Opinión

El dogma: enemigo de la competencia lectora

Lucero Cuba

Lucero Cuba

Coordinadora de Evaluación de Competencias en Colegios del Centro de Medición, Evaluación y Certificación de la PUCP

"Sin posición crítica, sin escudriñar cada argumento en su sentido y su validez -lo cual es necesario siempre y mucho más cuando hablamos de argumentos discriminatorios-, no se puede pensar en estudiantes que vayan más allá del texto, que lo cuestionen y que sean capaces de elaborar nuevos sentidos".

La competencia de una persona para leer textos pasa por su capacidad no solo en el nivel comprensivo e inferencial, sino también por la capacidad para posicionarse de manera crítica frente al texto leído. Esto implica poder distanciarse de lo que se lee y cuestionarlo reflexivamente, para así lograr, por ejemplo, identificar vacíos o errores de construcción, lógica y/o argumentación en un texto. Esta capacidad es clave, aunque una de las más difíciles de alcanzar por parte de nuestros escolares y universitarios.

El domingo 24 de junio, el programa Cuarto Poder reveló que el actual Cuaderno de Trabajo en Comprensión Lectora para 5to de Secundaria, material que el Minedu distribuye a los estudiantes de la escuela pública, contiene textos que refuerzan estereotipos machistas y discriminatorios a varios niveles. Este es un primer problema ya señalado por distintas organizaciones y medios. Cuando hablamos de materiales de enseñanza y evaluación, los sesgos y la reproducción de estereotipos ponen en desventaja el aprendizaje de grupos sociales que de facto ya están marcados por múltiples desventajas fuera de las aulas.

Desde la experiencia en la evaluación de la competencia lectora en postulantes a la universidad y en estudiantes de secundaria, quisimos ir un poco más allá y adentrarnos en el instrumento de enseñanza: el Manual para el Docente del Cuaderno de Trabajo en cuestión. Este manual es la forma más concreta en que el Minedu transmite a los profesores cómo enseñar y cómo evaluar el aprendizaje.

En esta revisión, la forma en que se enseña y se evalúa la capacidad crítica de los estudiantes es, por decir lo menos, preocupante. Por ejemplo, ante una pregunta que insta al estudiante a manifestar si está de acuerdo o en desacuerdo con la conclusión de un texto (en síntesis, la idea es esta: “que las mujeres no tengan relaciones sexuales antes de los 24 años les permite elegir bien y fortalecer a la pareja”), encontramos cinco posibles respuestas que bien podrían ser válidas desde el análisis del texto. Sin embargo, sin dar explicación alguna, se señalan como incorrectas a dos respuestas que, precisamente, muestran una posición que está en desacuerdo con el autor. A esto se suma, en todo el manual, la falta de cuestionamiento de la validez de uno de los argumentos claves del texto: el hecho de que, para las mujeres, tener relaciones sexuales tiene por consecuencia casi inevitable la maternidad (argumento que se tendría que cuestionar no solo por principios lógicos sino, sobre todo, por un criterio mínimo de educación sexual teniendo en cuenta la realidad del país). Lamentablemente, el análisis del material en su conjunto deja la impresión de que la incorrección de las respuestas está dada por su postura y no por el proceso cognitivo realizado: la censura prima sobre el aprendizaje.

El dogma, como proposición que no acepta cuestionamiento, es enemigo de la competencia lectora. Sin posición crítica, sin escudriñar cada argumento en su sentido y su validez -lo cual es necesario siempre, y mucho más, cuando hablamos de argumentos discriminatorios-, no se puede pensar en estudiantes que vayan más allá del texto, que lo cuestionen y que sean capaces de elaborar nuevos sentidos. En la vida social, el texto toma forma de noticia, testimonio, discurso político, etc. En estos contextos, la capacidad crítica es tal vez la que más debe trabajarse y fomentarse en una democracia.