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Informe PuntoEdu sobre integración de árboles en la planificación urbana

Según la OMS, se necesitan 9 m2 de áreas verdes por habitante. Lima solo alcanza un tercio de esta cifra. ¿Cómo integrar a los árboles en la planificación urbana? Especialistas PUCP dan su diagnóstico.

Autor: Oscar García | Fotos: Fernando Criollo

Lima está ubicada en un desierto. Se ha dicho tantas veces esta afirmación que parece irrebatible. Pero ¿realmente siempre ha sido tan desértica? Según las crónicas de los siglos XVII y XVIII, había inmensos bosques en el actual óvalo de Higuereta y detrás del cerro San Cristóbal. “Los mejores valles de la costa peruana eran el conjunto de los ríos Chillón, Rímac y Lurín”, comenta el Dr. Fernando Roca, especialista en etnobotánica.

A inicios del s. XX, las calles incluían a las áreas verdes como un componente esencial de la ciudad. “Si se observa un plano del diseño de la avenida Brasil, se verá que a lo largo de su extensión hay un árbol cada 5 metros”, señala el doctor en Urbanismo por la Universidad Técnica Hamburg-Harburg y profesor del Departamento de Arquitectura, Wiley Ludeña. En ese entonces, se le daba el lugar merecido a esta planta de tallo leñoso.

A partir de la década del 20 del siglo pasado, el mundo urbano empezó a ser dominado por el auto, a la par que los árboles y las veredas perdían importancia. Aquella regla que decía que las calles tienen que ser túneles verdes pasa al olvido. En paralelo, el río Chillón se convierte en un recipiente de basura, el río Rímac se cubre de cemento y el río Lurín queda como el único pulmón de la costa central, aunque amenazado por el desarrollo inmobiliario.

Actualmente, el árbol ha dejado de ser un componente fundamental del diseño urbano. “La imagen de Lima como una ciudad desprovista de masa arbórea es reproducida permanentemente por los arquitectos jóvenes, de manera tal que es natural diseñar calles sin tomar en cuenta a los árboles en las calles”, comenta el Dr. Ludeña acerca de esta lamentable visión y concepto citadino.

Así, el árbol se convierte, para algunos sectores, en un personaje incómodo que impide construir carriles de pista –como sucedió hace un tiempo en las avenidas Salaverry y Aramburú– y departamentos inmobiliarios, además de generar gastos de mantenimiento y ocupar espacios que un panel publicitario quisiera tener.

El árbol te da vida

Según la Organización Mundial de la Salud, se debe contar con 9 metros cuadrados de áreas verdes por habitante. En el reporte del 2016 del Sinia (Sistema Nacional de Información Ambiental), se observa que en nuestro país apenas llegamos a 2.15 m2. El departamento que más se acerca a lo requerido es Cajamarca, con 5.93 m2, mientras que los que tienen menos áreas verdes son Tumbes, con 0.39 m2, y Puno y Pasco, que apenas llegan a 0.56 m2. Por su parte, Lima araña un poco más del tercio requerido, con 3.03 m2.

El déficit de masa arbórea origina perjuicios sanitarios para los ciudadanos. “Lima cuenta con altos índices de enfermedades broncopulmonares, debido a que nuestro aire tiene altos niveles de CO2 y sulfatos”, comenta la Dr. Ana Sabogal, directora de la Maestría en Desarrollo Ambiental. En ese aspecto, los árboles juegan un papel fundamental, pues limpian el aire al absorber el dióxido de carbono y emitir oxígeno. De esta manera, la contaminación no llega a la población.

Materiales como el asfalto y el concreto, tan frecuentemente utilizados en Lima, absorben el calor y lo reflejan. Ello origina que la sensación térmica se eleve. Por eso, la temperatura en la ciudad es de 4 a 5 grados celsius más que en las zonas agrícolas. “El árbol brinda sombra y ayuda a aliviar el efecto de isla de calor urbano”, señala la Mg. Belen Desmaison, docente del Departamento de Arquitectura.

Un beneficio no tan conocido de los árboles es la seguridad que nos brindan en un sismo. Sus raíces ayudan a que el suelo no se mueva tanto mientras sucede este fenómeno natural. Si consideramos que el Perú se ubica en el cinturón de Fuego del Pacífico –que se caracteriza por ser una zona de gran actividad sísmica–, el árbol es necesario como medida de prevención y reducción del impacto telúrico.

¿En dónde ubicarlos?

Para la Dra. Ana Sabogal, en general, en nuestro país hay muy poca planificación urbana. “En Lima se prioriza la construcción de edificios en vez de las áreas verdes”, comenta. Hay distritos que sí han avanzado en ese sentido, como Miraflores y Surco. Del primero resalta la parte del malecón, que también es un espacio público muy concurrido. Por su parte, el municipio surcano destaca por conservar su río.

