04 de septiembre del 2017

Informe PuntoEdu sobre la pertinencia de la Evaluación del Desempeño Docente

Han pasado dos meses y medio desde el inicio de la multitudinaria huelga de docentes. ¿En qué consiste la Evaluación del Desempeño Docente y cuáles son las razones –válidas o no– para concentrar tanta oposición?

A la fecha, la Evaluación de Desempeño Docente es el punto más álgido de la discordia entre el Ministerio de Educación (Minedu) y los docentes de la Educación Básica Regular que se mantienen en huelga. En algunos medios de comunicación, varios profesores, incluso los de excelente nivel, desacreditaron esta prueba. Ante este panorama, especialistas en educación de nuestra casa de estudios analizaron la evaluación, cuya consecuencia más importante es la pérdida del nombramiento para quienes desaprueben en tres oportunidades al no mostrar mejoras pese a recibir capacitaciones de seis meses tras cada examen fallido.

“La Evaluación de Desempeño Docente es un instrumento que se introdujo en el año 2007 como parte de la Ley de Carrera Pública Magisterial, que también se mantuvo en la Ley de Reforma Magisterial del 2012. Es una evaluación meritocrática en la medida que permite incentivar y premiar el esfuerzo de los docentes. No es una prueba de conocimientos, no les están preguntando por las últimas teorías del aprendizaje ni psicopedagógicas. Más bien, se observan aspectos básicos e importantes del desenvolvimiento del profesor con los alumnos”, indicó el Dr. Luis Sime, profesor principal del Departamento de Educación.

“El profesor realiza las evaluaciones de los niños, ¿cómo no va a aceptar una evaluación de su propio desempeño para mejorar su trabajo? ¿Cuál es el objetivo final, evaluar al docente? El eje central es brindar una educación de calidad”, agrega la Dra. Carmen Coloma, docente del Dpto. de Educación y exdecana de la Facultad de Educación.

¿EN QUÉ CONSISTE LA EVALUACIÓN?

En síntesis, un evaluador certificado (que puede ser un profesor de la misma categoría o director de colegio) es programado para visitar la clase de un docente a quien examinará a través de la guía establecida por el Minedu, que consiste en completar los requerimientos de las seis rúbricas de observación de aula (ver recuadro). Para ello, los docentes evaluados son informados de este evento con una semana de anticipación, tiempo que les permite preparar una clase en la que puedan demostrar lo mejor de sí mismos.

En esta observación, por cada una de las seis rúbricas, el docente recibirá puntuaciones del 1 al 4, que corresponden a los cuatro niveles de de-sempeño (Nivel 1: Deficiente / Nivel 2: Insatisfactorio / Nivel 3: Satisfactorio / Nivel 4: Sobresaliente o destacado). Para aprobar, se debe obtener un puntaje mínimo de 2.6 como promedio simple.

A través de estas rúbricas, el evaluador identificará si el profesor evaluado logra despertar el interés y la motivación de sus estudiantes por aquello que enseña, fomenta la participación a través de actividades, promueve el desarrollo del pensamiento crítico, entre otros ítems que deben cumplirse en un ambiente de respeto, cordialidad y en el cual se perciba el liderazgo del docente para regular el comportamiento de sus pupilos.

“Acá se está planteando una evaluación en el aula de alguien que conoce cómo es el trabajo, en qué condiciones y en qué contexto se realiza. Los evaluadores son personas capaces de ver las limitaciones que no dependen del profesor. Lo que plantea el Minedu no es una evaluación calificativa, sino que intenta brindar un soporte para que el profesor siga mejorando”, añade la Dra. Coloma, también profesora principal.

“Lo que hace un buen profesor es controlar la clase, captar la atención de sus alumnos y lograr que aprendan. Lo que se propone con la evaluación es que alguien pueda ir y observar eso en una clase con docentes. La primera evaluación va a ser para profesores de educación inicial. Una clase de educación inicial son niños corriendo, jugando, gritando, preguntando, fastidiándose unos a otros, a veces poniéndose de acuerdo para realizar alguna actividad. Pero esos juegos y actividades deben conducir a un aprendizaje. Y tiene que haber una organización para que eso ocurra”, señala Flavio Figallo, coordinador de la Dirección de Asuntos Académicos de la PUCP y exviceministro de Gestión Pedagógica.

Además, esta evaluación es complementada por otros tres instrumentos, como la Pauta de observación de la gestión del espacio y los materiales en el aula, la Encuesta a familias, y la Pauta de valoración de la responsabilidad y el compromiso del docente, en la cual se verifica si este cumple con los objetivos de la clase, respeta el horario de trabajo, es comprometido con su labor, etc.

