02 de mayo del 2017

Informe PuntoEdu sobre la década de 1980

A pesar de las crisis que el Perú vivió en los 80, esta década genera, ahora, interés, curiosidad o nostalgia. Especialistas de nuestra Universidad revisan algunos aspectos de aquella época.

La voz de los 80 que sonó en el Perú fue distinta a la que se escucó antes en la historia peruana y dejó en nuestra sociedad una marca indeleble. Un contexto político y social complejo marcó el retorno a la democracia tras doce años de gobierno militar. El Dr. Martín Tanaka, docente del Departamento de Ciencias Sociales, señala que, además de la novedad de vivir en democracia, era una novedad que el APRA y la izquierda estuvieran instalados como actores políticos.

“Es una época muy ideológica, pues si bien teníamos democracia, había también un horizonte utópico. La derecha soñaba con hacer una revolución liberal y hacer del Perú un país próspero, y la izquierda quería hacer una revolución socialista. Si miramos los 80, ves Guatemala, El Salvador, Nicaragua… esta idea de tomar el poder no era una cosa loca. Y en ese contexto aparecen Sendero y el MRTA que le dicen a la izquierda: “Ustedes dicen que lo van a hacer, pero nosotros lo vamos a hacer ahorita”. Es una etapa donde había sueños muy ambiciosos, y, al mismo tiempo, una época de mucha carencia y precariedad. Esa dualidad tan rara es lo que es muy definitorio en esos años”, dice Tanaka.

De esa dualidad nace algo que ha marcado profundamente al Perú: la informalidad. El Dr. Jesús Cosamalón, docente del Departamento de Humanidades, quien realiza un estudio sobre la informalidad y el fenómeno del ambulante, señala que “la gente se vuelve informal porque es más barato que ser formal. El ambulantaje surge porque hay una demanda que se cae: hay una baja muy fuerte de salarios, una baja en la capacidad adquisitiva porque los precios suben y los sueldos no alcanzan. Entonces, el ambulante tiene mayor flexibilidad para rebajar los costos. Por ejemplo: la gente no tiene dinero para comer en un restaurante y opta por hacer lo en la calle, aunque esto sea menos sano o seguro”.

Lima, la informal

El profesor Cosamalón toma la tesis del antropólogo José Matos Mar y le da la vuelta. “No se trata de un desborde popular que causa una crisis en el Estado, sino de un Estado que entra en crisis y causa el desborde popular. Los municipios, víctimas de la crisis económica, están en déficit y no puede mantener los estándares mínimos para asegurar la calidad de vida de los ciudadanos, pues no pueden cumplir ni con el recojo de basura. Ahora, en las encuestas, la gente cita como el mayor problema la inseguridad ciudadana y otros. En los 80, el mayor problema era el recojo de basura”, dice.

Es la ausencia del Estado también la que causa que las calles se abarroten de comerciantes informales. “Cuando hoy se imagina al emprendedor se imagina al informal exitoso, pero en la década de los 80 había, tras un caso de éxito, miles que tomaron las calles para sobrevivir. En ese contexto, la informalidad surge como un medio de supervivencia y no solo como un agente del capitalismo para lograr una movilidad social”, explica. Pero la informalidad tiene muchas aristas para ser analizada. El profesor Cosamalón considera que el retroceso del Estado en términos de control permite la informalidad. “Por ejemplo, los vigilantes privados surgen en los 80 porque las personas sienten que la Policía es insuficiente para darles seguridad, que es cierto en parte; por lo que el problema se resuelve de forma privada, aunque muchos de estos vigilantes son informales porque no tienen capacitación o son contratados por un grupo de vecinos para que cuide la cuadra.

Lima era entonces en los 80 una ciudad sitiada por huecos en las pistas, basura, terrorismo e inseguridad. En ese contexto, era difícil ponerle al mal tiempo buena cara, pero, de alguna manera, se encontró la forma.

Arte y gracia

Los movimientos artísticos y culturales que surgieron en los 80 fueron, en su mayoría, alternativos. La Mg. Rocío Trigoso, docente del Departamento de Comunicaciones, recuerda que “se constituían espacios alternativos en la periferia de Lima, donde Villa el Salvador era el espacio de autogestión paradigmático. A la vez, nacen y se consolidan grupos artísticos, sobre todo de teatro, que toman las calles y los espacios periféricos, donde todos tenían como temática los aspectos ideológicos, la ciudadanía. El teatro era un espacio alternativo donde tú podías poner en escena temas que eran de preocupación social y política. La situación de escasez del país se tradujo en la producción cultural, donde crean cosas a partir de las limitaciones”.

Y en medio de esta escasez surge una pregunta: ¿qué podía vender la publicidad de los años 80? Rocío Trigoso explica que recién en los 80 empezamos a tener disponibilidad de variedad de productos, gracias a la apertura del mercado. “Hasta los 80 no tenías posibilidad de escoger, pero ciertamente se abre el mercado e ingresan algunos productos (tampoco ingresan tantos porque el mercado peruano no era tan interesante para las grandes marcas). Entonces la publicidad de la época lo que buscaba era ser informativa, hacer notar que está en competencia con lo que está entrando al mercado”, indica.

