23 de noviembre del 2012

El machismo no indigna

Elizabeth Vallejo

Docente del Departamento Académico de Ciencias Sociales y coordinadora del Observatorio Paremos el Acoso Sexual Callejero

Siempre que leo artículos que hablan del racismo como “herencia colonial”, no puedo dejar de pensar en el machismo como la otra herencia, un sistema de discriminación y violencia que toma nuevas formas. Sin embargo no recibe el mismo rechazo frontal que genera el racismo, pese a que muchas veces interactúa con él y lo refuerza.

El machismo no recibe la misma condena que el racismo. La prensa, las redes sociales y los líderes de opinión en general, no solo pasan por alto formas de machismo más que evidentes, sino que las reproducen abiertamente. Cada vez que entrevistan a lideresas, políticas, actrices o denunciantes de algún tema en particular, respetables conductores de radio y televisión suelen desviar la atención hacia lo “guapa que se ven hoy”, cambian la voz y hacen un comentario coqueto en medio de un tema serio o les piden que se den “una vueltecita para el público”. Queda así banalizado el testimonio, discurso u opinión de la entrevistada. El mismo agente formador de opinión pública crea un doble estándar en la forma de evaluar el desempeño de hombres y mujeres; pero claro, esto no es considerado machismo.

La televisión solo parece reconocer como machismo el golpe y el asesinato. El resto es exageración o susceptibilidad. Con el machismo hay otros criterios para la prensa y los líderes de opinión. Debido a esta incomprensión (o nulas ganas de comprender), sus campañas contra el machismo resultan contradictorias y huecas. Así, luego de un reportaje en contra del feminicidio, dan paso al bloque “la chica de la semana”, en que se refuerza la imagen de mujer-objeto para el consumo masculino. Se combate el feminicidio con una mano, pero con la otra alimenta a su médula: el machismo, ese esquema en que las mujeres son desvalorizadas, estereotipadas, disminuidas y en que la agresión masculina es justificada, por ejemplo, dependiendo de cómo se viste o su conducta sexual.

Y no es el único caso. Solo este año, he podido contar al menos tres “reportajes” que fomentaban el acoso sexual callejero:

1) En abril el programa al Sexto Día (Panamericana Televisión) emitió “El arte de la seducción a la peruana”, un reportaje donde se usaba de “carnada” a dos mujeres con pequeñas prendas, para luego, micrófono en mano, motivar una competencia al “piropo” más “ingenioso”.

2) El 15 de setiembre el noticiario 90 segundos (Frecuencia Latina) emitió el reportaje “Los piropos de los peruanos”, con la misma mecánica del anterior. La reportera, además, se burlaba de aquellos comentarios que considera demasiado ligeros. Este reportaje fue denunciado por nosotros, miembros de Paremos el acoso callejero frente a la Sociedad Nacional de Radio y Televisión y logramos que Frecuencia Latina rectificara públicamente y preparara otro reportaje sobre el acoso callejero como problema. No quedamos del todo satisfechos, pero nos quedó la sensación alentadora de que protestar frente a estos programas funciona, que los ciudadanos tienen más poder del que creen sobre los medios si toman las acciones correctas.

3) El 18 de noviembre, a raíz de los 50 años de la minifalda, el programa El Dominical (Panamericana Televisión) presentó a una mujer con una prenda transparente. Nuevamente, el reportero se acercaba a los hombres para motivar su opinión sobre el cuerpo de esta mujer. En una escena, un par de hombres graban el trasero de la mujer con sus teléfonos, una buena oportunidad para la denuncia de acoso callejero, que en el reportaje pasa a ser una anécdota más.

Más allá de nuestras denuncias solitarias, estos “reportajes” no han sido un gran escándalo en las redes sociales, donde todo suele denunciarse y todos son juzgados con severidad. El machismo, de hecho, no parece estar del todo mal (repito, a menos que se golpee o mate a alguien) y por ello la gente no tiene reparos en calificarse como machista, como no sucede con el racismo. Recuerdo a más de un amigo decir “sí, soy un poco machista” con cierto nivel de orgullo. El machismo no indigna y mientras no lo haga, la televisión no será quejada por estos contenidos.

De otro lado, el día en que la TV logre ser sensible a estos temas, la opinión pública tal vez incrementará su rechazo al machismo cotidiano, a ese que se camufla en el supuesto “piropo callejero” o en el chiste del conductor de programas deportivos. Pero entonces, ¿estamos atrapados en un círculo vicioso?

La TV sigue siendo un referente informativo importante para la población y por ello no podemos tirar la toalla con ella. Tenemos que presionarla y denunciar sus contenidos y dejar el discurso conformista de “si no te gusta, cambia el canal”. Reformulémoslo por “Si no te gusta, usa los mecanismos de queja existentes”. Debemos recordar que esa televisión es también nuestra, no solo de un grupo de directivos machistas que usa a las mujeres de carnada para incrementar su rating, o de la reportera que afirma que el piropo es una costumbre que no se debe perder. También es de quienes nos sentimos indignados por estos contenidos y esa indignación debe pasar a la acción.

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