16 de octubre del 2017

Informe PuntoEdu sobre riesgo sísmico en Lima

Tras un silencio sísmico de 271 años, Lima espera un terremoto de gran magnitud en cualquier momento. Lejos de estar preparados, un 70% de las edificaciones de la capital son informales y podrían colapsar durante un sismo. ¿Qué nos espera?

Muy pocas veces, los habitantes de Lima toman en cuenta que la zona costera del Perú forma parte del llamado Cinturón de Fuego del Pacífico, entre dos placas tectónicas (la Sudamericana y la de Nazca), que convergen entre sí y que son la causa de los grandes sismos que sacuden nuestro litoral. Desde hace años, los resultados de las investigaciones científicas indican el tipo de sismo que afectará la capital luego de siglos de silencio sísmico y cómo debemos prepararnos para enfrentarlo.

“Se calcula que el sismo que espera Lima equivale a 8.6 y 8.9 grados, más o menos similar a la magnitud del terremoto de 1746. Según relatos históricos, el agua del tsunami producido por el terremoto llegó hasta el pie de la ermita del distrito de Carmen de la Legua, en el Callao. Una legua es una antigua escala de medición equivalente a cuatro kilómetros y hasta allí se dice que llegó el mar”, señaló el Mg. Hernán Montes, docente del Departamento de Ciencias.

Para Montes, cuya tesis doctoral se centra en la simulación y el conocimiento del movimiento del suelo durante un sismo costero, los grandes terremotos que afectaron el país en Ancash (1970), Lima (1974) y Pisco (2007) abarcan, casi exactamente, la zona afectada por el sismo de 1746, que fracturó una franja de 400 kilómetros. Sin embargo, toda la energía acumulada en ese sismo aún no termina de ser liberada.

“Históricamente, el Perú ha sido afectado con la ocurrencia de grandes terremotos, que se repiten en el tiempo. Cuanto más grande es el sismo, se requiere mayor tiempo de acumulación de la energía en las placas tectónicas para que este se repita. En este momento, la ciencia solo puede pronosticar dónde ocurrirán y de qué magnitud serán los grandes sismos que se esperan, gracias a la implementación de redes sísmicas a nivel nacional”, dice el Dr. Hernando Tavera, presidente ejecutivo del Instituto Geofísico del Perú (IGP).

“Un concepto popular, pero errado, es que varios sismos pequeños logran compensar uno grande. Por ejemplo, un solo sismo de magnitud 8 equivale a 1,000 sismos de magnitud 6 o un millón de sismos de magnitud 4. Los sismos incrementan su potencia a una escala logarítmica”, expresa Montes.

PELIGROSA INFORMALIDAD

El principal problema no es el riesgo sísmico con el que convive la ciudad, sino la falta de preparación y prevención en todos los aspectos. “El terremoto no mata a nadie. El problema es que la gente construye sus casas en sitios inadecuados, con material inadecuado, sin normativas, sin ayuda técnica. Eso genera el desastre, no el terremoto”, advierte el presidente del IGP.

La realidad se confirma con cifras: un 70% de las viviendas son vulnerables ante un sismo de gran magnitud, según datos de la Cámara Peruana de la Construcción (Capeco). “El riesgo es alto, esto se ha reportado hace muchos años. En Lima tenemos el problema de la concentración de viviendas e infraestructura. En el 2014, hicimos un estudio para el Ministerio de Economía y Finanzas en el cual se ve que (de producirse un sismo) las mayores pérdidas estarían en Lima y Arequipa. El reto se agrava por la fragilidad de esas construcciones”, señaló la Dra. Sandra Santa Cruz, directora de la Maestría en Ingeniería Civil de la PUCP, consultora internacional e investigadora del Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología e Innovación Tecnológica (Sinacyt).

“La informalidad en la construcción es un problema social y cultural. Las personas no tienen los recursos para contratar a profesionales capacitados y construir su vivienda adecuadamente. También es un problema de gestión del territorio porque en Lima ya no hay espacio dónde habitar y lo más factible es construir en los cerros. Hay un trabajo que se debe hacer desde el Estado, no de sacar más leyes, porque ya existen; sino de que la normativa se cumpla”, consideró el Dr. Hernando Tavera.