De cara al terror

Si hay algo que los peruanos no hemos terminado de asimilar de los 80, es el terrorismo. El Dr. Martín Tanaka señala que aún tenemos una relación traumática con el tema. “Fue algo tan doloroso y complicado que cuesta mucho volver a esos eventos con un mínimo de lucidez y cabeza fría. Desde la forma en la que discutimos cuál es el diagnóstico o cómo se originó hasta cómo tratamos a grupos como Movadef o las herencias que no se pagan en políticas de reparaciones, verdad, justicia. Aún arrastramos juicios de crímenes cuya autoría no está esclarecida, entre asesinatos, violaciones y desapariciones. Ha quedado como un trauma que no hemos sabido procesar”, dice. Pero también hay una luz de optimismo, según Tanaka: “Hay cierta apertura a trabajar estos temas. Hace un tiempo se estableció un paralelo sobre los libros de José Carlos Agüero y Renato Cisneros. Me parecía una bonita metáfora: cómo para los protagonistas de ambos libros, los padres, era imposible el diálogo, pero para los hijos sí es posible hacerlo y tener una reflexión más madura de estos asuntos. Así, el hijo del general que era la cara de la represión y el hijo del senderista pueden conversar civilizadamente”.

La voz (peruana) de los 80

Como suele suceder con las manifestaciones culturales importantes, la historia del rock peruano cuenta, de alguna forma, la historia de nuestra sociedad. Refiriéndonos al rock que se desarrolló en Lima, Ernesto Bernilla, sociólogo egresado de la PUCP, nos grafica el panorama. “El rock en el Perú tiene una primera etapa los 60 hasta el 74. En ella, hay excelente calidad musical, pero llega a su fin por varios motivos: se encarece el vinilo por la crisis del petróleo y las disqueras empiezan a apostar por ritmos tropicales que tenían mayor demanda, se descatalogan así los discos de rock; por otro lado, el rock pierde sus espacios de exposición mediática por decisión del gobierno militar; se dejan de organizar matinales, estas tocadas de grupos de rock en salas de cine que era un circuito muy interesante para el recambio generacional; y además los músicos deciden cantar en inglés, lo que hace que el vínculo con el gran público se pierda. Ahí es cuando el rock se empieza a elitizar.

Al llegar los 80, se tenía mucho prejuicio sobre el rock y los adolescentes estaban desconectados de él. Frágil es como un puente entre lo que ocurre en los 70 y en los 80. A través de los hijos de Genaro Delgado Parker, que tuvieron la intención de convertirse en empresarios de entretenimiento como su papá, Frágil logra grabar el primer LP de rock de los 80, el año 81, y también realiza el primer vídeoclip del rock peruano, que es Avenida Larco”, dice.

En este contexto, los rockeros de los 70 tenían poco que decirle a un estudiante de secundaria que caminaba por la calle en la Lima de los 80. “Era una música que no tenía mayor correlato con la coyuntura nacional, no tendía ningún puente con lo real. Era muy difícil establecer un relato identitario”, cuenta.

Ernesto Bernilla cita el libro Alta Tensión, del crítico musical Pedro Cornejo, donde se señala que en los 80, en este retorno a la democracia, surge la necesidad de integrarse al mundo tanto económica como culturalmente, y ocurre un boom comercial, una primavera comercial donde aparece Frágil, Miki Gonzales o Río y una serie de bandas cuya característica principal fue la incorporación de tendencias contemporáneas de la música de EE.UU. e Inglaterra. Mucha gente pensaba que Lima podría ser parte de los circuitos mundiales del rock, pero eso no terminó de cuajar. “Era muy difícil sostener una industria comercial porque los costos de grabación eran altos, y esta primavera comercial termina al evidenciar sus propias limitaciones. Paralelamente, aparece el rock subterráneo, con un discurso que tiene que ver más con la autenticidad, con un sentir colectivo de lo que tenía que ver la juventud de esa época y con un rollo más contestatario en torno al cual se generan identidades fuertes por parte de los adolescentes limeños, lo que no ocurre tanto con los grupos que llegaban a las radios”, dice Bernilla.

La radio y la televisión tenían entonces una oferta limitada en comparación a la siguiente década. “Los 80 son maravillosamente creativos pero terriblemente violentos. Era un tiempo en el que se abrían y cerraban puertas a las industrias culturales, sobre todo a las musicales, por lo que los 80 es una época en la que explota la piratería radial y musical”, dice el Mg. Hugo Aguirre, docente del Departamento de Comunicaciones, quien califica la época como “muy creativa pero muy desconectada de los medios masivos de comunicación”.

En ese marco, Bernilla añade: “El rock subterráneo es muy importante en la historia del rock nacional, pues nunca antes se había enfrentado esta precariedad para hacer grabaciones, para hacer tocadas. Recrea canales de autogestión a partir de las limitaciones del contexto: ellos mismos organizan sus conciertos e invertían en grabar maquetas, regrabarlas y venderlas de mano en mano. Eso no había existido antes en la historia del Perú y estos canales les permiten inyectar dinamismo a su propio espacio musical. Esa estrategia es una innovación organizativa en la historia del rock nacional, y es el motivo por el que el rock subterráneo es tan dinámico y deja tanto material”.

Estos son algunos de los motivos por los que la década de los los ochenta sigue contándonos historias.

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