28 de septiembre del 2015

La economía según el Papa

Durante una histórica gira por Cuba y Estados Unidos, el papa Francisco impulsó el diálogo entre estos países y pidió proteger a las personas en situación de vulnerabilidad. La lucha contra la pobreza, la redistribución de ingresos y las políticas de inmigración marcan su discurso público, pero no son los únicos temas que integran su agenda.

Ocho días de gira y más de una veintena de presentaciones oficiales podrían resumirse en una premonitoria frase que ha marcado el estilo del pontificado del papa Francisco: “Acuérdate de los pobres”, le dijo el cardenal brasileño Cláudio Hummes, con un abrazo, cuando Jorge Mario Bergoglio fue elegido como nuevo papa, en marzo del 2013. La asociación mental que hizo con Francisco de Asís fue inmediata y la elección de su nombre papal, automática. Desde entonces, la impronta franciscana del primer papa jesuita se manifiesta en el concepto de “una Iglesia pobre para los pobres”, y no deja de expresarse en documentos, discursos y, como no podía ser de otra manera, en su más reciente viaje, que da nuevos aires a la relación diplomática entre Cuba y Estados Unidos, quebrada desde 1961.

Puente humano

El Dr. Farid Kahhat, docente del Departamento de Ciencias Sociales, considera que “aunque, probablemente, Estados Unidos iba a propiciar el restablecimiento de relaciones con Cuba, el papa le dio un espaldarazo a esta política. Ambas partes han reconocido que operó como una suerte de mediador en este acercamiento”. Ciertamente, Francisco se reunió con Barack Obama en marzo del año pasado, luego de lo cual envió sendas cartas a Obama y a su par cubano, Raúl Castro, invitándolos a “resolver cuestiones humanitarias de interés común”. Pero el especialista recuerda que Francisco no ha sido el primer pontífice que intentó construir un puente entre ambas naciones. Ya en 1998, Juan Pablo II visitó la isla y pidió que “Cuba se abra al mundo y que el mundo se abra a Cuba”. “No tuvo éxito porque había un amplio consenso en la clase política de Estados Unidos a favor del embargo”, explica Kahhat.

Durante la visita a ambos países, Francisco celebró públicamente el acercamiento y evitó hablar directamente sobre los temas más conflictivos, como la naturaleza del régimen político cubano o su oposición al aborto en Estados Unidos. “La actitud del Vaticano es razonable en el sentido de que no hay mucho que pueda hacer al abordarlos en público, pero el vocero vaticano, el arzobispo Lombardi, mencionó que algunos temas de agenda se reservaron para audiencias privadas”, expresa Kahhat. Sus duras críticas al sistema capitalista llevado al extremo fueron ligeramente suavizadas, pero sí recordó continuamente su preocupación por los pobres “Laudato si’, mi Signore” (Alabado seas, mi Señor) cantaba el santo italiano San Francisco de Asís en el siglo XIII. En esas palabras, el papa Francisco se inspiró para titular e iniciar la encíclica Laudato si’, definida por el mismo Francisco como una “encíclica social”, en cuyos seis capítulos, dirigidos “a cada persona que habita este planeta”, critica el capitalismo que instrumentaliza a las personas y llega a deshumanizarlas. “Muy fácilmente, el interés económico llega a prevalecer sobre el bien común y a manipular la información para no ver afectados sus proyectos”, escribe. También señala que “los poderes económicos continúan justificando el actual sistema mundial, donde priman una especulación y una búsqueda de la renta financiera”.

“El papa Francisco tiene una visión crítica de la economía moderna y capitalista actual”, señala el Dr. Ismael Muñoz, coordinador de la Especialidad de Economía y católico informado sobre los pronunciamientos eclesiales en materia económica. “Es coherente con la doctrina social de la Iglesia, que ve la economía desde una perspectiva humana y ética, pero, sobre todo, con un juicio evangélico. Su preocupación está en lo que la economía puede hacer por la gente y su visión propugna un desarrollo humano integral. Si la economía, el mercado o el Estado no funcionan de manera que generen bienestar o mejores condiciones de vida para las personas, habrá lugar para un cuestionamiento ético, evangélico, social, político, económico y hasta científico”, resume.

Muñoz indica además que Francisco busca compartir esta visión con todas las personas, no solo con los católicos o las personas cercanas a la Iglesia. En ese sentido, abundan sus declaraciones de orden económico, cultural, social y político, a fin de que las ideas que impulsa generen un cambio eficaz. “La manera de logralo es cambiando conciencias y llegando al nivel de quienes toman decisiones, desde los gobiernos y las empresas”, concluye.

Persona y economía

La Dra. Janina León, docente del Departamento de Economía, explica que, por la naturaleza propia de una economía de mercado, los agentes económicos no están pensando en el otro, y se puede derivar en la búsqueda del bien propio aun a costa del bien ajeno. “En Laudato si’ impulsa la defensa del medioambiente, al que se refiere como ‘la casa común’. El cambio climático no ocurre como una cosa natural, sino que es resultado de una serie de decisiones de las personas. Esa actitud egocentrista puede haber llevado a no pensar en los demás”, ejemplifica.

