10 de julio del 2017

“Codex Trujillo del Perú”, eslabón perdido del costumbrismo peruano

Fernando Villegas Torres

Docente de la Maestría de Historia de Arte y Curaduría

Este “Codex” es una versión dedicada, principalmente, a describir las costumbres de la región norte y, por tanto, permite establecer el precedente del desarrollo del costumbrismo posterior, que tendría su representación máxima en la obra de Francisco (Pancho) Fierro.

Cuando se habla de una serie de acuarelas que refieren la vasta labor de Baltazar Jaime Martínez Compañón en su obispado (1782-1785), encontramos, sin duda, un interés inusual. Se conoce que el material visual dirigido al rey y a sus funcionarios tiene, por lo menos, dos versiones, así se presentó la Relación de Gobierno del excelentísimo señor virrey del Perú Don Francisco Gil y Taboada y Lemus presentada a su sucesor Don Ambrosio O’Higgins Marqués de Osorno, Barón de Vallenari (1796). También sería el caso de las 1,400 acuarelas que se conservan en la Biblioteca del Palacio Real de Madrid y que se agrupan en nueve volúmenes, en donde se grafican los usos, costumbres, flora y fauna de la región norte del Perú. Se trata de una ardua labor imbuida del espíritu ilustrado de la época, solo equiparable a la labor que un siglo atrás realizó Felipe Guamán Poma de Ayala con el objetivo de dar a conocer los abusos del régimen virreinal en contra de los indios peruanos en Primer Nueva crónica y buen gobierno.

El conocido como “Codex Trujillo del Perú”, recientemente subastado en Madrid, consta de 136 acuarelas que conforman el tomo II del corpus completo que se conserva en la Biblioteca del Palacio Real de Madrid y que tiene dos versiones incompletas, una en propiedad del BBVA del Perú y otra en la Biblioteca Nacional de Colombia. Este “Codex” es una versión dedicada, principalmente, a describir las costumbres de la región norte y, por tanto, permite establecer el precedente del desarrollo del costumbrismo posterior, que tendría su representación máxima en la obra de Francisco (Pancho) Fierro. Así, estas acuarelas evidencian el desarrollo del costumbrismo local que se inicia en el siglo XVIII y que responde al pensamiento ilustrado.

Se sabe de la participación de varios artistas indígenas en la elaboración de las acuarelas, uno de ellos fue Julián Dávila, pintor autodidacta conocido también por ejecutar dos cuadros que conmemoran el ascenso al trono de Carlos IV (1790) con tipos costumbristas. En las acuarelas del Codex, se ve el traspase del siglo XVIII al XIX en cuanto al planteamiento de tipos y costumbres. En todo caso, Martínez Compañón configuró sus acuarelas como una narrativa visual que unía el conocimiento cartográfico, los elementos arquitectónicos de iglesias, la importancia de los retratos de religiosos, las costumbres, y la flora y fauna de la región. Aspectos resaltantes fueron las minas de Gualgayoc como proveedora de recursos, y los ceramios Moche y Chimú, que el mismo obispo donaría a su majestad y que, actualmente, se conservan en el Museo de América.

Martínez Compañón buscó informar al rey con un conocimiento real de sus territorios y, a la vez, dar a conocer las posibilidades de recursos naturales. Por tanto, las imágenes del denominado “Codex” resaltan en importancia. Un ejemplo significativo se advierte en la acuarela de una mujer vestida con la denominación de traje de española, un claro referente de la tapada limeña del siglo XIX, principal elemento del nacionalismo criollo peruano.

El conflicto surgido con este patrimonio, sin duda, valioso para el Perú, nos remite a la urgencia de pensar en nuestro patrimonio y en su exhibición para el público en general. La importancia de ello debe hacernos reflexionar en la necesidad de que el Estado integre las bellas artes y muestre las vastas colecciones actualmente albergadas en sus depósitos. Sin ellas, nuestra memoria visual como país está incompleta, pues desconoce la maestría artística legada por nuestros antepasados. Muchas veces, la falta de conocimiento e interés sobre el arte peruano hacen que obras significativas decoren, todavía, edificios públicos.

 

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