05 de agosto del 2016

“Una infografía periodística bien hecha es periodismo, no tiene nada de arte”

Jaime Serra

Jefe adjunto del diario "La Vanguardia" de Barcelona

Sin darnos cuenta, emitimos datos continuamente. Existe un registro, en algún servidor, de nuestros gustos, preferencias, preocupaciones e, incluso, anhelos. Vivimos en un mundo datificado. Toda esta información codificada no cobra sentido ni utilidad hasta convertirse en material visual. Para este fin, la infografía es una herramienta clave. La Maestría en Comunicaciones de la PUCP tuvo como profesor invitado a Jaime Serra, infografista y jefe adjunto del diario La Vanguardia de Barcelona. El año 2012 fue reconocido como el infografista más influyente de los últimos 20 años por la "Society for News Design". Hoy comparte con nosotros su perspectiva sobre la infografía, el periodismo y la datificación del mundo.

Estamos ante un fenómeno conocido como Big Data, donde la información y los datos abundan.

Es una realidad en la que estamos viviendo. Estamos mandando todo el tiempo la geolocalización por el móvil. Se puede saber dónde estás, cuántas horas estás en un lugar, luego ver hacia dónde vas. Estamos todo el tiempo, sin darnos cuenta, enviando datos claramente objetivos, ya que no necesitan nuestra interpretación para tenerlos. Antes te podían preguntar: “¿cuántas veces va a comprar al supermercado?”. Ahora no hace falta eso, pues se sabe perfectamente cuántas veces vas y qué compras. Todos esos datos son recogidos por las grandes corporaciones en Internet y almacenados en grandes servidores, ‘data centros’, que son material muy interesante para determinados fines, ya sea comerciales o que pueden servir como beneficio social. La verdad es que, desgraciadamente, cada vez más el principal uso de esos datos es comercial debido a que hay mucho dinero de por medio. No se usan para mejorar nuestra democracia o nuestra sanidad, pues se podría, incluso, prevenir una epidemia; pero no es así. Todo este fenómeno se ha dado con los datos. La datificación es el centro del mundo.

¿Qué podemos hacer con todos esos datos?, ¿visualizarlos?, ¿es necesario interpretarlos antes?

La interpretación es posterior. Hay una cantidad de datos tan inmensa que no puedes imaginar qué vas a ver. Lo primero que necesitas hacer es visualizarlos, ver qué ocurre, qué mundo que normalmente no podemos ver, intangible e invisible, podemos llegar a ver. Para eso se necesita un proceso de programación. Estamos hablando de miles, a veces de millones, de datos. Para visualizarlos se requiere un proceso informático. Luego se interpretan y se lleva a cabo una edición para hacer la visualización más sencilla. La diferencia entre lo que venía ocurriendo y lo que pasa ahora es que la cantidad de datos es tan grande que no se pueden tomar acciones hasta visualizar el gráfico final. En la estadística tradicional era distinto: se podía tener una idea antes de hacer la gráfica. Los datos eran mucho más acotados. Nuestra cabeza podía llegar a imaginar o ver qué iba a ocurrir cuando lo visualizáramos.

Ante esta abundancia de información, ¿qué rol cumple la infografía periodística?

Depende del tipo de información. Recibimos mucha información mediante Twitter, por ejemplo, pero ahí la infografía tiene poco espacio. Sin embargo, vivimos en la época de los datos. Hoy tenemos una capacidad de recoger datos que, en el futuro, no podremos almacenar. Si no tenemos la capacidad de visualizarlos, los datos no sirven para nada. Hay una cantidad de información enorme, pero si no se visualiza, la información no tienen ningún valor. La herramienta para poder ver los datos es la infografía. Así de importante es.

¿Cómo se define la infografía?

La infografía es una herramienta de comunicación de alta precisión que utiliza dos lenguajes: la imagen y la palabra. Ambos se encuentran combinados de tal manera que uno no se entiende sin el otro. Ahí donde no llega uno, llega el otro. Juntos consiguen un nivel de precisión mucho más alto que cualquiera de los dos por separado.

¿Para hacer una infografía, es necesario analizar toda la masa de datos luego de que logramos visualizarla?

Creo que el análisis es una actividad que queda para el espectador o lector. Con el resultado final, cada quien saca sus propias conclusiones. Pienso que, en su lugar, nos encargamos de la edición de la información. Digamos que yo tengo toda esta cantidad de información, pero no toda tiene cabida porque no hay suficiente espacio o es demasiada. Entonces tengo que editar. Para mí, este es el punto clave, lo más importante del periodismo: ver qué información es relevante y cuál no. Antes, el simple hecho de tener una información ya era valioso. La tenías tú y no la tenía nadie más. Ahora prácticamente todos tenemos acceso a la misma información. El secreto está en cómo la editas, qué seleccionas, qué decides que es importante y qué no para tus lectores. Luego cómo la preparas, cómo la presentas para que sea más seductora, atractiva, y ahí la infografía, sin duda, tiene un papel muy importante, pues debes presentarla de una forma amena, interesante e intrigante. Cuando hablamos tengo que hacer el esfuerzo por diferenciar si estoy hablando -y me están hablando- de una infografía periodística o de una utilizada para el arte.

¿Cuáles son las diferencias entre la infografía periodística y la infografía utilizada para el arte?

La herramienta es la misma, pero el fin es absolutamente distinto. Hay una idea, pero no hay muchos antecedentes de la creación artística con la infografía. Esto en realidad es un malentendido. Se piensa que la infografía es una herramienta al servicio de la búsqueda de la objetividad, del rigor y es cierto, pero como se trata de una herramienta de comunicación completa, se puede usar para narrar hechos o verdades, realidad o ficción. Una tienen que ver con el periodismo y otra con lo artístico. Si estás explicando cosas que pertenecen a tu mundo más personal, más íntimo, estás más cerca de las prácticas artísticas. Sin embargo, la herramienta es la misma. Por ejemplo, el caso de El gran cristal, obra paradigmática de Marcel Duchamp. Esa obra de arte es una infografía. Claramente, está construida formalmente y tiene todos los parámetros que entendemos como infografía, pero, en lugar de explicar o intentar explicar o reflexionar sobre el mundo externo, presenta una serie de elucubraciones intelectuales o humorísticas del autor, y es ahí donde entra al terreno artístico.

¿Podría decirse que la infografía periodística está en el límite entre el periodismo y las prácticas artísticas?

No. La infografía periodística bien hecha es periodismo, no tiene nada de arte. Puede tener creatividad, pero creatividad también es escribir, hacer fotos. Hay pocas cosas más alejadas de las prácticas artísticas que la infografía periodística. Ese tipo de infografía busca el periodismo de precisión, es una herramienta de comunicación que nace vinculada a la ciencia y, por ello, a la búsqueda de esa panacea que es la objetividad. Tal como yo entiendo las prácticas artísticas, están en las antípodas de eso como concepto. Ahora, se pueden desarrollar infografías con una estética que tenga una apariencia más plástica. Esto se hace hoy en día. No diría que es artística porque para mí el arte tiene más relación con el concepto, con la ética más que con la estética. Hay quien confunde esa plasticidad con el arte, pero no tiene nada que ver.

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