28 de agosto del 2017

Informe PuntoEdu: Derechos lingüísticos en el Perú

Se acaba de aprobar la Política Nacional de Lenguas Originarias, Tradición Oral e Interculturalidad, y especialistas de nuestra Universidad y del Estado analizan la importancia de su correcta aplicación para apuntar a entendernos como el país multicultural que somos.

La historia de los pueblos indígenas en el Perú está llena de episodios más que tristes, lamentables. Explotación, invisibilización y exclusión son palabras infaltables al momento de contar cómo han sido tratados los peruanos pertenecientes a comunidades indígenas desde que la historia de nuestro país se empezó a escribir en castellano. Por ello, la aprobación de la Política Nacional de Lenguas Originarias, Tradición Oral e Interculturalidad (D.S. N°005-2017-MC) representa un hito y un gran logro para quienes creen que la interculturalidad y la multiculturalidad en nuestro país deben ser reconocidas sin ánimo folclórico.

La Dra. Stephanie Rousseau, docente del Departamento de Ciencias Sociales, señala que es un logro para todos los hablantes de idiomas originarios, porque “revierte la política monolingüe del Estado peruano, desde la fundación del país, e introduce una noción muy importante: la de los derechos lingüísticos. Esta noción aparece en la constitución de 1993 pero no fue sino hasta el 2011 cuando se aprobó la ley. Entonces ha sido, efectivamente, una larga lucha que, sin embargo, ha sido poco visibilizada en el debate público”.

Lo que hace esta política -explica el profesor del Departamento de Ciencias Sociales, Iván Lanegra- es definir los objetivos y los principales ejes de acción que se van a llevar a cabo para cumplir el objetivo de la Ley de Lenguas, de su reglamento y de la política misma, que es asegurar los derechos lingüísticos de los peruanos. Y añade: “El derecho de usar tu lengua tiene dos caras, un lado individual, que es el ejercicio que cada uno hace de su lengua; y una dimensión colectiva, que tiene que ver con la cultura y que es muy importante en un contexto de diversidad cultural. La lengua es un elemento esencial de la cultura y tiene un valor en tanto que contribuye a garantizar el desarrollo de las demás expresiones de una cultura específica. Proteger los derechos lingüísticos implica garantizar ambas dimensiones y generar las condiciones para que las lenguas se mantengan vitales”.

El Mg. Agustín Panizo, jefe de la Dirección de Lenguas Indígenas del Ministerio de Cultura y egresado PUCP, destaca que el gran aporte de esta política es que “por primera vez el Estado peruano ha identificado la pérdida de lenguas y la vulneración de los derechos de sus hablantes como un problema público, porque antes era una preocupación de algunos sectores estatales. Pero esta vez es el Estado en su conjunto el que ha dado una respuesta coherente y sólida al problema, a la situación de sus lenguas y la vulneración de derechos de los hablantes. Es cierto que faltan avances, este es solo el punto de partida”.

Este cambio de paradigma que implica la introducción de derechos lingüísticos no es simplemente acomodar a la gente o ser amables con quienes no hablan castellano. Esto, según la Dra. Rousseau, es un cambio que se va a demorar un buen tiempo en entrar en la cultura ciudadana.

BILINGÜISMO, RACISMO Y OTROS ISMOS

“Hay una historia larga en donde lo indígena se ha visto como lo atrasado, lo salvaje, lo incivilizado, algo que hay que dejar atrás como parte de un pasado obsoleto que hay que abandonar. El uso del quechua es visto casi como una pieza de museo más que como un elemento social. Entonces, esa es una historia acompañada por los estigmas, los prejuicios sobre la lengua originaria y que no solo se ha extendido a la lengua, sino incluso a las transformaciones del idioma español como conciencia de la relación con las lenguas originarias, porque hay formas de hablar regionales que están vinculadas con estas historias locales y nos burlamos. Estigmatizamos no solo la lengua indígena, sino también el español con las condiciones regionales”, señala Iván Lanegra.

