17 de julio del 2017

“La situación actual en Brasil exige una reformulación de los partidos políticos”

Salvador Sandoval

Profesor en el Programa de Estudios de Posgrado de Psicología Social en la Universidad Católica de Sao Paulo

En casi cuatro décadas de experiencia profesional, el Dr. Salvador Sandoval ha visto cómo la ciudadanía brasileña ha pasado de vivir en un gobierno militar a tener un rol activo de vigilancia sobre políticos e instituciones de su país. Además de comentar el escenario político tras los recientes casos de megacorrupción, en esta entrevista da más datos sobre el “modelo de conciencia política” que utiliza, del cual dio más detalles en el I Seminario Internacional sobre Psicología Política y Social, que se realizó el viernes 14 en la PUCP, y que fue organizado por el Grupo de Psicología y Política Social – PUCP y el Doctorado en Psicología.

¿En qué se diferencia el “modelo de conciencia política”, con el que usted trabaja, de una aproximación tradicional?

Es un modelo que permite pensar la participación política desde distintas aproximaciones simultáneas y que surge de la necesidad de articular modelos teóricos con prácticas específicas. La primera finalidad que tiene es mostrar cómo se entrelazan los diferentes enfoques sobre participación, trabajados en la psicología social y psicología política, y que no son estanques separados ni se pueden entender así. El segundo objetivo es más práctico: que, aun escogiendo una o las siete dimensiones, el investigador tenga muy claro que hay otras dimensiones involucradas sobre las que puede recoger datos. El tercero es que profesionales que trabajan en el campo puedan hacer un diagnóstico de la consciencia en ese grupo, identificar qué dimensiones deberían trabajar y desarrollar una estrategia de intervención para las diferentes dimensiones, que muchas veces van a exigir prácticas específicas. Además, el modelo enfatiza que la recolección de datos tiene que tomar en cuenta el contexto en que se realiza la participación como parte del fenómeno investigado.

¿Qué dimensiones analiza este modelo?

Son siete: la identidad colectiva y su proceso de politización; los valores y creencias sociales; la colectivización de demandas; el sentimiento de eficacia política; la configuración de un adversario; la voluntad de querer trabajar colectivamente, que es más cognitiva, es cómo se evalúa la asociación y los liderazgos; y el repertorio de participación, que analiza en qué medida los individuos aprendieron a hacer ciertas cosas y cómo evalúan las metas que se proponen.

¿Cómo ha evolucionado la participación política en Brasil en las últimas décadas?

Creo que ha aumentado. Hay procesos que vivimos ahora que son fruto de cambios que sucedieron desde el 85 y de la reformulación de la constitución, que involucraron prácticas de participación ciudadana. Por ejemplo, antes, la constitución permitía que el Supremo Tribunal (cuyos magistrados son nombrados por el presidente) solicite y juzgue procesos que estaban en tribunales de primera instancia. Pero en la constituyente del 88 hubo una movilización de facultades de derecho para crear una propuesta que termine con esto, de modo que el Supremo Tribunal hoy solo puede juzgar tras apelaciones en máxima instancia. La importancia de esto se ve en el caso del expresidente Lula, cuya sentencia se da en un tribunal de Curitiba, en el cual el gobierno federal no puede intervenir a menos que llegue a través del Tribunal de Apelaciones, pero ya entonces estaría cumpliendo pena efectiva. Eso se logró gracias a la presión popular por incorporar enmiendas populares a la constituyente.

También tiene experiencia en perseguir casos de corrupción…

En el 92 vino el movimiento para acusar a Fernando Collor de Mello por corrupción. De hecho, el congreso asumió el proceso de juzgarlo luego de muchas manifestaciones populares y fue el primer presidente en América Latina en sufrir un impeachment. Hubo un tipo de participación ciudadana en protestas que no se conocía antes del gobierno militar y que fue, en parte, raíz de este proceso de redemocratización y reestructuración del sistema político. En los casos más recientes de megacorrupción, a medida que la crisis toma el congreso y la presidencia, comienzan a aparecer, en otras instancias de la burocracia federal, procesos de depuración de funcionarios envueltos en corrupción. En la cultura política, hay un sentimiento de que es la hora de moralizar el espacio político.

Acá es muy usual la frase ‘roba pero hace obra’. ¿Es similar en Brasil?

Lo era hasta el mundial de fútbol, cuando hubo una crisis por la corrupción y el exceso de gastos del gobierno. Ahora hay una cierta exigencia de saber cómo se gasta el dinero público. Diría que no se vota con esa resignación generalizada y eso se vio en las elecciones municipales del 2016, donde los dos grandes partidos envueltos en casos de corrupción perdieron mucho. El PT perdió el 80% de las alcaldías que tenía y el PMDB, el 30%. Los electores están votando contra la corrupción, aunque no quede muy claro a favor de qué.

¿Eso favorece a los outsiders?

En Brasil ha habido dos modalidades de outsiders: el de centro derecha o derecha, que suele ser un empresario que candidatea presentándose como gestor; y el del modelo de izquierda, en que profesores universitarios se presentan como académicos. Creo que vamos a ver más esos personajes, aunque, en el sistema de federaciones de Brasil, las elecciones presidenciales dependen mucho de los votos que movilizan políticos estatales y municipales, por lo que va a ser difícil que un outsider se posicione en la presidencia. A nivel municipal, creo que los partidos sí van a buscar el apoyo de técnicos y gestores.

¿Entonces pierden terrenos los partidos tradicionales?

Está disminuyendo su poder pero no creo que disminuya su papel. Este proceso debilitó a las cúpulas, y generó rupturas entre políticos municipales –que sienten la presión directa de los electores- y los nacionales envueltos en casos de corrupción. La situación actual en Brasil exige una reformulación de los partidos políticos. Ya algunos han ensayado unas primarias al estilo estadounidense a nivel de estados y el Partido Socialista lo hizo a nivel nacional a través de directorios. Son fórmulas democratizantes que van a conducir a repensar y reformular los partidos.

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