13 de marzo del 2017

Informe PuntoEdu sobre el estado de la salud mental en el Perú

La salud mental es un tema del que cuesta hablar. Por temor, por desconocimiento o por vergüenza, muchas personas que sufren de algún trastorno mental apuestan por ocultar o ignorar la situación antes que pedir ayuda. Especialistas le dan una mirada a este tema en el Perú.

La acepción menos romántica de la palabra “locura”, según la RAE, señala que se trata de la “privación del juicio o del uso de la razón”. Y aunque esta palabra es usada coloquialmente con gran ligereza, los especialistas recomiendan que no se use específicamente para referirse a personas con trastornos mentales, pues esto no hace más que contribuir al estigma que señala a las enfermedades mentales como incurables, oscuras, disociativas de la realidad y de necesario internamiento.

La estigmatización de los problemas de salud mental, sobre todo de los más graves, es histórica. El Dr. Yuri Cutipé, director de Salud Mental del Ministerio de Salud (Minsa), lo explica: “La psicosis y esquizofrenia, por ejemplo, son cuadros que históricamente, en el mundo occidental, se han identificado con estados demoníacos, lo que ha generado respuestas de rechazo y aislamiento por parte de la sociedad, y esto se ha perpetuado en el tiempo. Considerando las limitaciones que ha tenido la medicina para la atención de estos problemas, especialmente para la recuperación, se ha mantenido en la población la idea de que las personas con problemas de salud mental no pueden recuperarse y que la única salida es el aislamiento social, de modo que se proteja a la población de los daños que puede causar una persona con trastorno mental grave”.

“La idea de la locura como algo que ataca y que da miedo sigue presente y hay que empezar a cambiarla desde el colegio y desde la prevención. No podemos esperar a que salga alguien que haya perdido su contacto con la realidad y cometa un acto violento para hablar del tema, pues las personas que tienen problemas que los disocian de la realidad, estadísticamente, son menos. La data señala que el mayor porcentaje tiene depresión, ansiedad o son víctimas de violencia”, dice la Mg. Tesania Velázquez, docente del Departamento de Psicología.

Cuando uno rastrea dónde está el origen de los problemas de salud mental encuentra el bullying, la carencia de relaciones saludables de convivencia, el abuso sexual, el abuso familiar. “El componente violencia es fundamental cuando hablamos de salud mental. Muchos problemas son originados por una situación de violencia o abuso, y eso es algo que se puede prevenir porque no es un tema biológico”, añade Velázquez.

LA BASE DE LOS PROBLEMAS

Según cifras del Ministerio de Salud, en el Perú hay, al menos, 4 millones de personas que tienen problemas de salud mental y de ellas el 80% no recibe ningún tratamiento de apoyo. Tesania Velázquez considera que, al no asumir esto como problema, los indicadores de violencia, de abuso sexual, de feminicidio y de corrupción van a seguir siendo altos, pues muchos de estos temas tienen en la base la problemática de la salud mental.

En el “Informe sobre la Salud en el Mundo 2001. Salud Mental: nuevos conocimientos, nuevas esperanzas”, la Organización Mundial de la Salud (OMS) establece que la salud mental es un concepto que abarca, entre otros aspectos, el bienestar subjetivo, la percepción de la propia eficacia, la autonomía, la competencia, la dependencia intergeneracional, y la autorrealización de las capacidades intelectuales y emocionales. El concepto de salud mental es más amplio que la ausencia de trastornos mentales; y estos trastornos son resultado de una compleja interacción entre factores biológicos, psicológicos y sociales.

En ese sentido, la Mg. Miryam Rivera, docente del Departamento de Psicología y directora de la Maestría en Psicología Comunitaria, señala que la salud mental implica más que patologías. “Somos un país de renta media que sigue funcionando con políticas públicas de un país pobre. Y todo eso no se considera cuando se habla de salud mental, que es también velar por relaciones donde nos sintamos reconocidos y tiene que ver con cómo interactuamos las personas”, dice.

Rivera explica que hay indicadores sociales que hablan muy mal de nuestra sociedad, como la tolerancia a la corrupción, a la discriminación o a la violencia. “La tolerancia a la corrupción que tenemos como sociedad es altísima. El que en las interacciones interpersonales sea común dar ‘regalitos’, como comprar una gaseosa al policía o a quien te hace los trámites para que agilice tus gestiones, quiere decir que se tiene naturalizada la coima. La evaluación de nuestra salud mental como sociedad no es positiva, pues está naturalizado ‘el que puede, puede’, lo que valida que vivimos en una sociedad desigual. Entonces, se termina reconociendo que no todos tenemos los mismos derechos”, señala.

LA SALUD MENTAL COMUNITARIA

La Ley 29889, promulgada el 23 de junio del 2012, modifica el artículo 11 de la Ley 26842, Ley General de Salud, y establece garantías sobre los derechos de las personas con problemas de salud mental. En su texto, la Ley establece que la atención de la salud mental se debe realizar en el marco de un abordaje comunitario, interdisciplinario, integral, participativo, descentralizado e intersectorial.

En ese marco, el reglamento de la Ley, publicado el año 2015, establece la creación de los Centros de Salud Mental Comunitarios (CSMC), cuya implementación empezó el año 2016. “Hasta ahora tenemos 29 CSMC descentralizados y tenemos el propósito de llegar a 40 a fin de año, aunque la meta es implementar 310 a nivel nacional. Así, la salud mental podrá ser tratada en el primer nivel de atención, lo que facilitaría el acceso a los ciudadanos de todo el país, pues los CSMC ofrecen consejería, atención, soporte a las familias y otros servicios. Pero la ley y el reglamento no solo apuntan a estos centros, hay que desarrollar otras respuestas adicionales que van a ser posibles si tenemos esta red de servicios descentralizados, como tener programas para personas con trastornos mentales que están viviendo en calles y desarrollar respuestas para aquellos que necesitan un tiempo mínimo de hospitalización en los hospitales generales”, explica el Dr. Yuri Cutipé.

Sobre el internamiento de los pacientes, la Ley establece que este debe ser el último de los recursos. “Todos los hospitales del Perú deben tener un servicio de salud mental con internamiento, de modo que se pueda atender a las personas. Estamos en proceso de reforma y hemos conseguido financiamiento para que 15 hospitales de regiones tengan su equipo de internamiento”, dice Cutipé, al refrerirse a la siempre esperada y urgente reforma en el área de salud mental, tan necesaria en un país como el nuestro, a todas luces enfermo.

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