12 de junio del 2013

“Un Estado débil tiene ladrones muy poderosos”

Alfredo Moreno

Historiador y profesor del Instituto de Historia del Centro de Ciencias Humanas y Sociales de Madrid.

Es especialista en historia virreinal y se ha interesado en investigar la corrupción que campeaba durante la época de la colonia. El Dr. Alfredo Moreno visitó nuestra Universidad para dictar la conferencia “Los virreyes peruanos como paradigmas de corrupción institucional”, organizada por la Facultad de Letras y Ciencias Humanas, y el Instituto Riva-Agüero.

Durante el evento, el peruanista presentó los últimos resultados de la investigación que dirige en Madrid, explicó algunas de las causas que generan la corrupción y hacen que la dejen impunes, y esbozó salidas para evitarla y suavizarla en todos los ámbitos. Como el Dr. Moreno refiere, “utilizando el magisterio que la historia tiene, es útil sacar algunas enseñanzas y eliminar la lacra que es la corrupción”.

¿Cómo se puede investigar la corrupción durante el virreinato?

El interés del grupo que dirijo es intentar examinar debajo de las alfombras del virrey, visto como el paradigma de poder. No nos interesa la historia oficial, sino esa que se encuentra en la comunicación del virrey con su entorno más cercano. Qué le dice a su notario, a su socio, a su hermano, a su mujer. Nuestro intento es descubrir la otra cara de los virreyes a partir de su documentación privada, la cual cuenta que los virreyes vinieron a América no solo por el honor de servir al rey sino también para engordar su bolsillo. Los virreyes nunca salieron pobres de América Latina, aumentaron su propia fortuna a través de diferentes resquicios, y esos son los que investigamos.

¿Dónde se concentraba la corrupción en la época virreinal?

Durante el virreinato estaba permitido que el rey venda los títulos de funcionarios públicos (corregidores, alcaldes). A finales del siglo XVII se vende, incluso, el puesto de virrey, lo cual no puede verse como corrupción, porque la ley así lo permitía. Este sistema de venalidad de cargos era fallido porque, por ejemplo, el título de corregidor era comprado por 50 mil pesos, pero la ganancia era de 3 mil pesos al año, lo que, multiplicado por los 5 años que duraba el cargo, resultaba en 15 mil. El que opta ese cargo pagando esa cantidad no lo hace para arruinarse. Los corregidores nacieron como defensores de los indios y concentraban todo el poder como jefes militares, jueces y recaudadores de impuestos. Pero como habían pagado más por el cargo de lo que iban a cobrar, automáticamente crean una espiral de corrupción y se convierte en un látigo de agravios para los indígenas.

¿No había ningún mecanismo de vigilancia contra la corrupción?

Había muchos, pero estructuralmente era difícil porque el sistema era corrupto per se. Esto desde una sensibilidad actual, no desde una del siglo XVI o XVIII. El vender cargos al mejor postor y, sobre todo, a un funcionario que se encargará de administrar justicia, ya de por sí nos parece un acto condenable. Sin embargo, en esta forma de gobernar, la gente no tenía conciencia moral de la corrupción. Lo que sí había era un mecanismo de fiscalización para los funcionarios públicos que terminaban su periodo de gobierno. Por ejemplo, un corregidor luego de cinco años era sometido a un juicio de residencia: su sustituto llegaba y escuchaba las quejas contra el corregidor saliente. Pero como el entrante también había comprado el cargo y tenía deudas, le pedía una fuerte cantidad de dinero para absolverlo.

¿Qué similitudes se pueden establecer entre la corrupción de esa época y la actual?

Es muy difícil dar saltos en la historia, pero considero que la corrupción está siempre muy vinculada a la debilidad de un Estado. Un Estado fallido es donde los corruptos prosperan. Si se permite que redes clientelares entren en la administración del Estado, se genera una confusión entre lo público y lo privado, disputa en la que siempre acabará ganando lo privado. En la  actualidad, un Estado débil es un Estado fallido, incapaz de hacer frente a lo que es debido como Estado, y cuando hay un Estado débil, hay ladrones muy poderosos.

¿Se podría decir que una república democrática es menos corrupta que una monarquía?

Las monarquías actuales, como la española, tienen un rey que no puede hacer nada si el Parlamento no se lo permite. La solución no está en la forma de gobierno, república o monarquía, sino en que haya ejemplaridad en los políticos y, sobre todo, en que la sociedad entera esté pidiendo a los políticos que se regeneren y que sean políticos para servir al pueblo. En el barómetro oficial del Centro de Investigaciones Sociológicas de marzo, la corrupción es la segunda preocupación para los españoles, después del desempleo.

¿Qué medidas se pueden tomar para frenar la corrupción?

El problema es que la corrupción tiene una vocación de transversalidad política. Los políticos corruptos están en cualquier partido, sean de derecha, de izquierda o de centro. Lo que más hay son individuos corruptos y ya no tanto una corrupción institucional. La mejor solución es la ejemplaridad de quienes nos gobiernan. Hay muchos que aceptan el “si roba y gobierna, que siga”, pero no se puede permitir que alguien robe y gobierne. No es que la corrupción esté prohibida, sino que es una lacra que pudre la sociedad. La solución pasa por la regeneración y la ejemplaridad.

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Facultad de Letras y Ciencias Humanas
Instituto Riva-Agüero

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