01 de septiembre del 2014

Patrimonio en valor: Camino Inca

Con una visión que compone armónicamente la modernidad y la inclusión con nuestra historia, el proyecto del profesor Manuel Flores fue el ganador del concurso de diseño arquitectónico para la puesta en valor integral del Camino Inca, ubicado en el campus.

Un camino de tierra de 467 metros, que atraviesa y divide la Universidad. Un recorrido acompañado por muros de adobe de altura oscilante por el tiempo. Un puente rústico de madera que lo cruza. Carteles casi olvidados que indican ‘No pasar’. “El Camino Inca es un patrimonio importantísimo, pero ha sido el patio trasero de la PUCP durante años. Lo hemos preservado, pero no lo hemos conectado a la vida diaria ni a los espacios públicos”, señala el Arq. Manuel Flores, docente del Departamento de Arquitectura y ganador del Concurso de Diseño Arquitectónico para la Puesta en Valor Integral del Camino Inca, convocado por el Vicerrectorado Administrativo.

Luego del diseño del Complejo de Innovación Académica, que fue coordinado con el Ministerio de Cultura por su cercanía al camino, se decidió convocar a un concurso que buscaba la mejor propuesta paisajística del camino, de los puentes y de la iluminación de los restos de este monumento prehispánico, para lograr así su integración completa con la Universidad. Participaron profesores y egresados de nuestra Facultad de Arquitectura y Urbanismo, y el pasado 10 de junio se anunció al ganador: “El jurado eligió la idea del Arq. Flores porque tiene una visión minimalista del espacio y le da más relevancia al monumento”, indica el arqueólogo Carlos Olivera, de la Oficina de Obras y Proyectos de la PUCP.

Manuel Flores ha invertido gran parte de su tiempo profesional y académico en abordar temas de infraestructura pública que valore el patrimonio. “En el país, la visión que tenemos es una que, finalmente, termina alejando y deteriorando nuestro pasado. Es extremadamente conservadora porque cerca los espacios, y los llena de leyes y de alambres de púas”, señala.

De esa forma, su proyecto propone eliminar la pista próxima al Camino Inca y colocar alamedas a ambos lados para acercarlo a la comunidad PUCP. “La idea es que la población estudiantil lo camine y lo mire. Buscamos que la parte de tierra del piso continúe hasta un punto, pero que la zona adyacente esté al mismo nivel. De tal manera que uno pueda sentir que puede tocar el muro, sin tocarlo”, indica. Además, él considera que uno de los atractivos del Camino Inca es el adobe usado para su edificación: “Es impresionante cuando aprecias la textura y el sistema constructivo. Comienzas a valorar el objeto”, señala al respecto.

El proyecto propone servirse del campo deportivo de la especialidad de Ingeniería de Minas para crear tribunas para conciertos y organizar eventos deportivos que tengan el camino prehispánico como telón de fondo. “Cuando el patrimonio lo relacionas con un espacio donde la gente se divierte, tu visión comienza a ser positiva. El patrimonio también lo respetas porque es parte de los espacios que te favorecen y mejoran tu calidad de vida como estudiante, como persona”, dice.

El arquitecto considera que la realización del mismo podría ser una interesante iniciativa experimental, que luego se aplique a otros sectores de la ciudad cercanos a nuestro patrimonio. “Hay que generar un espacio valioso, que forme parte de una nueva dinámica urbana”, explica. Para Flores, la valoración de nuestra historia no es solo teórica, es real y activa.

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