Opinión

Un semestre que nos invita a caminar juntos

P. Juan Bytton, SJ

P. Juan Bytton, SJ

Director del CAPU

Empezamos este nuevo semestre y, desde los diferentes espacios que forman la PUCP, retomamos el camino para seguir construyendo país a través del conocimiento y la implicancia social. Justamente un país que necesita repensarse y rehacerse para partir de la honestidad, el respeto y la promoción de la dignidad humana, en especial de los más desfavorecidos.

Las dimensiones espiritual y eclesial no son ajenas a este proceso. En la segunda parte del año se están preparando las celebraciones de dos acontecimientos que hablan del presente, del pasado y del futuro. El primero es el 50 aniversario de la II asamblea del episcopado latinoamericano en Medellín, Colombia. Allí, la Iglesia latinoamericana renace mirando la realidad agobiante de la región, y saliendo al encuentro de ella para acompañar a sanar procesos y promover cambios. Todo ello a la luz de la recepción del Concilio Vaticano II. Antes de Medellín, América Latina era, para la Iglesia universal, una periferia. “De casi el fin del mundo” llega hoy un papa, que nos permite volver a mirar y seguir el ejemplo de los orígenes de la fe cristiana. Escuchar las voces de las periferias que hoy, como ayer, nos enseñan el camino para volver a la esencia del cristianismo saliendo al encuentro del prójimo. Volver a las actitudes básicas de convivencia (honestidad, solidaridad y promoción humana) para erradicar las “estructuras endógenas” del mal: la corrupción, la discriminación y la indiferencia.

En la PUCP también celebramos este impulso renovador con la realización del seminario internacional “De Medellín a Francisco: trayectoria y desafíos de una Iglesia en salida” el 6 y 7 de septiembre. Para ello, se irán publicando notas y artículos que enriquecerán nuestro saber y compromiso.

El segundo evento será el Sínodo de Obispos sobre los jóvenes, que se llevará a cabo en Roma en octubre. La palabra Sínodo viene del griego σúνοδος = “caminar juntos”. El papa Francisco dirigiéndose a los obispos reunidos en Roma en el 50 aniversario de este espacio decía: “El mundo en el que vivimos, y que estamos llamados a amar y servir también en sus contradicciones, exige de la Iglesia el fortalecimiento de las sinergias en todos los ámbitos de su misión. Precisamente, el camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio”.

El próximo Sínodo sobre la juventud vuelve a colocar a la Iglesia en la ruta del Concilio Vaticano II, y pone ante todo la dignidad de la persona humana como máxima creación de Dios. Una dignidad que es degradada cuando no se reconoce en la condición vocacional más honda de su ser, y se le trata como una no-persona funcional y utilitaria. El tema de la vocación va a la raíz de todo, modo auténtico para encontrar aquella felicidad en el amor, la paz y la justicia, que son siempre jóvenes. A este Sínodo hemos sido convocados como auditor para participar en los debates y en las propuestas para una renovación pastoral en el trabajo con jóvenes, en el marco de la renovación eclesial impulsada por el papa de una “Iglesia en salida”.

Son tiempos de consolidar procesos y a la vez seguir abriendo nuevos caminos, orientados por la sensibilidad hacia los problemas que dañan el tejido moral y humano de nuestro país y la esperanza a la que no se nos está permitido renunciar, pues, como dice San Pablo, “quien ara, en esperanza debe arar” (1 Corintios 9,10). Caminar juntos es agradecer la diversidad, promover el respeto y seguir construyendo espacios de formación, reflexión e investigación que repercutan en el cambio de estructuras sociales capaces de sostener el desarrollo humano integral y la protección de nuestra casa común.