06 de marzo del 2017

La política exterior peruana frente a la potencia mundial en tiempos de Donald Trump

Óscar Vidarte

Profesor del Departamento de Ciencias Sociales

A pesar de que, durante la campaña electoral estadounidense, Kuczynski cuestionó duramente al entonces candidato Donald Trump –algo que podría haber dificultado un acercamiento de ese país con el Perú–, nuestra diplomacia logró concretar una visita oficial a EE.UU. –la primera de un mandatario latinoamericano–, en donde se tocaron los principales puntos de la agenda bilateral.

Como lo hizo también en su visita a China, el año pasado, el gobierno peruano no fue a pedir cooperación ni ayuda, más bien se mostró muy abierto a conversar sobre diversos temas

Más allá del comentario del presidente Kuczynski en un discurso dado en la Universidad de Princeton, acerca de cómo él concibe la relación entre Estados Unidos y América Latina –el cual ha generado la crítica del presidente venezolano Nicolás Maduro–, su reciente visita a la Casa Blanca ha reflejado una política exterior peruana inteligente, pero cauta al mismo tiempo, frente a lo que significa consolidar un vínculo que el Perú ha construido en las últimas décadas con un país de gran importancia para nuestros intereses, pero que, actualmente, cuenta con un gobierno impredecible y bastante duro con algunos temas que inquietan a la región.

A pesar de que, durante la campaña electoral estadounidense, Kuczynski cuestionó duramente al entonces candidato Donald Trump –algo que podría haber dificultado un acercamiento de ese país con el Perú– nuestra diplomacia logró concretar una visita oficial –la primera de un mandatario de un país latinoamericano–, en donde se tocaron los principales puntos de la agenda bilateral. Si bien no se lograron grandes compromisos, se evitó un tema que viene causando preocupación debido a la reacción inesperada y poco diplomática que puede tener alguien como Donald Trump.

De todas formas, una muestra de los problemas que puede causar Trump es el hecho que uno de los pocos comentarios que realizó de la reunión que sostuvo con el presidente peruano fue que nuestro país iba a comprar mucho equipo militar estadounidense –se refirió específicamente a vehículos militares–, lo que ha sido desmentido tanto por el presidente Kuczynski, en una conferencia de prensa luego de la cita con Trump, como por el canciller Ricardo Luna, e hicieron énfasis en que la prioridad del gobierno es el tema social y no lo militar. No obstante, este intercambio de palabras genera suspicacias frente a la existencia de un interés en nuestras fuerzas armadas por reemplazar antiguos blindados.

Como lo hizo también en su visita a China el año pasado, el gobierno peruano no fue a pedir cooperación ni ayuda, más bien se mostró muy abierto a conversar sobre diversos temas –siempre tratando de defender nuestros intereses como lo hizo cuando se refirió a los migrantes peruanos–, incluso se habría planteado el plazo de un año para conversar sobre las alternativas que se pueden desarrollar frente al fracaso del TPP (y, probablemente, con relación al acuerdo de libre comercio como el que tiene Perú con Estados Unidos). La Cumbre de las Américas a realizarse en Lima (2018), reunión que nace a inicios de la década de los noventa para tratar temas básicamente económicos, debería ser el escenario propicio para llegar a acuerdos respecto a estos temas. Para el Perú, la asistencia del presidente de los Estados Unidos a este evento internacional resulta fundamental, ya que su ausencia reduciría la importancia a esta cita y, por ende, restaría méritos al país organizador.

Por otro lado, respecto al ámbito regional, aunque ha sido muy crítico con el gobierno venezolano, Kuczynski ha tratado de mostrarse cauto frente a la problemática del país caribeño en su reunión con Trump. Si bien resulta fundamental ser un aliado de Estados Unidos, tampoco buscamos ser su principal operador en Sudamérica. Lo mismo puede decirse respecto a la posición de Kuczynski sobre el muro que Trump quiere construir en su frontera con México, pues pasó de un discurso muy crítico hace algunos meses a uno más conciliador en su reciente visita, aunque sin cambiar de posición.

América Latina no ha sido una prioridad para los Estados Unidos en los últimos gobiernos y, considerando lo que sucede en el mundo y la agenda internacional del actual gobierno estadounidense, tampoco lo será los próximos cuatro años. Por eso, tratar de mantener la relación, sin que esta se vea enturbiada, parece ser lo más importante. Así, el Perú intenta desarrollar buenas relaciones con sus principales socios, como lo son China y Estados Unidos, por lo menos hasta donde sea posible. Enfrentarnos no es una opción –menos con un gobierno encabezado por Trump, sino pregunten a los mexicanos–, pero tampoco queremos ser un perrito simpático que no genera problemas ¿o sí?.

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