Letras y humanidades
Entrevista

“Una distinción como la de la PUCP me indica que mi obra existe”

En su visita a nuestra Universidad, la reconocida escritora y periodista española Rosa Montero fue nombrada profesora honoraria del Departamento de Humanidades, y nos reveló su interés por distintos géneros literarios y la posición de la mujer en el mundo editorial.

Autor: Oscar García|Fotos: Alex Fernandez
Rosa Montero

Rosa Montero

Escritora española

En la inauguración de la FIL, contó que tiene un vínculo especial con el Perú, pues uno de sus tíos vivió aquí. En esa misma línea, ¿cómo es su relación con la PUCP?

He estado varias veces en la Universidad Católica. La primera vez fue en un congreso enorme sobre mujeres, hace unos 20 años. Además, también he dictado muchas conferencias en la PUCP.

Empezó ir al colegio recién a los 10 años, pues padeció de tuberculosis. ¿Estar en cama la motivó a la lectura y escritura?

Cuando tenía 5 años fui dos o tres meses al liceo francés, mas, al ponerme enferma, no volví al colegio hasta los 10 años. Mi madre ya me había enseñado a leer desde los tres años y medio. Me acuerdo -y este debe ser el típico recuerdo falso que te implantan después-  que íbamos en un tren y la gente decía “la niña lee”, como si yo fuera una atracción de circo. “Es que se lo sabe de memoria”, dudaban, así que me alcanzaban un periódico y yo podía leerlo igual.

Como la mayoría de novelistas, he empezado a escribir desde muy niña. Mis primeros cuentos fueron a los 5 años y trataban sobre ratitas que hablan. Por eso no creo que tenga relación el haber estado en cama con mi gusto por la literatura, pues yo ya leía y escribía antes. También conozco varias personas que, cuando han sido pequeñas, hna tenido enfermedades largas, como la mía, y ahora son directores de banco.

Ha cultivado la ficción, el ensayo y el periodismo, incluso en un mismo libro. ¿Qué es lo que le atrae de los géneros híbridos?

La inmensa mayoría de escritores no cultiva un solo género. Es el caso de Octavio Paz, que hacía ensayo y poesía, y, aunque son muy distintos, a nadie le extrañaba que pasara de uno a otro. Me considero una escritora que cultiva el ensayo, la ficción y el periodismo. Este último, en su forma escrita,  es un género literario exactamente igual que cualquier otro. Me sale natural, pues son los géneros donde más me siento cómoda. Debo ser la única española que no ha escrito jamás un poema, ni en una servilleta de bar, quizás porque escribí ficción desde muy pequeña. Mi manera de expresarme siempre ha sido la prosa.

La escritora española recibió la distinción de la PUCP, el pasado viernes 20 de junio, en el Auditorio de Humanidades de nuestra Universidad.

En La ridícula idea de no volver a verte, llama la atención que use hashtags, tan frecuente en redes sociales pero no en un libro impreso. ¿Qué buscaba al utilizar este signo?

Tengo dos libros híbridos y difíciles de catalogar: La loca de la casa y La ridícula idea de no volver a verte. Este último es como un ensayo, pero no convencional; es una biografía de Marie Curie, pero no lo es exactamente; es como una autobiografía, pero está lejos de serlo. La idea principal del libro era intentar reflexionar sobre una serie de temas que llevaban dándome vueltas en mi cabeza, temas esenciales para todos los seres humanos en un momento determinado, como la relación con la vida y la muerte, el paso del tiempo, aprender a vivir mejor, cómo relacionarte con el amor y desamor, entre otros. Era una docena de temas esenciales. Como no era un ensayo habitual, enseguida salió lo del hashtag, porque es un signo ortográfico maravilloso que indica al lector -incluso aunque no se dé cuenta muy claramente por qué– que esos temas están en desarrollo a lo largo del libro. Con el hashtag lo resaltas y das esa continuidad.

Los seres humanos tenemos una altísima capacidad de reconocimiento simbólico. Por eso, la gente, aunque no sepa por qué pones el hashtag, archiva ese tema y lo conecta con la siguiente vez que aparece la frase con el hashtag. Es tan bueno y útil ese signo que creo que terminará siendo de uso habitual ortográfico, pues no existe otro que cumpla esa función.

En anteriores entrevistas, ha dicho que a la mujer no se le critica ni evalúa igual en el mundo literario.

En el mundo en general, punto. No solo en el literario.

Sí, pero en el mundo editorial, ¿de qué manera ve esa desigualdad?

Considero que el mundo literario es un poco menos sexista que el financiero, pero igual lo es. Eso se acentúa mientras más te acercas al poder. Nosotras publicamos e interesamos en el mercado porque hay muchas lectoras que nos leen y compran. Pero también se nos hace menos críticas que a los hombres, a pesar de que casi la totalidad de personas licenciadas en la carrera de Filología son mujeres. Asimismo, se nos otorgan muchísimos menos premios institucionales, y contamos con menor participación en las academias y antologías. La visión sobre la mujer en la literatura sigue siendo sexista.

Contó que el proceso de escribir su última novela, La Carne, fue uno de los más placenteros que ha tenido. ¿Ha llegado a un momento de libertad creativa?

Intento y me siento más libre que antes, pero no sé si llegaré a sentirme absolutamente libre. Julio Ramón Ribeyro decía que escribir una novela madura exige la muerte del autor metafóricamente. Tienes que desaparecer, borrarte y que la novela te atraviese. Esa es la libertad a la que me refiero. Pienso que a medida que cumples años consigues borrar al autor, el yo consciente. Ese es el camino para hacer una obra.

Por último, ¿qué piensa de que acaban de nombrarla profesora honoraria del Departamento de Humanidades de la PUCP?

Ser escritor es un trabajo absurdo. Te pasas años inventando mentiras en una esquina de tu casa y entregas muchas horas de vida. Entonces, siempre te preguntas si tiene algún sentido. ¿Sirve para algo? No hay una gran norma objetiva que te confirme que lo que estás haciendo está bien. La historia de la literatura demuestra que nada te dice cómo van a juzgar tu obra, ni las críticas buenas o malas, ni el éxito o los premios. Una distinción como la de la PUCP me indica que mi obra existe realmente, que no es un invento de mi imaginación, que hay alguien al otro lado que también se emociona o conmueve con lo que he escrito. Es un alivio para esa herida de duda que uno siempre arrastra.