La norma técnica vigente es la E.030 “Diseño Sismorresistente” del Reglamento Nacional de Edificaciones del Ministerio de Vivienda, Construcción y Saneamiento, que tuvo algunas modificaciones en enero del 2016, durante la gestión del entonces ministro Francisco Dumler. En esta norma, se indican los lineamientos antisísmicos que deben cumplirse.

Así, esta norma señala que “los planos, memoria descriptiva y especificaciones técnicas del proyecto estructural deberán estar firmados por el ingeniero civil colegiado responsable del diseño, quien será el único autorizado para aprobar cualquier modificación a los mismos”. Además, se establece la obligatoriedad de que los planos cuenten con un “sistema estructural sismorresistente”.

A pesar de estas especificaciones, y de su conocido incumplimiento, esta norma técnica estaría desactualizada. “La ingeniería va cambiando. Los colegas peruanos me invitaron a participar como miembro invitado en el comité que elaboró la norma E.030. Me di cuenta de que era necesaria una actualización, que se recojan algunos avances de investigaciones locales. Por ejemplo, los aisladores de base en las estructuras están contemplados en la norma por debajo de los niveles que son necesarios en el Perú”, explica el Dr. Mario Rodríguez, investigador peruano del Instituto de Ingeniería de la Universidad Autónoma de México (UNAM).

Para Rodríguez, es importante observar la experiencia de países vecinos como Chile, donde se ha realizado más investigación porque “los movimientos son más continuos”. “Sugerí que en el Perú se diseñe siguiendo las características de lo aprendido de los terremotos chileno y tomando en cuenta los suelos específicos, porque los terremotos amplifican o disminuyen sus efectos según las características del suelo donde está la estructura. Si en Chile observamos un suelo semejante al de una zona de Lima, podemos extrapolar esa información y aplicarla”, dijo el docente, invitado este año por la Maestría en Ingeniería Civil para hablar de estos temas. Él recomienda que se investiguen más los efectos del terremoto de Pisco para elaborar nuevas modificaciones de la norma E.030.

Pero más allá de las normas, el Dr. Tavera considera que hace falta mayor voluntad política para llevar a cabo reformas. “Lo ocurrido en Pisco 10 años después del terremoto es un reflejo de las lecciones que no queremos aprender. Es el espejo más claro para entender lo que puede pasar con Lima, con el comportamiento de las autoridades y de la población. A pesar de lo vivido, Pisco e Ica han seguido creciendo igual, sin cambiar nada y sin prestar atención a lo ocurrido”, dijo Tavera, para quien es posible que, pese a las advertencias, no cambie el panorama de la capital: “Lima ya está construida, hay que trabajar mucho en el tema de los simulacros que puede ayudar a salvar a la población un poco. Pero, al final, el terremoto va a limpiar el terreno para volver a construir como realmente se debe”.

VIVIENDAS SOCIALES

Además de la realización de los simulacros de sismo (como el realizado el viernes 13), son necesarios grandes programas gubernamentales para acondicionar la infraestructura ante un sismo. “Hacen falta proyectos de viviendas sociales más extensos que puedan solucionar el déficit y evitar la construcción de viviendas informales, como sucedió en el gobierno de Belaunde. Las casas-edificio, donde los padres construyen su casa en el primer piso, y los hijos construyen en el segundo, tercero, cuarto, y el quinto para alquilar, son verdaderas bombas de tiempo y están en alto riesgo”, añadió la Dra. Santa Cruz.

Asimismo, la especialista explicó algunos de los esfuerzos sectoriales para la reducción del riesgo. “El Ministerio de Educación cuenta con un fondo importante para reforzar colegios, un proyecto en el cual participó la PUCP, junto con la UNI y el Banco Mundial. Elaboramos una guía para reforzar los colegios de la zona sísmica de Perú. Se hicieron ensayos en la mesa vibradora con los prototipos, un expediente con costos y tiempos. Estamos esperando que esto se haga realidad”, cuenta.

En ese sentido, el Ministerio de Vivienda anunció, la semana pasada, la construcción de 48,000 viviendas en año y medio en el marco del Plan de Reconstrucción con Cambios, y del programa Techo Propio. Sin embargo, como se sabe, estas medidas fueron tomadas tras los desastres naturales ocurridos por el fenómeno El Niño costero y no como parte de un programa de prevención.

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