Opinión

Pobre para los pobres, un libro del cardenal Müller con el aporte de Gustavo Gutiérrez y prólogo del papa Francisco

Alberto Ferrand

Alberto Ferrand

Docente del Departamento de Derecho

El cardenal Rodríguez Maradiaga, define el libro como una verdadera sinfonía con diversos solistas de grande solidez teológica y humana.

Una de las expresiones del espíritu de renovación que se respira en la Iglesia Católica ha sido la publicación del libro “Pobre para los pobres. La misión de la Iglesia.”, prologado por el papa Francisco, escrito por el cardenal Gerhard Müller con contribuciones del sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez, “padre” de la Teología de la Liberación y de Joseph Sayer, presentado la última semana de febrero con comentarios del cardenal Óscar Rodríguez Maradiaga, Arzobispo de Tegucigalpa, así como del propio Gutiérrez. El hecho implica la entrada definitiva de dicha teología en la normalidad de la vida de la Iglesia.

Ambos cardenales son doctores honoris causa de la PUCP y Gustavo Gutiérrez es profesor emérito del Departamento Académico de Teología de nuestra Universidad. A los tres une una antigua amistad vinculada a la Pontificia Universidad Católica del Perú, así como su conocimiento de la difícil vida en las periferias metropolitanas y en los pueblos andinos.

Rodríguez Maradiaga, define el libro como una verdadera sinfonía con diversos solistas de grande solidez teológica y humana. Primero Francisco, que en el prólogo nos explica que cuando el poder económico produce tesoros escondidos para los demás, produce inequidad y pierde su valor positivo original. Es un hurto que los bienes sean usados para solidarizarse solo con el círculo íntimo o para recibir solo para sí. Hay una unidad preciosa y originaria entre ganancia y solidaridad y cuanto más el mundo contemporáneo descubra esta verdad se resolverán también tantos problemas económicos existentes, dice Francisco. La conciencia de la pobreza original del hombre como ser limitado puede ser vivida en el compartir libremente. Esta es, dice el papa Francisco, la positiva luz por la que el Evangelio nos invita a ver la pobreza, como base de la dicha de los “pobres de espíritu”.

Gutiérrez, por su parte, releyendo la parábola del buen samaritano señaló que prójimo es aquel a quien nos “aprojimamos” para prestarle socorro en su necesidad. El samaritano no sabe quién es ni cómo es el hombre herido en el camino. Gutiérrez, al igual que Sayer, insistió que el pobre es el preferido de Dios no porque sea bueno o mejor que otros, sino porque Dios es bueno y porque el pobre es pobre. Dios da gratuitamente su amor sobre todo a quien es negada una vida digna. En esto, esta teología está fundamentalmente centrada en el Dios de Jesús.

En el libro, Müller explica que la obra trata sobre la pobreza económica, social y moral. La verdadera teología de la liberación, dice Müller, es opuesta al marxismo así como al actual liberalismo económico e incide en la “conversión” que nos lleva a reconocernos hermanos. Estas palabras traen a la memoria las que Müller pronunció en la PUCP en noviembre de 2008: “…no han sido las aparentemente todopoderosas fuerzas del mercado, sino la mera codicia de hombres concretos, las que han provocado la actual crisis financiera mundial, cuyas consecuencias tienen que pagar una vez más los pobres y los más pobres de los pobres, con su vida, su salud, con su muerte prematura”.

Padre Gutiérrez y monseñor Gerhard Ludwig Müller, quien viste un poncho peruano

Padre Gutiérrez y monseñor Gerhard Ludwig Müller, quien viste un poncho peruano

Monseñor Salvador Piñeiro, presidente de la Conferencia Episcopal Peruana.

Monseñor Salvador Piñeiro, presidente de la Conferencia Episcopal Peruana.