11 de junio del 2014

Un viaje estelar

Acompañamos a los alumnos del curso de Cosmología, de Estudios Generales Letras, durante un viaje a Canta. El objetivo: realizar observaciones astronómicas durante 12 horas seguidas con asesoría, así como mapas del cielo y telescopios.

Sábado 31 de mayo. 8 p.m. 110 kilómetros al noreste de Lima, provincia de Canta, con dirección a la Cordillera La Viuda. 3,000 msnm. 55 alumnos del curso Cosmología, de Estudios Generales Letras. 1 profesor y 3 jefes de práctica. Se levantan las carpas y se arman los telescopios. 9 p.m. Se prohíbe el uso de luces brillantes, solo las luces rojas tenues están permitidas. Mapas del cielo en mano. Eje norte-sur identificado. Universo poblado de “objetos celestes”. Empiezan las observaciones astronómicas.

“En ciencias naturales, algo que marca la diferencia es el experimento. Como se dice, ‘ver para creer’. En el curso damos los conceptos y las herramientas intelectuales para entender el Universo de manera introductoria, pero cuando lo ves es completamente diferente. Canta tiene un cielo transparente y es perfecto para este trabajo”, explica la Mg. Myriam Pajuelo, física por la PUCP, docente del Departamento de Ciencias y responsable de este curso. Organizados en grupos de 5, los alumnos tienen un intenso plan de trabajo, con horarios definidos, que deben cumplir a cabalidad para, luego, presentar un informe. “A los chicos les advierto que deberían dormir antes o en el bus, durante en el camino”, dice la profesora.

El listado de observaciones parece interminable: ubicar a Marte y Saturno; graficar las constelaciones del Escorpión y el León; identificar a Régulos, Algieba y Denébola; buscar el Gran Cucharón; encontrar la Cruz del Sur y la Falsa Cruz; describir el Saco de Carbón; localizar la Gran Nube de Magallanes y demás, sin ninguna herramienta más que los ojos, y apuntando siempre los ángulos de acimut y altitud estimados, así como la hora exacta.

Después, llega el turno de usar los telescopios: encontrar a Omega Centauri; mirar la coloración de Alfa y Beta Centauri; ubicar los puntos Polo Sur Celeste, Polo Norte Celeste y Polaris; ubicar el arreglo de estrellas llamado la Corona Boreal… Hasta que llega el momento estelar de la noche: observar a Saturno. Es realmente impresionante la claridad con la que se pueden distinguir los anillos característicos de este planeta. Su belleza hace que queramos mantener los ojos clavados en el firmamento. Saturno es el segundo planeta más grande del Sistema Solar y el único con anillos visibles desde la Tierra, así que se trata de una verdadera joya para la observación as-tronómica.Después de esta experiencia, viene un merecido descanso de una hora, pero aún queda mucho trabajo por hacer.

11 p.m. Temperatura: 5° y continúa descendiendo. Es el turno de Escorpio, Antares, M6 y M7, el asterismo de La Tetera, la Corona Austral, Ofiuco, la Cabeza del Dragón, Hércules, etc.1:30 a.m. Descanso, nuevamente. 2:30 a.m. De vuelta al ruedo y sin parar hasta el amanecer. Temperatura: 3°. La lista continúa: M92, la constelación del Cisne, Deneb, la Vía Láctea, Albireo, el Delfín y la Flecha, la Nebulosa Hélice, el Cuadrado de Pegaso, Neptuno, Acuario, Urano, Piscis, la Gran Galaxia de Andrómeda… Imposible nombrar todos los objetos celestes que los alumnos de Cosmología pudieron apreciar esa noche. “La idea es que observen y reconozcan, para que, a partir de esto, puedan entender qué es una estrella fija, un planeta, una galaxia o una nebulosa. Entonces, la perspectiva que tienen tras esta experiencia es muy diferente a la del alumno al que solo se lo contaron y le mostraron imágenes”, dice la Mg. Pajuelo. Y agrega: “Entender el Universo es complicadísimo. Durante las evaluaciones y las clases se trata de hacer énfasis en lo difícil que es entender conceptos como el Big Bang e ir avanzando en los niveles de complejidad”.

Ha amanecido, pero el trabajo aún no ha terminado. Se guardan las carpas, se regresa a los buses y se desciende hacia la Plaza de Canta. Se arma el telescopio solar: la última observación del viaje estuvo destinada a la estrella más cercana a la Tierra. Al final del plan de trabajo que se les entregó a los alumnos dice la siguiente advertencia: “Solo se debe ver el Sol con el telescopio solar, no con los binoculares u otros telescopios. Peligro de daño irreversible (ceguera).

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