“Se trata de preguntar a los padres de familia qué les parece el profesor. Evaluar la relación del docente con los directivos de la escuela. Lo que necesitamos es que un profesor cree un ambiente de aprendizaje y por eso se le evalúa. Yo creo que la evaluación es mínima. Si un profesor no puede lograr esto, una vez, dos veces, tres veces, estamos permitiendo que esos alumnos que va a atender no aprendan. Estamos permitiendo que el profesor no enseñe bien durante cinco años a 150 niños, antes de pedirle que deje ese espacio para alguien que sí pueda hacer bien este trabajo”, complementó Figallo.

MOTIVOS DE QUEJA

No obstante sus aciertos, la Evaluación de desempeño solo cubriría algunos aspectos del desempeño docente y estos no garantizan la calidad de la educación. “He tenido oportunidad de examinar y trabajar en las rúbricas que se aplicarán, sobre todo en el nivel de educación inicial. En mi opinión, estas seis rúbricas tienen carencias. Para empezar, no evalúan para nada el contenido de los aprendizajes que el profesor trabaja en el aula. Evalúa otros aspectos que tienen que ver con las actividades que el profesor desarrolla para captar la atención de, por lo menos, el 90% de los alumnos para estar en el nivel 4 o del 75% del alumnado para obtener tres puntos”, puntualizó el Mg. Alberto Patiño, docente del Departamento de Educación, durante su exposición en la conferencia Comprendiendo la huelga magisterial, organizada por el CF de Educación y Fepuc, el pasado 29 de agosto.

Patiño coincidió con los otros entrevistados en la necesidad de que se realice esta primera evaluación, y que se deberían tomar en cuenta otros factores para analizar la calidad educativa que “también depende del currículo, la infraestructura, el equipamiento, los recursos para el aprendizaje, los programas para la alimentación de los niños y adolescentes. Y creo que, con justicia, el dirigente Pedro Castillo reclamaba que se debe atender estos elementos desde el Estado, mediante la asignación de un presupuesto suficiente. Pero cayó en contradicción al rechazar la evaluación de desempeño del magisterio y pretender que sea solo una evaluación formativa, sin consecuencias”, expresó.

“Aulas con carpetas y cerros de sillas malogradas, pizarras en las que no se puede escribir, ambientes donde hace mucho frío, ¡cómo se puede trabajar así! Cuando voy a dar capacitación a profesores, observo el espacio y creo que en esas condiciones cualquiera se desanima. El profesor es responsable del aprendizaje, pero no es estimulante trabajar así. La idea es ser más propositivos y ver cómo mejorar esta situación”, indica la Dra. Carmen Coloma.

POLÍTICA Y EDUCACIÓN

La educación pública le sigue pasando factura al país. En 2007 y 2012, las huelgas docentes se manifestaron también en contra de una situación que sigue vigente: salarios bajos, pésima infraestructura, mallas curriculares deficientes y poco presupuesto para subsanar todo lo anterior son parte del día a día del sector que se supone está a cargo de la formación de nuestros ciudadanos.
“El reclamo salarial es totalmente válido. El magisterio tiene ese problema, siempre ha estado relegado en términos salariales. Pero ahora hay políticas de mejoramiento de infraestructura, tenemos desayuno escolar, campañas de vacunación que pasan por los colegios. Ha habido inversión pública”, dice el Dr. Luis Sime.

“Un docente debería tener un salario equivalente al promedio de lo que gana un abogado, un médico, un profesional con ingresos de clase media. Durante 40 años se ha mantenido un pacto con los docentes por el cual recibieron un salario bajo pero tampoco se les preguntaba nada. Ahora se trata de romper eso. Hay que reconocer que muchas escuelas son mejores por la lucha de los profesores y de los padres de familia. Las evaluaciones de desempeño de las que hablamos fueron conversadas con los docentes, ellos estaban de acuerdo. El problema empieza cuando esta prueba define si un docente continúa trabajando o no.”, señala Flavio Figallo.

“Se ha explicado a los maestros que va a haber aumento de sueldo y se les informa sobre el tipo de evaluación que recibirán. Creo que se ha usado este problema para generar más conflictos de tipo político”, añadió Coloma. A puertas de la interpelación a la ministra Marilú Martens, para los analistas queda claro que ceder ante el reclamo de los huelguistas y eliminar la consecuencia de despido en la Evaluación del Desempeño Docente no es una posibilidad viable para mejorar la calidad de nuestra educación.

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