30 de julio del 2013

¿Es necesario un teleférico en Lima?

En setiembre se dará inicio a la construcción del Teleférico de Lima, proyecto de inversión privada que unirá el Parque de la Muralla con el Cerro San Cristóbal. El arquitecto Renato Manrique, docente y Secretario Académico de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la PUCP, analiza la obra que tendrá un costo total de 8 millones de dólares ¿Valdrá la pena?

Así como Sao Paulo, Santiago, Bogotá o Caracas, para junio del 2014, Lima tendrá un teleférico. El Ministerio de Cultura aprobó a inicios de año el trazo final del Teleférico de Lima, iniciativa de inversión privada que unirá al Parque de la Muralla con el Cerro San Cristóbal. Solo falta que el inversionista culmine el expediente de ingeniería definitivo para que en setiembre se inicien las obras.

“La importancia del teleférico es que permite llevar a una mayor cantidad de pasajeros de un sitio A a un sitio B cuando entre ambos exista una topografía muy accidentada y de accesibilidad limitada. Pero como cualquier otro medio de locomoción, no se puede implementar de manera indiscriminada sino que debe responder a los verdaderos intereses de la sociedad”, señala el arquitecto Manrique.

Pros y contras

De acuerdo al asesor de la Gerencia de Promoción de la Inversión Privada de la Municipalidad de Lima, Augusto Rey, esta obra permitirá que los turistas visiten el Cerro San Cristóbal de forma segura, es amigable con el medio ambiente y realzará el valor de la zona. Además, será un excelente complemento del proyecto Vía Parque Rímac, actualmente en ejecución, que busca recuperar la ribera del río y generar espacios culturales, deportivos y recreativos.

La estación de salida del Teleférico estará ubicada en el Parque de la Muralla y tendrá un centro de información turística, mientras que la estación de llegada del Cerro San Cristóbal contará con un museo de sitio, un restaurante-cafetería y un mirador. El viaje tardará ocho minutos, permitirá transportar a 700 personas a la vez y costará S/. 3.50 soles.

Sin embargo, a diferencia de los buses de transporte público, cuya flota puede renovarse con rapidez y cuyas rutas pueden cambiarse con facilidad según convenga, los teleféricos tienen un costo muy alto al principio, son poco flexibles a la oferta y a la demanda y su recorrido es fijo. “Un teleférico es para siempre”, acota Manrique.

Sin lugar a dudas, la implementación del Teleférico de Lima traerá grandes cambios en el panorama visual de Lima Centro y del Rímac: “El Cerro San Cristóbal está muy presente en el imaginario de los limeños y es parte fundacional de la identidad de la ciudad. Por la naturaleza de esta infraestructura, el teleférico va a causar un gran impacto. Colóquese donde se coloque, alterará el paisaje de la ciudad”.

Integración y movilidad

Pero más allá de estas consideraciones técnicas, Manrique cuestiona que el diseño de este proyecto esté orientado a favor de los turistas y que no busque solucionar los problemas de movilidad de los habitantes del Cerro San Cristóbal. Desde su punto de vista, sería un proyecto limitado e innecesario.

“No se trata que los turistas lleguen más rápido para tomarse una bonita foto de la ciudad desde el mirador, sino que los pobladores del cerro, que tienen que salir a trabajar todos los días, cuenten con transporte público barato, espacios públicos y paraderos. Tal como está anunciado, el teleférico está perfectamente alineado al interés de un operador turístico pero no está alineado a los intereses de la ciudad. Lo que debería estar en discusión es si en el fondo la ciudad necesita eso. Es muy bonito ir al Cerro San Cristóbal pero la ciudad tiene un montón de prioridades más”.

Teleféricos sociales

De acuerdo a Manrique, lo ideal sería contar con “teleféricos sociales”, que sirvan como alimentadores de otros servicios de transporte y que tengan un costo más económico. San Juan de Lurigancho, Carabayllo o El Agustino podrían verse beneficiados con proyectos de esta índole.

El Metrocable de Medellín es un claro ejemplo de ello: estos corredores aéreos están articulados al sistema de metros de la ciudad, y permiten que sus usuarios, en su mayoría población de menores ingresos, puedan emplear ambos servicios sin pagar un valor adicional. Además, ha permitido crear espacio público e implementar infraestructura social donde antes no había presencia del Estado (por estas vías pasan las redes eléctricas, sanitarias y de desagüe y en las estaciones se han edificado bibliotecas y centros culturales).

Un teleférico para cada región

De manera paralela, el Ministerio de Vivienda, Construcción y Saneamiento suscribió en mayo convenios marco con doce autoridades de gobiernos regionales y locales como parte del “Programa Teleféricos” lanzado por el gobierno, que busca mejorar la accesibilidad de las poblaciones asentadas en alta pendiente y de difícil acceso. Su meta es contar con 24 proyectos a nivel nacional, concluidos o por terminar, antes de que finalice este mandato presidencial.

“En todo el Perú, hay una demanda bastante grande de teleféricos. Es un país agreste y la movilidad es muy complicada y restrictiva. Es un tema muy político en realidad, porque es una infraestructura que la población quiere y que puede resolver problemas reales de movilidad y de acceso a recursos que no están explotados. Resulta más barato que hacer una carretera y puedes controlar y planificar el crecimiento urbano con mayor eficacia”, señala el arquitecto.

El primer proyecto a ejecutar será el teleférico que unirá al poblado de Kiuñalla (Apurímac) con el Parque Arqueológico de Choquequirao (Cuzco) y que demandará una inversión de S/.125 millones de soles. El trayecto tendrá una longitud de 5.1 kilómetros y podrá transportar a 400 pasajeros cada hora, en un viaje que tardará 15 minutos en lugar de los dos días que toma hoy llegar a las ruinas. Se prevé que estará listo para el segundo semestre del 2014.

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