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"McLuhan nos recuerda que el esfuerzo del académico sigue siendo relevante"

  • Dr. Eduardo Villanueva Mansilla
    Docente del Departamento de Comunicaciones

Marshall McLuhan fue un maestro del aforismo y del concepto. Ejercicios intelectuales muy distintos, el aforismo resume en sí una observación aguda pero sesgada; el concepto define de manera sistemática. La aldea globales un concepto poderoso, entre otras cosas porque sigue provocando debates sobre la realidad del intercambio entre y dentro de culturas cuando predomina lo audiovisual y ahora, lo hipertextual. Confundir este concepto con un aforismo es un error común, y un peligro para nuestras posibilidades de comprender el mundo.

El texto más asequible de McLuhan, El medio es el masaje: un inventario de efectos, posterior a la popularización de los conceptos y los aforismos del autor, buscó poner al autor en manos de los lectores no especialistas; al hacerlo mediante un libro poco convencional, más gráfico que textual, el resultado terminaba siendo la conversión de los conceptos en aforismos, creando un poco más de confusión intelectual.

Esto no disminuye el atractivo del libro; tampoco impide que nos sirvamos de los aforismos para acercarnos a la realidad. Claro está, ?realidad? es ahora algo muy distinto de cuando se escribió ese texto, allá cuando McLuhan nos demostró que el tejido de lo real ya incluía la pantalla del televisor como parte integral de nuestra construcción de la cultura. Aludiendo a los medios, McLuhan proclamó que los entornos en los que vivimos son invisibles, con reglas y estructuras que eluden una fácil percepción: no somos capaces de percibir el entorno en el que vivimos precisamente porque su naturaleza es ser imperceptible; pero es al mismo tiempo obvio que estos entornos definen nuestras posibilidades de acción y nuestra capacidad de creación cultural. Las creaciones artísticas son anti-entornos, que nos obligan a ver lo no evidente, poniendo en realce lo inusual, lo absurdo, lo incoherente.

¿Y cómo interpretamos a los medios? McLuhan los conecta con su tema favorito, la transformación cultural que el paso de lo escrito a lo audiovisual ha creado. Alude a que lo escrito crea al público, una colección de puntos de vista distintos de personas distintas, mientras que los medios masivos crean masa, y que el descubrimiento del siglo XX es cómo suspender el juicio, dejando de pensar y aceptando el mensaje como masa.

Esta reflexión sobre los medios implicaría un refuerzo sustancial a la interpretación, que viene de las izquierdas pero también de los apocalípticos de derecha, que los medios masivos son esencialmente mecanismos integrados e integradores del entorno, que existen porque fortalecen el poder de estos sobre nuestra capacidad reflexiva. A la larga, los medios masivos son ?funcionales al entorno?, y nos volvemos pasivos bajo su presión, imperceptible pero no por ello menos real.

Si hay un debate en los estudios de comunicación social, es precisamente ese: ¿son los medios algo que aplasta y subsume al individuo bajo su poder, o somos capaces de filtrarlos, mediarlos y procesarlos críticamente, incluso sin ser conscientes que lo hacemos? ¿Son los medios lo que nos hace parte del entorno, o en realidad somos nosotros los que nos imponemos sobre el entorno.

Buena parte del pensamiento crítico latinoamericano de las comunicaciones ha optado por acercarse más a la segunda posición que a la primera, incluso cuando se acepta que McLuhan propone algo más complejo que lo que el aforismo parece indicar. El debate continua y se agudiza cuando pensamos en los nuevos medios, el nombre que le damos a todo lo que viene a través de la Internet. Aquí sí podemos encontrar evidencia en una y otra dirección, hasta quedar casi desarmados conceptualmente ante las posibilidades argumentativas que nos ofrece la realidad.

Ciertamente, estas oposiciones son analíticas antes que reales: individualmente no perdemos capacidad crítica, incluso enmarcados en una estructura poderosa. Con los nuevos medios, además, surge la posibilidad de configurar la experiencia comunicacional a medida de cada uno, eludiendo aquello que no nos gusta o que nos parece irrelevante. En esa medida el peso estructurante, como diría Giddens, es mucho mayor, porque lo que podemos hacer, nuestra agencia, queda delimitado, en buena medida, por los medios.

Aceptando además que la densidad del tejido comunicacional ha ido creciendo, pero que cada medio individual ha perdido peso específico, vemos que el entorno es más difícil de percibir. De tres canales de televisión hemos pasado a 200, más lo que hay en YouTube y demás: los hilos son más delgados, pero más abundantes; la estructura, más difícil de percibir. McLuhan nos recuerda que el esfuerzo del académico, identificar entornos para ayudarnos a todos a comprenderlo y cambiarlo, sigue siendo relevante.

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