Psicología y educación, Universidad
Entrevista

“El problema es que no se haga nada por acercar a la gente al museo”

El Dr. Ricard Huerta Ramón llegó a nuestro campus como profesor visitante traído por el Centro de Investigaciones y Servicios Educativos (CISE). Es docente titular del Departamento de Didáctica de la Expresión Musical, Plástica y Corporal de la Universidad de Valencia, donde dirige el Diploma de posgrado "Educación Artística y Gestión de Museos". Con él conversamos sobre lo importante que es para los museos contar con profesionales formados en educación y sobre la ciudad como espacio educativo.

Autor: Diego Grimaldo|Fotos: Amelia Santana
Ricard Huerta

Ricard Huerta

Docente de la Universidad de Valencia

¿Qué debe entenderse por educación en museos?

Cuando se habla de educación en museos se suele pensar en niños, pero se puede aprender siempre. Desde el inicio, cuando se esté montando una exposición, se debería de estar planteando como esta se ubicará a nivel educativo y de qué forma gestionará las cuestiones educativas, cosas que, generalmente, se hacen a posteriori. En España se forman historiadores del arte, pedagogos o gente que hace bellas artes, pero que saben poco de educación y menos aún de educación en museos. La idea es formar profesionales especializados en educación en museos, que planteen, cuando uno esté próximo a presentar su proyecto anual, qué línea educativa seguirá. Y esto no solo para niños, sino para toda la población.

Hay que considerar para quien está dirigida la oferta.

Se tiene una oferta para grupos escolares, se tiene una oferta para grupos de mayores y se tienen ofertas, por ejemplo, en temas de aprendizaje de idiomas. De repente, se cuenta con un especialista en italiano que puede hacer un recorrido en ese idioma y la gente interesada puede tomarlo, y así en alemán o inglés. Estas cuestiones se han de analizar con personal especializado.

Esta es una manera de acercar a la gente a los museos.

El problema no es que la gente no va al museo porque no le interesa su oferta, sino porque no se hace nada por acercarla. En Lima, he tenido la oportunidad de ir al Museo de Arqueología, Antropología e Historia del Perú y al Museo Larco. Ambos son muy atractivos para el público en general y te hablan de una realidad. Lo que no he visto es que estén muy preocupados por el público local, el que está cerca (a sus instalaciones). Si no le ofreces acciones nuevas a las personas que viven alrededor, estas pensarán: ‘¿para qué ir al museo si ya fui una vez?’ Un museo, por ello, tiene que estar pendiente de la gente. Si la buscara atraer a partir de sus problemas, seguro que conectaría con la realidad –para estar cerca de la ciudadanía– y eso es algo que el educador sabe hacer. En cambio, si el museo solo quiere espectáculo, este será, seguramente, solo para el turista. Por otro lado, hace un par de días vi a un abuelo con su nieto en el Museo Arqueológico. Esto es algo que emociona, porque se piensa en un contacto entre generaciones, pero a mí, por ejemplo, no me llevaban mis padres al museo, sino mis profesores.

¿De qué manera se puede pensar en la ciudad como un espacio educativo?

Desde que llegué a Lima varias cuestiones me afectaron como persona, por ejemplo, el cielo gris. La cuestión es preguntarme como profesor ¿qué podría analizar de ello? ¿qué podría acercarme a mi alumnado a partir de esa historia? Esa es una cuestión visual y también cultural. Nunca he visto una ciudad en donde el tráfico es tan caótico, lo cual es un problema que se detecta inmediatamente. Un profesor, que tiene –digamos– alumnos de secundaria, podría reflexionar sobre lo que ocurre. Yo animo al profesorado a observar nuevamente su ciudad. Si estamos todos los días en un lugar al final pensamos que eso es lo que toca, pero es bueno ‘revisitar’, analizar y, a partir de ahí, estructurar un discurso educativo. Se puede pedirle a los alumnos fotografiar los sitios por donde transita diariamente. Un Mc’Donalds es igual aquí y en Valencia, pero hay cosas particulares que vale la pena analizar en una ciudad.

Y ello genera conciencia del entorno.

Exacto. Participas de algo en lo que ya estás inmerso, pero de manera activa, y te puedes dar cuenta de cosas que antes no te habías puesto a reflexionar. Además, te brinda más ciudadanía, porque un ciudadano tiene que ser consciente del entorno en el que se mueve. Si un ciudadano analiza lo que ve y lo que no ve se genera nuevas dudas y preguntas y eso vale la pena considerar. ¿Por qué se cierran con vallas calles que son espacios públicos en Lima? Esto es algo muy agresivo, pero, de repente, –intuyo– viene de una época en la que se vivió el problema de terrorismo, pero eso no lo sabe un niño de 12 años y si no se le explica no es consciente de la carga histórica que tienen ciertas cosas. Es bueno hablar de lo que pasa en Europa, EE.UU. o Asia, pero no hay que dejar de lado lo que ocurre en frente de casa, y allí el papel del profesor es fundamental. De la misma forma en que es el profesor quien lleva al alumnado a los museos, este podría hablar con él sobre su entorno inmediato.

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