09 de octubre del 2017

“Los desórdenes de carácter antisocial se desarrollan en la niñez”

Christopher Scanlon

Profesor en University of East London, Reino Unido

El Dr. Christopher Scanlon se ha dedicado a estudiar el impacto psicológico que los contextos de exclusión, violencia y marginalidad generan en las personas. El desarrollo del comportamiento antisocial como consecuencia de ello es una de las problemáticas que afecta más que nunca a nuestra sociedad hoy en día.

Mucha gente confunde el “comportamiento antisocial” con ser introvertido. ¿Cómo define usted este término?

En términos coloquiales se podría definir como personas que quebrantan las leyes o las reglas. El sistema podría calificar a alguien como antisocial por no hacer algo que debería o que se espera que haga. En realidad, es un término muy amplio y algo complejo de definir, pero algo que podemos recalcar es que ser antisocial no siempre está asociado con el hecho de ser tímido, se usa más para determinar a aquellos que tienen conductas que atentan contra la sociedad, es decir, quienes ejercen violencia, quienes no trabajan y pueden hacerlo, entre otros ejemplos. Para simplificar esta definición aun más, si alguien presenta un comportamiento que molesta a quienes lo rodean, es considerado como antisocial.

¿Existe alguna particularidad en el diagnóstico de este tipo de comportamiento?

Usualmente, la mayoría de personas que son diagnostica-das con un desorden de personalidad de este tipo tienen diferencias marcadas según su género. En el caso de los hombres, el comportamiento que presentan es violento, a la defensiva y perturbado; dirigen su molestia hacia el exterior,por ejemplo, participan en pe-leas. Por otro lado, en el caso de las mujeres suele ser todo lo contrario: el daño que ellas generan es hacia sí mismas,un ejemplo son los trastornos alimenticios o las autolesiones. Entonces, se puede decir que en ambos casos son manifestaciones de comportamiento antisocial, pues los inhabilita de cumplir un rol funcional en la sociedad.

¿Qué factores influyen en el desarrollo de este comportamiento? ¿Es algo biológico o es una construcción social?

Hay evidencia, muy poca, que demuestra que, en algunos casos, componentes biológicos pueden influir en ello; pero no es realmente significativa. Se puede decir que el 99% se inclina por indicar que el comportamiento antisocial se desarrolla por influencia del ambiente en el que vive la persona, especialmente durante la infancia y niñez. Una de las cosas que sabemos acerca de los adultos que son catalogados como antisociales es que fue-ron niños infelices, que crecieron en entornos hostiles y violentos, por eso es que continúan con el ciclo. Una idea errónea muy común es dejar de lado el hecho de que estas personas fueron violentadas a modo de “chivo expiatorio”,es decir, el origen del problema se debe a problemáticas sociales sin resolver, como la pobreza, la falta de empleo y de oportunidades, etc. Podríamos decir que esto se ha convertido en una problemática psicosocial, pues afecta al bienestar y estabilidad mental de la gente, y genera daños colaterales a las poblaciones más vulnerables, como los niños.

¿Cree que la falta de preocupación social por la salud mental sería una de las causas?

Sí, creo que lo primero que debemos tener en cuenta es cómo enfrentamos este problema a nivel social. Si entendemos que ese comportamiento tiene un trasfondo en el que la persona antisocial ha sido víctima de un trauma, malos tratos o ha crecido en la pobreza, etc., podemos concluir que es-te individuo necesita una terapia para tratar su salud mental. Sin embargo, las acciones que se toman no tienen nada que ver con la salud mental, sino que se limitan al tema judicial. Entonces, deberíamos preguntarnos ¿cuál es el objetivo de enviar a la cárcel a alguien?, ¿castigarlo o reformarlo? Pues enviar a esta persona, que ya cuenta con un trauma, a la cárcel, se le estaría retraumatizando, y al salir su comportamiento empeoraría y no se ha atacado el núcleo del problema. Lo correcto sería tratar a estas personas de una forma más humana para que puedan desarrollar una personalidad social y readaptarse a la sociedad. Es un trabajo que toma mucho tiempo y de todas formas requiere la intervención de las entidades estatales encargadas de este rubro.

¿Las escuelas pueden tener un rol crucial en la prevención de esta problemática?

Definitivamente. Invertir en programas sociales dirigidos a los niños, especialmente en escuelas públicas, ayudaría mucho a tratar esta situación y velar por el bienestar de las nuevas generaciones. Los estudios muestran que los desórdenes de personalidad de carácter antisocial, como el trastorno borderline, se desarrollan en esta etapa. Entonces, sería apropiado preocuparse por el bienestar de estos niños y detectarlo a tiempo.

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SUCEDE EN:
Maestría en Intervención Clínica Psicoanalítica PUCP

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