Opinión

Tecnología para el aprendizaje

María Gracia Ríos

María Gracia Ríos

Coordinadora académica del Área de Formación Docente - IDU

En los años en que fui estudiante de esta Universidad, era inusual ver alumnos tomando apuntes en sus computadoras. Creo que ningún profesor se hubiera imaginado que, en diez años, no solo eso iba a cambiar, sino que otros “actores”, como el smartphone, se iban a incorporar a este proceso. Probablemente, muchos docentes consideren que el hecho de que los estudiantes lleven su computadora a clases o revisen su celular en medio de la sesión es sinónimo de distracción –y puede que no les falte razón–, pero lo cierto es que no podemos darle la espalda a esta realidad. Por el contrario, deberíamos buscar la forma de que las tecnologías sean herramientas útiles al servicio del aprendizaje. Y con esto no quiero decir que las tecnologías sirvan para cerrar brechas generacionales o para que el docente se adecúe a un mundo cada vez más “globalizado” e “innovador”, sino que el uso adecuado de las mismas puede traer consigo enormes beneficios para el proceso de enseñanza-aprendizaje.

Me reincorporé a la PUCP después de siete años de hacer un posgrado en el extranjero. Durante esos años, mi interés por la docencia universitaria –y, sobre todo, por el uso pedagógico de las tecnologías–se hizo cada vez más evidente. Reconozco que este interés particular nació como una necesidad ante un estudiantado con el que había una distancia generacional y cultural. Sin embargo, con el tiempo, descubrí que la tecnología o, mejor dicho, el buen uso de la tecnología puede ser un aliado estratégico cuando hablamos de trabajo colaborativo, difusión de contenidos e interdisciplinariedad, tres elementos claves en la docencia universitaria. En esta línea, la PUCP me recibió con una grata sorpresa: la forma en que los profesores de esta Universidad se han adaptado a esta revolución digital responde a estos criterios.

El pasado 19 de abril se llevó a cabo el II Encuentro de Experiencias en el Uso de Recursos Tecnológicos en el Aula Universitaria, organizado por el Instituto de Docencia Universitaria. En un espacio de dos horas, hubo seis estaciones de experiencias con docentes de diversas disciplinas, mesas de diálogo con docentes que utilizan los recursos de VEO 3D y con aquellos que han sido acreedores de fondos o premios de innovación en la docencia, así como estaciones de VEO para que los docentes puedan conocer de primera mano sus recursos. Lo que se vio fue un buen número de profesores a los que los unía un fin en particular: ser mejores en lo que hacen. Sin importar la herramienta que utilizaran –ya sea aplicaciones de Google para el trabajo colaborativo, un foro de Paideia para generar debate o la impresora 3D para que los alumnos diseñen prototipos en disciplinas tan variadas como arquitectura, ingeniería o publicidad–, los docentes que participaron habían concebido el uso de estas herramientas para favorecer el aprendizaje. Al finalizar el encuentro, los profesores no solo pudieron ver lo que se hace desde otras disciplinas, sino que intercambiaron contactos y tendieron puentes entre ellos. La conclusión no puede ser otra: si la tecnología se usa pensando en los estudiantes y no simplemente como fin en sí mismo, los resultados pueden ser asombrosos. Al fin y al cabo no hay tecnología que pueda reemplazar ese aspecto más humano de la docencia: ese vínculo que se genera entre profesores y alumnos entre las cuatro paredes de un salón de clases.