05 de diciembre del 2017

“Lo que sucedió en Bagua tiene lecciones para todos”

Gustavo Zambrano

Abogado, investigador de IDEHPUCP, especialista en pueblos indígenas y profesor del Departamento de Derecho PUCP

Conversamos con el Mg. Gustavo Zambrano, docente del Departamento de Derecho de la PUCP, sobre el proceso judicial posterior al conflicto de Bagua.

El proceso judicial que siguió al conflicto de Bagua, el cual dejó un desaparecido, más de 30 muertos y decenas de heridos, significó un hito para la justicia intercultural en nuestro país. El Mg. Gustavo Zambrano, docente PUCP especialista en Pueblos Indígenas y coordinador del área Académica y de Investigaciones del IDEHPUCP, nos explica las implicaciones interculturales de este hecho, a propósito de la presentación del informe Bagua: Entendiendo al Derecho en un contexto culturalmente complejo, presentado por el IDEHPUCP y la Universidad Antonio Ruiz de Montoya.

¿Por qué el juicio de Bagua marcó un hito en la justicia intercultural?

Por la inclusión del componente intercultural en el proceso. La inclusión de intérpretes durante el juicio fue muy importante, pero hay otros temas críticos que se han detectado y en los que se tiene que trabajar. Las detenciones en la Curva del Diablo fueron aleatorias y la sentencia no se estableció quiénes fueron los responsables. No se puede decir que el Poder Judicial no haya hecho su trabajo. Sí hubo una investigación seria respecto a el tratamiento de los 53 acusados, indígenas y no indígenas, pero no se demostró que ellos fueron quienes dispararon. El tema está en cómo se llevaron a cabo las investigaciones iniciales y cómo se estableció la detención de aquellas personas. Hay una serie de estándares en materia de reconocimiento de la diversidad al momento de realizar investigaciones que deben trabajarse. Por ejemplo, la participación de intérpretes, la participación de traductores al momento de las declaraciones iniciales o al momento de llevar a cabo las investigaciones iniciales con la policía, con la fiscalía. El trabajo más grande que se ha hacho en materia de interculturalización de la justicia lo ha realizado el Poder Judicial, pero todavía falta mejorar mucho respecto a otros actores de la administración de justicia. El Ministerio de Justicia también está avanzando al respecto, pues está tratando de que sus operadores consideren el componente intercultural como parte de su trabajo, pero aún no se realizan acciones precisas de investigación fiscal respecto a casos donde estén involucrados miembros de pueblos indígenas.

¿Cuál es el objetivo del estudio?

Buscamos estudiar todo el proceso judicial, desde las detenciones hasta la emisión de la sentencia. La aplicación de estándares tampoco es inmediata. Participan actores y factores sociales, políticos que buscan empujar y apoyar estos estándares para que sean considerados dentro de la administración de justicia. Nuestra investigación buscó identificar cuáles fueron los actores principales y cuál fue su rol. Encontramos, por ejemplo, el rol de la iglesia. En muchas oportunidades se ha discutido de manera coloquial que la iglesia ha participado y tenido un rol preponderante al acompañar a las personas que fueron acusadas. Esto no es algo antojadizo. El rol de la iglesia responde a una serie de orientaciones que datan del concilio Vaticano II y se relacionan con los congresos realizados en América, que se llevaron a cabo en Medellín y, el último, en Aparecida, donde se establece con el rol que debe cumplir la iglesia: acompañar a pueblos indígenas en la defensa de la Amazonía e, incluso, ayudarles a encontrar un modelo de desarrollo. La iglesia entiende que hay estructuras que no permiten que las personas marginadas, en este caso, puedan salir de la situación de pobreza en la que se encuentran y que, incluso, esto generaría situaciones “de pecado”. Por eso, asegura que esta situación “injusta” debería cambiar. Esto se refleja con la presencia de la iglesia en la provincia de Condorcanqui, donde acompañó, no solamente desde un punto de vista evangelizador y como doctrina, sino también vinculándose en la educación, con trabajos sociales y en proyectos de desarrollo. El rol social de la iglesia se evidencia en esta zona como una suerte de familiaridad. Respecto al proceso judicial de Bagua, se identificó que podríamos estar frente a una injusticia. Eso no significa que la iglesia buscaba que se declarase inocentes a estas personas per se, sino que se lleve a cabo un proceso justo y en condiciones interculturales. Entonces, acompañó a estas personas como si se tratara de una entidad observadora o garante. Esto exige que se incorporen ciertos estándares.

¿Y sobre el papel del Poder Judicial?

El proceso de Bagua ha sido el laboratorio donde el Poder Judicial ha podido llevar a la práctica lo que ya venía empujando desde hacía ya varios años: tratar de interculturalizar la justicia. Desde el año 2009 se empezó a masticar y entender cómo establecer procesos desde un enfoque intercultural. Lo digo porque no solo se trata de publicar manuales o guías -algo que ha hecho y sigue haciendo-, sino también de cambiar la mentalidad de los jueces, es decir, que entiendan cuándo deben actuar y cuándo tienen que juzgar a una persona que es miembro de un pueblo indígena. Ese es un proceso que se ha trabajado desde hace 10 años. En ese sentido, Bagua puso a prueba el PJ, porque una cosa es el discurso y otra es cómo se resuelve, cómo actúa el juez, cómo se establece una sentencia, cómo se incorpora el estándar en la redacción del texto. No fue un proceso aislado que diera de forma desarticulada. El PJ estaba preparado.

Sin embargo, dio la impresión que esa respuesta del Poder Judicial fue por presión de la sociedad civil.

Hemos hablado del rol de la iglesia, del Poder Judicial, pero también está el rol de la sociedad civil, en este caso articulado con ámbitos internacionales. Lo nacional y lo internacional jugaron en pared. La sociedad tiene una posición clara de cómo llegar a observar y hacer un seguimiento que se relaciona con el rol de la prensa. En ambos casos, todo se articuló en ámbitos internacionales, porque hubieron discursos, lógicas internacionales que también estaban presentes en el proceso.

¿Cómo puede garantizarse que esto se replique en procesos más pequeños?

Creo que lo que sucedió en Bagua tiene lecciones para todos, y es algo que también queremos plantear en la investigación. Por ejemplo, el involucramiento de terceros en un proceso judicial, ya sea como acompañamiento, como seguimiento, es algo que se da. Eso no significa que el juez sea influenciado negativamente, pues hay independencia de los poderes. Desde una mirada antropológica y sociológica, hay actores sociales y todos cumplen un rol. No hablamos del proceso judicial, sino del proceso alrededor de él, donde participan muchos actores, y cumplen roles, y todos van acompañando a que el proceso se mueva. El Poder Judicial ha ido entendiendo que estono se va a detener, y que lo que nos corresponde a nosotros es ver qué va a seguir haciendo. En diciembre habrá un nuevo congreso del Poder Judicial en el que veremos qué nuevos compromisos hay. Entiendo que su actual presidente, Duberlí Rodríguez, tiene mucho interés de que esto se realice de forma más pragmática. En el caso de la sociedad civil, su rol también es seguir haciendo seguimiento, pero también tratar de dar aportes en términos de cómo esto puede llevarse más a la práctica. Todo esto requiere un cambio de mentalidad y que los jueces cambien su manera de administrar justicia. No porque estemos pensando que no lo han hecho bien, sino porque ahora van a tener que incorporar un componente más, un enfoque adicional, y tomar en consideración ciertos elementos que complementen la forma en la que han trabajado. Esa es la lógica.

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