Ciencias sociales y comunicaciones
Entrevista

“Mi conexión con el fotolibro se dio a través de disfrutar historias con imágenes”

El fotógrafo peruano Giancarlo Shibayama nos visitó para presentar su fotolibro: “The Shibayamas”. Un viaje visual sobre la migración japonesa al Perú, a través de la historia familiar del autor, que busca representar el proceso de transculturización y reorganización de su identidad.

Autor: Gabriela Pérez| Fotos: Alex Fernandez
Giancarlo Shibayama

Giancarlo Shibayama

Comunicador visual y fotógrafo.

¿Cómo es su acercamiento a este formato?

Una de las primeras formas de conectarme con la fotografía fue por medio de los fotolibros. Me parecía interesante como podía entender una historia a través de imágenes sin la necesidad de leer, visualmente podía comprender mejor las cosas. En Japón, por ejemplo, yo no entendía el idioma y se me hacía complicado, pero podía revisar libros con imágenes y entender a través de ellas. Mi conexión con el fotolibro se dio a través de disfrutar historias con imágenes.

Cuando viajaste a Japón para el taller,  ¿ya tenía pensado el concepto y la propuesta para su fotolibro?

No completamente, fui con una idea como que al 20%. El proyecto comenzó a crecer y a mutar un montón, porque nos dimos cuenta que para que se entienda el concepto completamente, necesitaba del otro libro en donde se cuentan los hechos más concretos de la migración japonesa al Perú. Pero, para que no sea un libro histórico-antropológico, que era lo que no quería, lo mezclé con la historia de amor de mi abuelo con mi abuela. Entonces es la historia de la migración a través de la historia de mis abuelos, eso fue básicamente y no me imaginaba que iba a ser un trabajo tan duro.

¿Cómo fue la experiencia?

Me di cuenta que hacer un fotolibro no es nada fácil. Si quieres hacer un libro potente en donde hasta el mínimo detalle esté pensado, es un trabajo sumamente minucioso y se convierte en un delirio y obsesión para el autor al querer hacer el mejor libro posible, de hecho es mi primer libro y tenía un montón de miedo. Quería hacer el mejor libro posible, por eso con la ayuda de Yumi Goto como mentora pude construir y conceptualizar este proyecto, y ahora que está pasando el tiempo veo que realmente ha sido entendido y bien acogido por el público.

¿Cuánto tiempo le tomó este proyecto?

Yo estudié la maestría en el taller en el 2016. Se podría decir que fueron dos años de producción completa. Pero el proyecto ya lo tenía en mente desde antes, diría que en total el proyecto del fotolibro tomó unos 5 años.

Usted no tenía conocimiento de técnicas de encuadernación o diagramación, entonces ¿aprendió todo desde cero?

Si, aprendí todo desde cero. Me enseñaron cómo doblar el papel, coser, encolar, pegar, imprimir. Ha sido un aprendizaje total, pero bien a la japonesa, porque iba desde como pararme para doblar el papel, como doblar mi brazo para hacerlo, todo tenía que estar perfecto. Esta perfección tiene una relación directa con el respeto al cliente, a la persona que va a recibir el libro. Es decir, una persona está pagando dinero por ese producto, por ello merece tener un objeto lo más pulcro posible, de calidad. Asimismo, tiene que ver el respeto que tengo hacia mi trabajo y al esfuerzo que puse en él.

Sobre la elección de materiales, ¿aparte de la calidad tiene que ir relacionado con la temática?

Sí, porque los materiales también comunican el concepto que uno quiere decir. Por ejemplo, a mí me importaba transmitir el tema de la fragilidad, porque va con mi idea del migrante. El migrante al comienzo es una persona frágil, nadie lo protege, está solo contra el mundo en un primer momento. Yo quería transmitir esa idea en el libro, pero sin tener que mencionarlo de manera explícita sino simbólica, como la tapa dura protege al libro, decidí quitarla para representar la vulnerabilidad. También el uso de distintos papeles, entre mate y brillosos, permitían dar la sensación de estar viendo un álbum fotográfico, lo cual era perfecto ya que es a partir del álbum de mi abuelo que nace este proyecto.