Opinión

La renovada batalla por la memoria

Alexandra Hibbett

Alexandra Hibbett

Docente del Departamento de Humanidades

El mes pasado, el congresista Donayre acusó —de manera absolutamente injustificada y con total cinismo— al Lugar de la Memoria, Tolerancia e Inclusión Social (LUM) de cometer “apología al terrorismo”. Este hecho no es aislado, sino que forma parte de una renovada ofensiva de parte de un sector de la política peruana (como el fujimorismo y figuras vinculadas a las Fuerzas del Orden) en contra de diversas manifestaciones de memoria cultural, que han incluido la obra de teatro La cautiva, las tablas pintadas de la comunidad de Sarhua, el museo de la asociación de víctimas ANFASEP, y el trabajo de una estudiante de fotografía, Daniela Chacón. La situación muestra que la recientemente ampliada ley contra la “apología al terrorismo” es una herramienta para amedrentar voces que incomodan a dicho sector, más que para combatir grupos afines a Sendero Luminoso. Su intención es reprimir la reflexión y el diálogo sobre nuestro pasado reciente y ocultar la verdad acerca del rol que en él tuvo el Estado, que lamentablemente no fue solo uno de pacificación, sino también, como es sabido, de muchas violaciones de derechos humanos.

Es motivo de muchísima preocupación la debilidad de nuestra institucionalidad democrática que este caso visibiliza. La denuncia al LUM ha resultado —sin presentar ninguna prueba válida— en la injusta sanción a una trabajadora, en el despido de su directora interina, en la formación de una comisión en el Congreso llamada, eufemísticamente, “Grupo de trabajo de apoyo al Lugar de la Memoria”, y en la promesa de la ministra de Cultura de “revisar” los lineamientos de dicha institución. En el Perú posindulto, lo que está en juego es la legitimidad y permanencia de un proceso aún muy incompleto de democratización y justicia que se ha llevado a cabo luego de la caída de Alberto Fujimori para no solo ‘sanar heridas’, sino construir una comunidad donde la violencia, la exclusión y la desigualdad sean realmente cosas del pasado.

Lo que toca ante tal escenario es organizarnos contra el miedo y trabajar nuevas formas para llevar a cabo la batalla por la memoria histórica frente a estos renovados intentos de negación y olvido. Debemos revisar las estrategias utilizadas hasta ahora e idear nuevas para convocar a los que no están convencidos de la necesidad de la memoria histórica; a los que han aceptado el discurso celebratorio de la actuación del Estado y de las Fuerzas del Orden durante dicho periodo. Por esto, es motivo de esperanza ver que, entre los muchos comunicados que han salido para denunciar el ataque al LUM y conminar a la ministra de Cultura y al presidente de la República a defender su institución, se encuentra uno de artistas y trabajadores de la cultura. En esta coyuntura, el trabajo del arte y de la cultura va a ser crucial. El pronunciamiento circula en redes y se puede visualizar en el Facebook del Museo Itinerante Arte por la Memoria (Facebook.com/artepor.lamemoria); hasta ahora cuenta con 344 firmas, y sigue abierto a recibir más.

 

Mira el pronunciamiento de los trabajadores y las trabajadoras de las artes y la cultura respecto a los ataques contra el LUM y la memoria