En muchas de las grandes avenidas, como la Arequipa, la masa arbórea fue desplazada de las veredas y cambiada de lugar. “Los árboles han sido confinados a un espacio francamente absurdo, como las bermas centrales, donde no dan sombra a nadie y crean una falsa ilusión ambiental y paisajística”, señala el Dr. Ludeña, quien piensa que los árboles deben volver a las veredas. El problema es que la reducción de estas áreas, de a 1.20 m o 1.50 m, hace que no puedan soportar un ejemplar de copa generosa.

El tema también pasa por las normas que regulan la planificación urbana y los árboles. “Por el momento, no existen reglamentos de áreas verdes en todos los distritos”, comenta la Mg. Belen Desmaison, quien añade que hay una normativa que exige que cuando se construye un edificio o vivienda tiene que dejarse un porcentaje de área libre. El problema es que esto se puede interpretar no solo como un espacio de fines ecológicos, sino también para áreas de estacionamiento o de albergue de los ductos de los servicios higiénicos. Un buen incentivo sería disminuir los impuestos prediales o permitir construir un mayor número de pisos a las constructoras que sí incluyan áreas verdes en sus edificaciones.

Un choque que se produce regularmente es el de los árboles y el tránsito. Ese fue el caso de las avenidas Aramburú y Salaverry, donde se intentó ampliar los carriles a costa de tener que talar una buena cantidad de masa arbórea. Algo similar ocurrió en la calle Pedro de Osma, en Barranco, que hace un mes vio cómo se cayó un ficus sobre una vivienda. De acuerdo con los vecinos y la denuncia presentada por los congresistas Jorge del Castillo, Marisa Glave y Juan Sheput en el Ministerio Público, esto se debió a que se mutilaron las raíces de los árboles para ejecutar una obra vial.

“Es verdad que el caos vehicular es absoluto, pero la prioridad deben tenerla los árboles”, dice la Dra. Sabogal. Por su parte, Belen Desmaison comenta: “Desde la teoría urbana, está comprobado que ampliar las vías para aliviar el tráfico no funciona. Sobre todo si se hace solo en un momento particular de la vía, pues en los siguientes tramos vas a terminar con un cuello de botella”. Haciendo una analogía, es como si la solución para el sobrepeso fuera comprar una talla más grande de pantalón. Lo recomendable es ordenar el tráfico, realizar una separación entre transporte público y privado, y contar con una mejor semaforización.

¿Se puede hacer una ciudad verde?

Para el Dr. Wiley Ludeña, no es tan sencillo volver a insertar los árboles en el ámbito urbano. “Supone un cambio radical de cómo diseñar la ciudad, que va desde el tema de la normatividad urbana hasta un nuevo lenguaje urbanístico”, explica.

Una opción viable es implementar los techos verdes. En ciudades como Denver, San Francisco y Toronto, hay leyes que obligan a que los techos de los edificios cuenten con áreas verdes. “Se puede articular esta iniciativa con los planes de desarrollo urbano de cada municipalidad”, acota Desmaison. Uno de los que ha tomado la iniciativa en ese aspecto es San Miguel, que cuenta con una ordenanza que brinda 20% de descuento en arbitrios a los vecinos que siembren plantas en sus techos. También es una buena idea recuperar espacios abandonados y tugurizados, y reconvertirlos en parques.

La idea de que en Lima no se debe contar con vegetación por falta de lluvia y estrés hídrico parecería válida –pensando que la poca agua que tenemos debe ser destinada al consumo humano–, pero realmente carece de fundamento. “Gracias a la tecnología de reciclaje se pueden usar las aguas grises para cultivar, alimentar y contar con una masa vegetal importante en el suelo urbano”, comenta el Dr. Wiley Ludeña, quien destaca que en el municipio de Surco se riega con agua reciclada.

Para las condiciones climáticas y de suelo de Lima, los árboles más apropiados son aquellos que no consumen muchos recursos hídricos, brindan sombra y sus raíces no son agresivas. “En nuestra ciudad, prima el pasto, pero realmente es caro mantenerlo y limita el espacio público, ya que en muchos lugares viene acompañado del cartel ‘No pisar’. Es preferible explorar con otras especies, como los árboles”, detalla Belen Desmaison.

En ese sentido, el Dr. Fernando Roca, S.J. da algunos nombres: “Entre los que crecen bien en el sueño limeño tenemos a la caoba, la sangre de grado, el palo balsa, el cedro, la tipa, el ficus, el huarango, el molle serrano, la tara, el jacarandá de flor morada y muchos más”.

Lima no era un desierto: la hemos ido desertificando. Con el paso de los años, construimos, de manera un poco desordenada, sobre sus áreas verdes. Ahora toca volver a reverdecerla.

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