05 de diciembre del 2017

El Dr. de la Puente Candamo, premio Southern-Perú 2017

El Dr. José Agustín de la Puente Candamo, destacado docente por varias décadas de nuestra Universidad, recibió el premio Southern-Perú y la medalla José de la Riva Agüero y Osma en reconocimiento a su destacada trayectoria como docente universitario y en el estudio de nuestra historia. Conversamos con él, sobre lo que significó para él, esta distinción.

Cuéntenos sobre su vocación. ¿Cómo así decidió dedicarse a la historia?

Mi vocación por la historia, como lo he contado muchas veces, nació en el seno de la vida familiar, en las sobremesas, escuchando a mis padres contar muchas cosas sobre las tradiciones familiares y sobre nuestros antepasados. También escuchando a mi abuela materna, Teresa Álvarez Calderón de Candamo, nacida en 1850, y en cuya casa conocí muchísimos relatos y anécdotas sobre el Perú del siglo XIX. Estudié la secundaria en el colegio de la Recoleta y, como yo vivía en Magdalena Vieja, iba a almorzar todos los días a la casa de mi abuela en Lima, en la Av. Wilson.

¿Quiénes fueron sus maestros? ¿Y sus grandes referentes?

Si bien no fue profesor mío, considero a José de la Riva Agüero y Osma como uno de mis principales maestros. Lo traté con mucha frecuencia en los últimos años de su vida, cuando iba con varios de mis compañeros de la universidad a visitarlo a su habitación en el Hotel Bolívar, donde teníamos unas muy interesantes tertulias, en las que nos invitaba chocolate caliente. En esas tertulias me impresionaba el gran conocimiento que tenía de la historia peruana y su preocupación por el futuro del país. En mi vida académica, mi maestro directo fue el P. Rubén Vargas Ugarte, quien fue mi profesor en la universidad y mi asesor de tesis. Él fue quien me invitó a enseñar un curso de Historia del Perú en la universidad, en abril de 1947, y gracias a él descubrí mi vocación docente. Fueron también fundamentales sus enseñanzas en cuestiones metodológicas, que me fueron muy útiles en mis tareas de investigación. Otro gran maestro que tuve fue Víctor Andrés Belaunde, a quien acompañé en 1947 en la fundación del Instituto Riva Agüero, y con quien trabajé allí casi veinte años, hasta su fallecimiento en 1966.

¿Cómo se da su vinculación con la PUCP?

Mis padres conocían al P. Jorge Dintilhac desde los tiempos de la fundación de la universidad, y yo mismo fui alumno suyo en el colegio de la Recoleta. El P. Jorge me enseñó dos cursos: Inglés y Economía Política. Además, siendo yo alumno del colegio solía ir con mis compañeros a algunas ceremonias de la universidad. Por ejemplo, recuerdo una en la que fueron premiados como alumnos sobresalientes quienes luego serían dos ilustres historiadores: Guillermo Lohmann Villena y Ella Dunbar Temple. De modo que mi vinculación con la PUCP se dio por mis padres y por mi condición de alumno en el colegio de la Recoleta.

¿Cuáles son sus mayores recuerdos como docente de la PUCP?

Es una pregunta muy difícil de contestar. En 68 años de docencia han sido numerosísimos los alumnos que he tenido. Quizá los recuerdos más gratos estén asociados a los momentos en los que algún alumno discernía su vocación por el estudio de la Historia a partir de mis clases.

¿Por qué es importante enseñar y, también, conocer la historia?

He dicho muchas veces que, al igual que una persona sin memoria está desubicada, del mismo modo una comunidad que no conoce ni valora su pasado puede no acertar el rumbo. En mi labor docente, he procurado siempre que se entienda la historia del Perú como parte integrante de nuestro propio presente. He procurado que el estudio del pasado implique comprender los procesos históricos, y no convertir al historiador en juez. He procurado también inculcar en los alumnos el amor por el Perú, a pesar de todo.

¿Qué representa para usted esta distinción?

Quiero entender esta distinción como un homenaje a la enseñanza de la historia del Perú, y a la importancia que esa labor tiene. Me es especialmente grato recibirla, ya que la medalla que el premio trae consigo lleva el nombre de una de las personas que más he admirado: José de la Riva Agüero y Osma. Fue para mí un privilegio conocerlo y tratarlo, y aprendí mucho de él, sobre todo de su amor por el Perú.

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Instituto Riva-Agüero

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