El Dr. Roberto Zariquiey, docente del Departamento de Humanidades, en ese sentido, destaca el esfuerzo que han hecho los pueblos indígenas por aprender el castellano e incorporar el bilingüismo a su cotidianidad, por lo que es absurdo el racismo y el pensamiento que predica que la diversidad es mala. “Cosas como el artículo de Alfredo Bullard en El Comercio, donde postula que la única manera de reconciliarnos y unirnos como país es hablar la misma lengua es descabellada. No hay que tenerle miedo a la diversidad, además la mayoría de pueblos indígenas tiene altos grados de bilingüismo. Lo que está haciendo el Estado con esta política es decirles a los pueblos indígenas que así como ellos aprenden castellano, el Estado también tiene que aprender su lengua y satisfacer sus derechos en su lengua. Una cosa no niega a la otra”, dice.

El Dr. Zariquiey recomienda, por ello, promover las políticas lingüísticas que vengan desde abajo. “Lo que nosotros necesitamos saber es qué están haciendo los pueblos indígenas con sus lenguas, qué están creando, para qué las usan, en qué espacios y, una vez que entendamos eso, necesitamos impulsarlo. Yo sí creo que es importante que en los ministerios haya intérpretes, pero tan importante como eso creo que sería promover y preservar los usos que esas lenguas tienen en la actualidad. La pregunta no debería ser sobre qué usos nuevos les quieres dar a las lenguas indígenas en el marco de una nueva política, sino qué usos tienen y cómo hago para que no desaparezcan. Cuando tú te enteras de que en las comunidades indígenas, en sus hogares, la lengua de comunicación entre padres e hijos es el castellano, es obvio que algo hemos hecho mal como sociedad”, señala.

A esto Panizo añade: “Cuando estudias inglés, no te obligan a que ya no hables castellano, pero eso es exactamente lo que se les ha pedido a los hablantes de lenguas originarias: ahora que sabes castellano, ya no sigas hablando tu lengua. Hay dos formas de ver el bilingüismo: uno, sustractivo, es decir, aprendes una segunda lengua y abandonas la propia; o aditivo, que es el natural, que es el que existe en todo el mundo: aprendes varias lenguas porque te sirven para distintas cosas. No tiene que obligar a la desaparición de las lenguas originarias, ¿por qué no pueden coexistir? Una lengua es importante para una persona porque le permite hacer cosas como criar, dar amor, sentirse parte de una comunidad. El castellano no les sirve para esas cosas, sino para otras”.

Es cierto que los pueblos indígenas no han tenido opciones. El profesor Zariquiey explica: “A ellos les hemos dicho: ‘¿Quieres trabajar, quieres sobrevivir, quieres tener plata para darle de comer a tus hijos? Aprende castellano, deja tu lengua’. Obviamente, los propios hablantes de estas lenguas han tomado la decisión de enseñarles el castellano, antes que sus lenguas maternas, a sus hijos. Al final son decisiones de las personas, pero no son decisiones libres. No le hemos dicho ‘Mira, tienes dos lenguas y tu vida va a ser exactamente igual. Vas a tener acceso a los mismos derechos y bienestar empleando cualquiera de las dos’. Las personas toman la decisión de abandonar su lengua y la de sus padres, por lo general, cuando el contexto es muy adverso. Eso también es algo que suelen decir las personas que critican este tipo de medidas: que los propios indígenas no quieren hablar su lengua, que por qué los vamos a obligar a preservarla. Y no se trata de obligar o no, se trata de crear las condiciones para que los pueblos indígenas puedan tomar una en condiciones justas. Si ellos deciden hablar castellano, no puedes obligarlos a que preserven su lengua, pero si tú no rompes esa asociación entre lengua y pobreza, lengua y discriminación, lengua y ciudadanos de segunda clase, es obvio que la gente va a dejar las lenguas y eso, al final, es triste. Para el isconahua, por ejemplo, hay solo seis hablantes, dos de los cuales son totalmente sordos. Y vieras la pena que sienten. A estas personas se les ha quitado algo, y ahora, cuando son seis, reciben atención del Estado y tal vez ya es un poco tarde”.

El cálculo, según Zariquiey, es que, para el 2100, el 90% de la diversidad lingüística desaparecerá, y de las seis mil y siete mil lenguas que existen en el mundo solo van a quedar entre 600 y 700. ¿Cuántas de las 47 lenguas reconocidas en el Perú sobrevivirán?

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