Letras y humanidades
Entrevista

“La sátira fue uno de los recursos más frecuentes para burlar los controles del Estado”

Amaury García se ha dedicado al estudio de la tradición editorial japonesa y los elementos visuales que componen la narración de la vida cotidiana en Japón durante el periodo Edo. Él nos visitó para realizar el seminario semipresencial "Cultura editorial y producción visual en el Japón moderno temprano", organizado por el Centro de Estudios Orientales.

Autor: Gabriela Pérez|Fotos: Alex Fernandez
Amaury García Rodríguez

Amaury García Rodríguez

Director del Centro de Estudios de Asia y África (CEAA) del Colegio de México

¿Qué conceptos y temas son los que se representan usualmente en la literatura y las estampas japonesas?

Tanto la literatura popular del periodo Edo como la estampa japonesa eran producciones que no estaban dirigidas a las élites. Eran netamente populares. Los temas estaban relacionados con los gustos e intereses de la gente del pueblo en ese momento, historias sobre la vida en la ciudad, en especial en la ciudad de Edo (ahora Tokio), debido a que era el centro principal de producción, distribución y consumo. También están los temas vinculados a las mujeres y al mundo del teatro kabuki.

El tema de la vida cotidiana, ¿se debe a que algún suceso importante marcó esa época?

Sí, tiene mucho que ver con varias cuestiones. Primero, la economía mercantil empezó a tener un peso muy fuerte, frente a la tradicional base económica agrícola, por el trabajo de los samuráis relacionado a la recolección del arroz. Esa economía mercantil trajo, a su vez, el desarrollo de la ciudad que, en consecuencia, impulsó el desarrollo de negocios de la industria editorial, es decir, industrias relacionadas con la vida en la ciudad. De esta forma, se llevaron a cabo sucesos que, necesariamente, se realizaban en la ciudad y que, de alguna manera, se plasmaban allí, pese a que el Estado shogunal ejercía un control fuerte sobre los temas, pues existía un mecanismo de censura y de control de las publicaciones.

Entonces, ¿muchas de las publicaciones eran clandestinas?

Sí, muchas de estas publicaciones, ya sean libros o estampas, no pasaron los mecanismos de censura. Por esta razón, el Estado era más controlador con las editoriales.

¿La sátira social fue una de las causas de la censura?

Así es, el Estado era muy estricto en cuanto a los contenidos que se publicaban. No podían haber comentarios directos con respecto a la autoridad. La crítica política estaba prohibida, no se podía mencionar con nombre y apellido a samuráis ni tampoco se podían publicar sucesos, como incendios o asesinatos. Eso estaba también totalmente prohibido. A pesar de ello, siempre hubo maneras de burlar los controles del Estado y la sátira fue uno de los recursos frecuentes. El humor fue un ingrediente constante en la producción editorial.

¿Cuáles eran las técnicas más utilizadas?

La técnica utilizada era la xilografía, tanto para la manufactura de libros como de estampas. En ese sentido, todo giraba en torno a las casas editoriales, pues ellas eran las que se encargaban completamente del proceso. Sin embargo, para la producción en sí, contrataban un taller de grabado, donde se tallaban las planchas, y un taller de impresión, donde después se imprimían los libros y las estampas.

En las estampas, ¿se utilizaba el recurso de la caricatura?

No fue tan común en un inicio. Se podía caricaturizar algunos personajes, pero lo que más comúnmente ocurría es que se les transformaba para comentar sobre una persona. Se hacía alusión a personajes de la historia pasada que eran puestos en situaciones muy similares. Entonces, ahí la caricatura estaba más relacionada a la historia o sobre cómo se contaba la historia, y no tanto a nivel visual.