01 de marzo del 2017

El control de armas de fuego y su relación con la delincuencia

El tiroteo que dejó cinco muertos en el distrito de Independencia trajo al debate el tema del control de armas. El profesor Jaris Mujica explica los vacíos y riesgos que existen en este ámbito.

En el Perú no se fabrican armas. El Mg. Jaris Mujica explica que el incremento de compra y venta de armas pequeñas de puño (es decir, armas que pueden ser transportadas, portadas y disparadas con una sola mano) se debe a que el volumen de importación se ha incrementado hasta cinco veces. “Han aumentado también las empresas que comercializan armas, las tiendas que las comercializan y la compra de armas tanto de civiles como de agencias de seguridad privada”, dice.

Sin embargo, la regulación no siempre ha sido adecuada. “La regulación en los años anteriores ha sido muy mala. Hace poco tiempo ha comenzado a mejorar. Al mismo tiempo, la Superintendencia Nacional de Control de Servicios de Seguridad, Armas, Municiones y Explosivos de Uso Civil (Sucamec) empezó a sistematizar y organizar la información sobre las armas de fuego, licencias y portadores, pues años atrás no teníamos idea de cómo era la situación”, añade el especialista.

Pero ¿cómo se alimenta el mercado de armas de fuego? Mujica explica que “el mercado ilegal de armas de fuego aún no es tan grande como pensamos, el grande es el mercado formal”, y aunque la investigación en este terreno aún es escasa, todo apunta, según él, a que el mercado informal se alimenta de armas reportadas como robadas, perdidas o con licencias vencidas. “Es muy interesante constatar que un gran porcentaje de las armas que se incautan a la delincuencia no proviene del crimen internacional, sino son armas que fueron legales, entraron legalmente al país, se vendieron legalmente en una tienda (en algunos casos, son armas que tenían legalmente los delincuentes), o que fueron reportadas como perdidas o robadas por civiles y agentes de empresas de seguridad privada. Hay otro contingente que tiene los registros borrados, lo que hace suponer que se trata de un arma que en su momento fue legal”, señala.

En caso de las licencias vencidas, hasta hace poco tiempo se podía tener un arma, comprarla, solicitar el permiso y cuando se vencía la licencia, el portador pasaba a una situación no de ilegalidad sino de irregularidad. En cambio ahora, con la reforma, una vez que se vence la licencia, se entra en una situación de ilegalidad y el arma se convierte en ilegal. ¿Qué se hace en estos casos? Mujica explica que cuando se vence la licencia, se debería renovar o devolver el arma, pero “no hay capacidad operativa para detectar estas armas, y además la cantidad de usuarios que están en constante movimiento ha hecho imposible la recaptura de armas. Como tampoco existe un registro efectivo, no sabemos cuál es la situación de irregularidad de los permisos y licencias”, dice.

Las armas pequeñas de puño, según el especialista, no son difíciles de conseguir, las municiones también son, relativamente, de fácil acceso. ¿En qué escenario pone al país esta situación? Para Jaris Mujica, es una situación extrema que, de milagro, no ha explotado. “Tienes un país que tiene una tasa de homicidio doloso por armas de fuego que ha aumentado un poco pero no a niveles de epidemia. Sin embargo, tienes el escenario perfecto para que suceda: miedo, armas y facilidad de acceso”, finaliza.

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Departamento de Ciencias Sociales

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