León explica también que la economía tradicional está pensada para países desarrollados en los que, de haber fallas del mercado –esto es, situaciones en las que se reconoce que el mercado no es suficiente para preservar lo que es bueno para la sociedad–, el gobierno tendría la autoridad, capacidad técnica y recursos suficientes para intervenir con regulaciones explícitas. “Pero en los países en desarrollo partimos con problemas de corrupción y de una pobreza absoluta, extrema, brutal e hiriente”, describe la especialista. “El papa señala que es un escándalo cuando se juega con precios de alimentos o con mercados financieros, porque tasas de interés tan altas pueden condenar al individuo pobre a no salir adelante con su actividad productiva. El sentido del papa, en su discurso, es decir al inversionista, al banquero y a los Estados que sean más éticos, que no especulen tanto y entiendan que cuanto más ganan, más condenan a los pobres a ser más pobres todavía”, sostiene.

Desarrollo humano

Una alternativa que nació desde la economía y que evita reducir a las personas exclusivamente a cifras de crecimiento es utilizar el enfoque de desarrollo humano. León explica que el nobel de Economía Amartya Sen trabajó con mucha preocupación en entender la pobreza para lograr reducirla de manera eficaz: “Hizo un esfuerzo metodológico por medir distintas dimensiones de la pobreza para crear salidas y soluciones dentro de este mismo sistema de economía de mercado”, indica.

En esa línea, se miden dimensiones como la salud, la educación y la participación de las propias personas como agentes de sus vidas y su entorno. Por su parte, Muñoz acota que “el dinero es, en este caso, un medio para que la gente viva mejor y no al revés, porque en última instancia –y en eso es claro el mensaje del papa– eso deshumaniza”. A partir de esa lectura, se construyó el índice de pobreza multidimensional, asumido por países como Brasil, México y Colombia, y utilizado también por organismos internacionales, como el PNUD.

Una característica que resalta León es la interrelación de variables que aplica este enfoque y que se nota en los documentos de Francisco, por ejemplo, al relacionar el deterioro del medioambiente con la exclusión, pues señala que los más afectados son los más pobres. “Al hablar de salidas de la pobreza, habla de salidas dignas y decentes, de trabajo e ingresos, más que dádivas y transferencias. El papa se ha comprado el lío de ir contra discursos habituales”, señala.

Tradición eclesial

Aunque moderna en sus formas, la preocupación de Francisco por los más pobres se asienta en una larga tradición de preocupación por los menos favorecidos. El R.P. Luis Felipe Zegarra, docente del Departamento de Teología, explica que la doctrina social de la Iglesia católica tiene sus orígenes en 1891, cuando el papa León XIII promulgó la encíclica Rerum Novarum, en la que se ocupó de las condiciones de la clase trabajadora.

“Entonces, el capitalismo recién llegaba a Alemania y los italianos se daban cuenta de que ya había sido fuerte en Inglaterra y los Países Bajos”, señala. Luego, Pío XI y Pío XII tratarían el tema, pero es con la llegada de Juan XXII que esta preocupación se acentúa. En 1961, Juan XXIII promulgó la
encíclica Mater et magistra, dirigida “a todos los trabajadores del mundo” y que versa sobre el desarrollo de los países en vías de crecimiento. “El Concilio Vaticano II se anunció como uno eminentemente pastoral”, explica Zegarra, “y si bien es el concilio más teológico, preparado y participado, en él dijo que la Iglesia es y debe ser la Iglesia de todos, especialmente de los pobres. Esa frase marcó mucho a América Latina”, apunta.

Como acotación, Zegarra distingue entre la democracia cristiana –fundada en Italia, en la década de 1920– y la doctrina social. “Salvo muy esporádicamente, la Iglesia no se ha identificado con una agrupación política. Lo que sigue es la propuesta de una búsqueda de justicia y atención a las desigualdades y la pobreza, marcada por criterios evangélicos”, explica.

Así, para aterrizar valores como la justicia y la equidad, considera que es necesario entender algo de economía. “Yo me formé en sagrada escritura, pero tengo que leerla para hoy. Entonces, tengo que conocer la realidad hoy”, responde Zegarra, cuya visión económica bebe, además, de la doctrina católica, de propuestas como la de Amartya Sen y Javier Iguíñiz.

¿Cómo leer la propuesta integral de Francisco? “Francisco compatibiliza un acercamiento enorme a la gente con una preocupación intensa, de fondo, por este sistema que maltrata y mata”, responde Zegarra. Y finaliza: “Es muy duro en el lenguaje y corre riesgos, pero parece tener capacidad de persuasión. Sabe manejarse en público y algunos dicen que calcula sus pasos. A lo mejor lo hace, pero los calcula bien, ¿no?”.

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