Opinión

El Mes de la Tierra

Javier Salazar Carbajal

Javier Salazar Carbajal

Coordinador de Gestión Ambiental de la Dirección de Administración y Finanzas

Cuando pensamos en el grado de deterioro de nuestra Madre Tierra,  suponemos que solo los organismos internacionales, los gobiernos y las grandes corporaciones e instituciones podrán revertir significativamente esta situación.

Si bien es cierto que por no implementar políticas, legislaciones o incluso teniéndolas, el ambiente seguirá siendo objeto de deterioro si no se realizan acciones concretas;  por decirlo de alguna manera, una gran parte del problema nace simplemente de nuestros hábitos, pues no olvidemos que precisamente los malos hábitos son los que suman a la gran bola de destrucción; por lo que, por simple lógica, las buenas acciones generan el efecto contrario.

Pero el problema radica en que el reto más difícil está en poder superarnos a nosotros mismos, nuestras costumbres, hábitos, gustos y preferencias, sobre todo si está de por medio nuestra comodidad.

Por ejemplo, si solo la mitad de las personas asumiera el compromiso de trasladarse en vehículo propio solo algunos días de la semana (supongamos tres de cada cinco), el impacto causado por esta actividad específica disminuiría en 20%. Para imaginarnos el gran impacto de esta buena práctica, tomemos en cuenta que, que de acuerdo con el reciente cálculo de la huella de carbono del cmpus de la PUCP, el transporte en vehículo particular representa casi el 50% de la huella total.

En nuestro campus, según el último estudio de caracterización de residuos sólidos -realizado por la Coordinación de Gestión Ambiental de la DAF-, podemos sostener que con el simple hecho de disminuir la mitad de nuestro consumo de bolsas, botellas, platos descartables y otros “reciclables” se puede llegar a reducir la generación de nuestros residuos en casi 7%.

Otro ejemplo muy curioso es que si miramos los jardines que nos rodean vemos que somos amantes de las grandes alfombras de césped tipo americano, lo cual nos obliga a consumir grandes cantidades de agua para regarlos. Si es que decidiéramos convertir la cuarta parte de estas áreas en espacios con plantas de tipo desértico, podríamos disminuir el consumo de agua en 20% aproximadamente.

También por la línea de la jardinería, por lo general, tenemos la obsesión de limpiar los jardines retirando la hojarasca y otros elementos naturales que caen sobre ellos, pero cuánto aliviaríamos al reincorporarlos como sucede en la naturaleza. No tendríamos que eliminar estos residuos que finalmente suelen ser trasladados por terceros, que consumen recursos y generan emisiones que se podrían evitar.

Finalmente, hay buenas acciones individuales que, sumadas, podrían contribuir significativamente a disminuir nuestro impacto sobre nuestra generosa Madre Tierra. La pregunta es ¿procedemos o esperamos alguna disposición para hacerlo? y si esta se da, ¿la aceptaríamos sin protestar con la incomodidad que podría traernos o afectaría nuestro buen gusto?

Reflexionemos sobre el poder que tenemos al ser las partes del todo.