que es un gran generador de contenido, y no protegemos nuestra industria porque sencillamente no la tenemos. Al final, terminamos intercambiando espárragos por iPads, porque seguimos importando tecnología pero no la creamos. Si queremos llegar a competir en una sociedad del conocimiento tenemos que invertir en eso y fomentar la innovación y la creatividad local.

El Perfil

Nombre: Óscar Montezuma

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