Letras y humanidades
Entrevista

“Hay una gran obsesión por las soluciones técnicas a problemas que en el fondo son políticos”

El Dr. Maxwell Cameron fue el invitado internacional del XIV Encuentro de Derechos Humanos, quien nos ayudó a entender por qué, en América Latina, los ciudadanos nos sentimos ‘defraudados’ por los gobiernos de nuestros países.

Autor: Fiorella Palmieri| Fotos: Fernando Criollo
Maxwell Cameron

Maxwell Cameron

Director del Centro de Estudios de Instituciones Democráticas de la Universidad British Columbia (UBC) en Vancouver, Canadá.

¿Cuál es su visión sobre el rol de los gobiernos y democracias de América Latina?

Cuando dicto clases sobre América Latina vuelvo a mi propia experiencia como mochilero entre el 1979 y 1980. Vi México bajo la dictadura del PRI, El Salvador y Guatemala durante una guerra, Nicaragua justo después de la revolución sandinista, Perú al final de la dictadura de Morales Bermúdez, Chile de Pinochet, etc. Comparas con la América Latina actual y no se puede negar que se ha avanzado. Es un mundo más democrático. Evidentemente falta mucho por hacer. En el caso del Perú, hay que construir partidos de la sociedad civil y mecanismos de representación que realmente permitan a los sectores populares expresar sus intereses a través de lo político.

Se habla de una crisis de la democracia liberal, ¿se podría decir que esta ha fracasado como sistema?

La crisis de la democracia liberal está ligada al populismo autoritario, que en América Latina fue una reacción hacia la oligarquía agroexportadora del s. XIX e inicios del s. XX, y que posteriormente dio un giro hacia el neoliberalismo. Lo que nosotros llamamos democracia en realidad es algo inventado como una alternativa de esta, como es el gobierno representativo. Las personas educadas hace 200 años pensaban que la democracia no funcionaba. Lo que sí se podía hacer era un gobierno representativo, que luego crece por la expansión del sufragio, las garantías de derechos y libertades fundamentales. Estos cambios han permitido que los sectores populares puedan conseguir legislación a su favor, lo cual otorga un sabor democrático. Pero si quitas los elementos de ciudadanía, participación en partidos políticos y capacidad de movilizarse de sindicatos y asociaciones, retornamos a un sistema oligárquico. Si el populismo aparece en Venezuela, Ecuador, Bolivia y Argentina, es por una reacción de un sector no incluido de la población.

Usted menciona la construcción de regímenes híbridos en América Latina, ¿cuáles son sus características?

Los regímenes híbridos combinan elementos democráticos y autoritarios. La mayoría de las democracias latinoamericanas tienen aspectos defectuosos. El politólogo argentino Guillermo O’Donnell escribió sobre democracias delegativas que carecen de pesos y contrapesos. El poder suele delegarse al líder, y este hace lo que le da la gana sin tomar en cuenta a los otros poderes. De alguna manera el líder representa o encarna la voluntad del pueblo expresada en las urnas. Pero su forma de gobernar no es democrática ni constitucional. Este tipo de democracias pueden pasar de ser delegativas a ser autoritarias, como lo que ocurrió en el Perú con el autogolpe de Fujimori en 1992.

¿Qué lo ha llevado a ser tan cauto a la hora de definir a un régimen como autoritario? Durante algunos años usted consideró que la Venezuela de Chávez no era un régimen de ese tipo.

El autoritarismo se define siempre y cuando se generen las condiciones en las cuales  no es posible la alternancia en el poder a través de elecciones reconocibles, libres y justas. Si señalamos cada vez que se violan derechos políticos por un régimen autoritario, podríamos considerar a muchísimos países latinoamericanos, como podría ser el caso de Bolivia o Ecuador. No me parece que estos casos hayan llegado a ser autoritarios. En el caso Fujimori, sí. Diría que Venezuela es autoritaria a partir del no reconocimiento del resultado de la elección para la Asamblea Nacional durante el gobierno de Nicolás Maduro. Ese momento es clave porque demostró que no había forma de contar con una oposición dentro del sistema.

¿Cuál considera que es el gran fallo de la democracia? ¿Por qué observamos tanta debilidad en nuestros gobiernos?

Gran parte de esto tiene que ver con el actual estilo de gobierno tecnocrático, que ve la política como un estorbo y, en vez de promover la participación y quehacer político como mecanismos para construir un mundo común, trata de evitarlos. Hay una gran obsesión por las soluciones técnicas a problemas que en el fondo son políticos. Hay que rescatar la importancia de la política. Para ello, debemos recuperar la idea de que esta logra el reconocimiento mutuo entre ciudadanos que representan sus intereses en el Estado. En Canadá hemos construido una escuela para políticos. Hay que formar mejores políticos, valorizar la política y reconocer que implica más que las elecciones y después negociar intereses. Los mejores políticos se identifican en la sociedad porque realizan acciones significativas para su comunidad.

El Perfil

Nombre: Maxwell Cameron

Nacionalidad: canadiense

Grado académico: doctor en Ciencias Políticas por la Universidad de California, Berkeley.

Trayectoria: docente e investigador experto en estudios de política comparada, con enfoque en constitucionalismo y democracia. Sus dos últimos libros, Political Institutions and Practical Wisdom (2018) y Strong Constitutions (2013) fueron publicados por la Oxford University Press. Como parte de la Red de Investigación de la Democracia Andina, publicó Democracia en la Región Andina: Diversidad y Desafíos (IEP, 2010). Entre 2011 y 2012 fue investigador distinguido en el Peter Wall Institute for Advanced Studies en la UBC. En el 2013 recibió un premio Killam por excelencia en la enseñanza.

¿Para que nos visitó?

Evento: XIV Encuentro de Derechos Humanos

Organizadores: IDEHPUCP, Cisepa y Maestría en Derechos Humanos de la PUCP.