Opinión

Francisco, el relativismo y la ecología

Pablo Quintanilla

Pablo Quintanilla

Decano de EEGG Letras

El relativismo práctico señalado por Francisco no es otra cosa que el egoísmo en su forma más extrema, donde el valor de las personas, las cosas y las situaciones se mide por su capacidad para generarnos beneficios
Hay, en Francisco, una crítica a la sociedad mercantilista y consumista contemporánea, un sistema que puede generar un envilecimiento del ser humano y una inversión de valores

La llegada al Perú del papa Francisco es una ocasión para conocer algo más sobre su pensamiento. En junio de 2015, publicó su segunda encíclica titulada Laudato Sì, una expresión italiana medieval que podría traducirse al castellano como “alabado seas”. Se trata de una carta importante, sugerente e inusual, pues, aunque versa sobre temas ecológicos, extrae consecuencias que van largamente más allá de ellos.

En esa encíclica, Francisco resignifica radicalmente el concepto de “relativismo”, que popularmente es entendido como la tesis según la cual cualquier punto de vista es tan válido como cualquier otro. Sin duda toda posición es tan respetable y digna como cualquier otra, pero sería contradictorio sostener que ninguna tesis está mejor justificada que otras, porque entonces habría que asumir que esta misma posición es tan válida como su opuesta, es decir, como aquella que sostiene que hay una posición última y definitiva, y que las demás tienen menos dignidad o derecho a ser expresadas. Ese tipo de relativismo, por tanto, no es una posición filosóficamente interesante sino una forma de confusión, pues al rechazar la validez de la argumentación no se distingue de cualquier otra forma de imposición.

Por eso, Francisco no le concede importancia en la Encíclica y prefiere concentrarse en lo que él llama “relativismo práctico”, al que ya se refiere en Evangelii gaudium, y que considera es característico de nuestra época y más peligroso que el “relativismo doctrinal”. El relativismo práctico señalado por Francisco no es otra cosa que el egoísmo en su forma más extrema, donde el valor de las personas, las cosas y las situaciones se mide por su capacidad para generarnos beneficios. Esto es lo que ha convertido a la naturaleza, nuestra casa común, en un instrumento al servicio del mercado, del consumo, y de las falsas y efímeras necesidades. En otras palabras, el relativismo práctico ha invertido el orden de la valoración y ha convertido a todas las cosas en importantes solo si están al servicio de la banalidad del interés inmediato.

Hay en Francisco, por tanto, una crítica a la sociedad mercantilista y consumista contemporánea, un sistema que puede generar un envilecimiento del ser humano y una inversión de valores. En este, lo trivial y accesorio se torna central en nuestras vidas y lo que debiera ser importante pasa a un segundo plano o desaparece de la escena.

Una de las tesis de la Encíclica es, por tanto, que no se puede resolver el problema ecológico sin resolver también el problema social, lo que ha generado el cuestionamiento de que el texto de Francisco es bienintencionado pero ingenuo e iluso. ¿Es eso cierto? Si lo es, entonces no tenemos salida, así que tenemos que hacer lo posible porque no lo sea.