Opinión

Una nueva expresión de la intolerancia autoritaria en el Perú

Agustín Espinosa

Agustín Espinosa

Docente del Departamento de Psicología

La crisis económica, política y social que viene atravesando Venezuela en los últimos años ha producido un éxodo de ciudadanos venezolanos que buscan, en otros países de la región, mejores condiciones de vida. Aunque no hay claridad en los datos, se estima que más de 350,000 venezolanos han llegado al Perú en este proceso migratorio. Esta coyuntura, para la sociedad peruana, comprende una situación novedosa, porque en materia de migraciones internacionales el Perú había sido tradicionalmente un país de emigrantes y no uno de acogida.

Uno de los problemas que se ha desencadenado a partir de la presencia, cada vez mayor, de venezolanos es el surgimiento de discursos hostiles de naturaleza xenófoba que culpabilizan a estos de un empeoramiento de los servicios básicos, la precarización de las condiciones laborales y el incremento de la inseguridad ciudadana en el país. Así, los venezolanos se han convertido en chivos expiatorios de aquello que no funciona adecuadamente en nuestra sociedad.

Estos discursos reflejan creencias y actitudes prejuiciosas, que se basan mayoritariamente en falacias y son caldo de cultivo de eventuales comportamientos discriminadores de naturaleza violenta. Esto es particularmente preocupante, pues a las condiciones de vulnerabilidad en las que se encuentran sumidos los migrantes se añaden otros riesgos que atentarían contra su bienestar e integridad.

La construcción de este tipo de narrativas, y su expresión en las interacciones cotidianas, está anclada en una representación de los venezolanos como amenazantes, lo cual tiene su origen en el conservadurismo autoritario que caracteriza a algunos sectores de la sociedad peruana y que, a su vez, se decanta en mayores niveles de autoritarismo. Así, ese conservadurismo será causa y consecuencia de estas narrativas y las acciones que se desprendan de las mismas.

El conservadurismo autoritario es uno de los fundamentos de las innumerables expresiones de intolerancia a las que atendemos en la sociedad peruana. Así, al sexismo, la homofobia y algunas expresiones de prejuicio étnico-racial, se suma la xenofobia como resultante de este marco ideológico.

Sin duda, la recepción de un flujo migratorio de grandes dimensiones supone un problema en una sociedad que no cuenta con las condiciones sociales y materiales para atender adecuadamente esa coyuntura. Sin embargo, en materia actitudinal, poco aporta el rechazo y la falta de empatía a la solución del problema, que, dicho sea de paso, es en gran medida producido por la mente de los peruanos.

Para revertir esta situación, se necesitarían cambios estructurales importantes en la sociedad peruana. Así, una socialización que promueva el respeto a las diferencias, y que enfatice en la solidaridad y empatía en un sentido amplio, ayudaría a resolver el problema derivado de la visión negativa que se tiene sobre los migrantes. Esto, a su vez, permitiría enfocarnos en todo lo bueno que traen, como su amabilidad, su emprendimiento, su cultura, etcétera; y nos permitiría enriquecernos como sociedad al ver que quizás el problema era, en realidad, una oportunidad de ser mejores ciudadanos.