26 de enero del 2017

Incendios forestales: ¿estamos preparados?

Más de 40 incendios atacaron al país solo en noviembre pasado. En Chile, se presentan, este mes, los incendios más grandes de su historia. Dos expertos de la PUCP explican qué acciones tomar para prevenir estos fenómenos.

En noviembre, 43 incendios forestales en diez regiones del país hicieron tambalear tanto a comunidades, gobiernos regionales y al mismo Ejecutivo. El daño, aún por calcular en su totalidad, fue tal que se tuvo que declarar emergencia ambiental en Cajamarca y Lambayeque. Además 2,560 hectáreas resultaron quemadas en siete áreas protegidas, lo que provocó que el gobierno reconociera que el país no estaba preparado para tantas emergencias en simultáneo.

Esta situación, que pareciera haber ocurrido súbitamente, en realidad había sido alertada desde agosto por un grupo de científicos, junto con la organización ProNaturaleza, en una carta dirigida al presidente de la República, Pedro Pablo Kuczynski, al ministro de Agricultura, José Hernández, y a la misma ministra Galarza. Eso nos hace preguntarnos: ¿qué necesitamos para enfrentar, de forma organizada, los incendios?, ¿qué los ocasiona? Dos expertos de la PUCP, en geografía y en ciencias naturales, nos detallan el panorama y la urgencia de atención que merecen estos fenómenos.

El origen del fuego

Cuando examinamos un incendio forestal, las causas pueden ser naturales o humanas. Aunque el estrés hídrico y los vientos pueden avivar una llama, las temperaturas que tenemos en el Perú no son tan altas como para desatar un incendio. La gran causa se reduce, casi siempre, a las costumbres de los agricultores y de los habitantes de las zonas aledañas. “Hay ciertas tradiciones, como la limpieza de los campos que se preparan para el tiempo de lluvias, en las que se concentran montones de parcela y se les prende fuego. Además, en las partes altas de la sierra, se quema el ichu seco con la intención de que rebrote pasto fresco”, comenta el director ejecutivo del Centro de Investigación en Geografía Aplicada (CIGA), el Dr. Hildegardo Córdova.

La Dra. Ana Sabogal, investigadora del Instituto de Investigación en Ciencias de la Naturaleza, el Territorio y Energías Renovables (INTE), cree que, en el caso peruano, el problema se descontroló por el desequilibrio en el uso de los ecosistemas. “El bosque ha sido intervenido por el hombre desde hace miles de años, tanto que la naturaleza lo entiende como parte de su dinámica. Sin embargo, con la deforestación fomentamos una situación como esta”, indica la especialista.

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Dr. Hildegardo Córdova del CIGA y la Dra. Ana Sabogal del INTE.

El trabajo inmediato

A inicios de diciembre, se anunció que los incendios se detuvieron. Para los expertos, el siguiente paso es la regeneración de ese ecosistema que ha sido violentado por el fuego a través de la reforestación con especies locales y de rápido crecimiento. “Hay que evaluar la reforestación con pinos, que es el árbol que más se usa en estos casos”, dice la Dra. Sabogal. No solo demora entre 20 y 30 años en alcanzar 6 o 7 metros, sino que es un gran acumulador de cera, lo que propiciaría fácilmente otro incendio.

El Dr. Córdova indica que, luego de un evento de esta magnitud, las partículas quemadas quedan en suspensión por un tiempo y actúan como filtros que impiden la entrada de la radiación solar, mientras absorben calor y vuelven más árida la tierra. “La reforestación temprana es una buena respuesta a esto”, agrega. Por último, no solo el mundo vegetal se ve afectado con el incendio. Los hábitats de especies como el oso de anteojos han sido perjudicados en Lambayeque, por ejemplo. “Se produce una fragmentación del hábitat. Para no dañar al animal, habría que crear conectores ecológicos (hileras de bosque) entre los espacios que han sido interrumpidos”, aconseja la especialista Sabogal.

Prevención por ejecutar

“No estuvimos preparados para los incendios forestales”. Esa declaración, a fines de noviembre, de la ministra del Ambiente, Elsa Galarza, fue señal de lo lejos que estamos en materia de prevención. Según la Dra. Sabogal, en Estados Unidos y Europa, existen programas de alerta temprana para minimizar los daños. “Se trabaja con fotos satelitales, se observa la cantidad de humedad que hay y se monitorea el escenario”, comenta. “Aquí no está institucionalizado ese programa”, señala.

El Dr. Córdova explica que existen sequías periódicas desde hace décadas, como la que atacó el altiplano en los años 60. “Uno pensaría que ya existe una acción preparada para este tipo de eventos, pero una vez que pasa el problema nos olvidamos del asunto”, dice.  Para él, la responsabilidad recae en los ministerios de Agricultura y del Ambiente, que deberían tener un control de las actividades agropecuarias, a través de la educación de personas en zonas rurales y urbanas ,y que esté a cargo de los estudiantes de las universidades regionales. “Necesitamos empoderar el trabajo local. Hay que actuar sin esperar que el gobierno central haga algo al respecto”, agrega. Se puede prevenir identificando las zonas de riesgo. “Hay ecosistemas que tienen clímax de fuego, una capacidad ecológica de los ambientes secos que permite que los nutrientes se reciclen, desarrollan grasa o sustancias alcohólicas que hacen que los árboles se incendien por medio del fenómeno de lupa”, describe la Dra. Sabogal.

Para el Dr. Córdova, una de las acciones locales que se pueden ejecutar es la recolección sistemática y local de agua para evitar las tierras áridas para que este problema no sea mayor, como sucedió el año pasado. “Se pueden construir una serie de reservorios medianos. Hay que revalorar el potencial que heredamos de los antiguos peruanos acerca del trabajo comunal y el autosostenimiento”, indicó.

 

FOTO: Andina

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