20 de septiembre del 2016

“Ha llegado la hora de que los peruanos se miren en el espejo de la memoria”

Steve J. Stern

Docente del Dpto. de Historia en la Universidad de Wisconsin en Madison (Estados Unidos)

El Dr. Stern vivió en Ayacucho en los setenta y eso le cambió la vida para siempre. Su mirada crítica sobre el Perú y América Latina lo han convertido en uno de los historiadores que más ha contribuido a los estudios sobre historia y sociedad del continente. La PUCP le confirió el grado de doctor Honoris causa y el destacado historiador nos contó algunos puntos fundamentales de su trabajo.

Desde el ámbito de la memoria, ¿cómo analiza la traumática experiencia de Sendero Luminoso (SL) en el Perú?

Ha llegado la hora de que los peruanos se miren en el espejo de la memoria. SL no solo fue un problema del Estado, ni se reduce a Lima y Ayacucho. Por eso, los peruanos deben encontrar su experiencia en este proceso, ver la guerra en el espejo, frente a nosotros, y tratar con honestidad cómo nos afectó. Eso es vital hoy porque hay muchas personas que ignoran lo que fue la guerra o que nacieron después de la captura de Abimael Guzmán. En el ejercicio de encontrarnos a todos en el espejo está la voluntad de no desprestigiar la historia.

Sobre Ayacucho después de la guerra, ¿cómo ha visto en las últimas décadas su integración al Perú y al mundo?

Cuando vivía en Ayacucho, esta era una ciudad pequeña, cuyo casco físico era semejante al de la Colonia. Sin embargo, con los años, la ciudad adquirió un simbolismo político muy fuerte y creció. La clase media se ha consolidado, sin ser tampoco muy grande. Hoy, creo que es muy importante entrevistar a los estudiantes para saber qué piensan de la historia, si piensan que hay un futuro como sociedad, si son optimistas o pesimistas. Hoy no hay manuales ideológicos para el progreso, por eso es vital saber qué piensa la juventud y cómo ven el futuro.

Las comunidades sufrieron desde adentro el impacto de la guerra. ¿Cómo percibe la evolución de estas en tiempos actuales?

Resistencia no es siempre rebelión, sino una adaptación a lo real de una situación, con la idea clara de dónde están los derechos. Resistencia es soportar un mundo real y formar estrategias de protección y avanzar. Eso creó comunidades con una larga tradición de lucha y con autoridades con legitimidad. Sendero no entendió esto pues interpretó que los que tenían autoridad representaban al viejo sistema y había que destruirlo. Todo esto en el contexto de no idealizar a la comunidad porque muchas de ellas se fracturan, cosa que sucedió en la guerra además de mucha postura a favor y en contra. Los líderes terminaron como intermediarios que concentraban la presión externa, de SL, e interna, de su comunidad, y por eso es difícil generalizar su lugar en la guerra.

¿Cómo ve a América Latina hoy?

Yo llamo a estos tiempos “América posheroica”. Antes había la idea del pueblo y del Estado populista y revolucionario que va a transformar todo, o del pueblo combativo que iba a empujar todo hacia el cambio. Los fracasos de revolución en los años ochenta, tanto política como económica, generaron un periodo de incredulidad en un Estado heroico que transformó todo. Sin embargo, no han desaparecido los anhelos de justicia y de demandas sociales, solo que estos no se conectan a una visión utópica o revolucionaria de la misma manera. Eso significa que América Latina se ajusta al modelo neoliberal, globalizado, pero descontento. El gran desafío de la región es no olvidar los anhelos de justicia e igualdad, pero sin caer en la trampa de suponer que hay una formula revolucionaria que va a producir cambios.

En The Human Rights Paradox plantea que hay una tensión entre el trabajo específico del historiador frente a lo universal de los derechos humanos (DD.HH.) ¿Qué opina de esta tensión?

Junto al Dr. Scott Strauss, quisimos plantear que esta tensión existe y es inherente a la idea de derechos humanos. Lo cierto es que estos no existen fuera de un contexto de lucha determinado. En ese sentido, los DD.HH. apelan a valores universales pero siempre desde una situación específica. Recientemente, fui testigo experto en un caso judicial en Estados Unidos sobre la tortura y asesinato extrajudicial del chileno Víctor Jara. Pude ver en esta experiencia, más de cerca, esta tensión entre lo universal de los derechos humanos y lo particular de cada experiencia histórica. Esto me hizo pensar en mi propio oficio. Hubiera sido imposible resolver este caso sin un acercamiento histórico.

En ese sentido, ¿cuál es el lugar del historiador en la actualidad?

Vivimos en una sociedad en que la tecnología y la capacidad de acceso es tan potente que, irónicamente, se puede perder la perspectiva temporal. Por eso el papel del historiador es más importante que nunca porque necesitamos una perspectiva crítica del momento, una temporalidad más larga, para entender el mundo no solo desde nuestra perspectiva, sino desde un horizonte más amplio. La historia responde al deseo de entender el pasado desde las inquietudes del presente.

¿PARA QUÉ NOS VISITÓ?
Evento: ceremonia de entrega del grado de doctor honoris causa
Organizador: Secretaría General

 

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