04 de mayo del 2015

“La prevención cuesta siete veces menos que la intervención”

Dr. Cándido da Agra

Director de la Escuela de Criminología de la Universidade do Porto (Portugal)

La creciente incursión de menores de edad en actividades delictivas hace que, cada vez más, la criminología estudie sus conductas y desarrollo psicológico. El Dr. Cándido da Agra, de amplia experiencia en el campo, nos explica las particularidades del comportamiento transgresor a edades tempranas.

¿Existe alguna característica psicológica común a todos los jóvenes que cometen actos delictivos?

Hay diferencias según los países. Una cosa es América Latina y otra, Portugal. Portugal no tiene el problema que tiene Colombia y que está emergiendo en el Perú: bandas organizadas que se vinculan a actividades criminales, como el narcotráfico. Francia, en cambio, tiene problemas por la cantidad de desempleo juvenil, que genera violencia en los barrios periféricos alrededor de grandes ciudades, como París. No hay una tipología universal sino según las realidades sociales y culturales de cada país, pero los datos científicos ponen en evidencia algunos patrones previos.

¿Cuáles son estos?

Hay un elemento del desarrollo humano, la transgresión, que es normal, pero, aunque es difícil de creer, la criminología ha desarrollado evidencia empírica que señala que entre los dos y cinco años hay un pico de agresividad enorme. Se sabía que la adolescencia es transgresiva, pero la criminología del desarrollo prueba que las cosas empiezan mucho más temprano, al punto de que hay programas de prevención en estas edades. En la Escuela de Criminología, estamos desarrollando un programa de prevención de la delincuencia con niños entre los 6 y 9 años.

¿Esa transgresión se manifiesta solo contra la autoridad o también contra sus pares?

Las cosas empiezan contra todo. Es un comportamiento antisocial, contra padres, compañeros y niños en la escuela. El comportamiento antisocial corresponde con una instancia del desarrollo psicológico de la afirmación de sí mismo, pero hay varios indicadores de un comportamiento transgresor que podría derivar en delincuencia, como la indisciplina o ausentismo en la escuela.

¿Qué se puede hacer a esa edad?

¡Autocontrol! Hay que enseñarles a tener control de sí mismos. La prevención debe empezar desde muy temprano. Todos tenemos la tendencia a transgredir, es normal, es una ley biológica, pero controlable.

¿Qué estrategias podría aplicar el Estado?

No solo es qué puede, sino qué debe hacer. Primero: saber que prevenir es mejor que intervenir. La prevención cuesta siete veces menos que la intervención cuando ya se ha delinquido. Es importante que el Estado cree programas para prevenir de manera diferenciada. Pensar en los jóvenes es muy vago desde el punto de vista científico, hay que segmentarlos.

¿Qué diferencias hay al intervenir en distintas edades?

Cuando la intervención se realiza después de los 18 o 19 años, la recuperación es más difícil. Muchos adolescentes que empiezan con actividades como el consumo de drogas no continúan, lo realizan hasta los 16 o 18 y espontáneamente desisten, pero hay algunos que hacen de la delincuencia, consumo y tráfico de drogas su modo de vida. Cuando una persona decide que la delincuencia constituye su modo de vida y practica delitos con regularidad, ya es muy difícil cambiarla. Lo ideal sería intervenir a los 14 años.

En términos concretos, ¿cómo se refuerza el autocontrol?

Mi nieto tiene 2 años y medio. Ya le había advertido a mi hija que es una edad complicada y, efectivamente, ha empezado a dar algunas patadas a los tres gatos que tenemos. Educarlo ahí es muy importante porque diversos estudios señalan que muchos criminales han tenido una niñez problemática en la que agreden a los animales. Le enseñamos que eso está mal y hacemos que dé un beso a los gatos. Esa agresividad es determinada genéticamente, pero nosotros somos animales educables. Hay que calmar a los niños. La hiperestimulación, que llega con juegos de computadora, puede potenciar estos estímulos biológicos que son muy fuertes. Es importante que ellos sepan calmarse, que quienes los cuidan sepan calmarlos con música y con cuentos que desarrollen su imaginación.

Steven Pinker señala que alrededor de 50% de lo que somos está determinado genéticamente y que, además, el segundo lugar de influencia no es nuestra formación en la familia sino los grupos de pares. ¿Está de acuerdo?

Concuerdo en parte. No creo que podamos hablar de porcentajes, pero sí es cierto que los genes y su interacción con el entorno explican el comportamiento antisocial.

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