23 de octubre del 2017

“En Europa, la actuación es tan respetada como cualquier otra profesión”

Luly Rede

Directora de la Licenciatura en Actuación de la Universidad de Londres (México)

Desde que concluyó su formación universitaria en Rusia, la experimentada actriz mexicana Luly Rede no ha dejado de aprender nuevas técnicas y actualizarse con diversos maestros. Tras 10 años de ejercer como directora teatral, se dedicó también a la docencia. La semana pasada, llegó a nuestra Universidad para brindar el taller sobre la psicofísica de Mikhail Chéjov a alumnos de la Facultad de Artes Escénicas.

¿En qué consiste el método psicofísico de Mikhail Chéjov?

Chéjov propone trabajar con la creatividad y con el cuerpo. El objetivo es ser creíble y provocar una emoción al público. La psicofísica es un método que fusiona el trabajo físico con la imaginación. Una propuesta para que el actor no se desgaste anímicamente empleando sus vivencias personales en la creación de un personaje, porque las vivencias al final se acaban, se quedan cortas para interpretar a un ser con experiencias lejanas a las de uno. Por ello, buscamos otras formas de acercarnos, otras maneras de crear.

¿Con qué tipo de ejercicios combinas lo físico con lo psicológico en tus talleres?

La corporalidad te da un estado anímico. Por ejemplo, caminar con los hombros hacia abajo, con la cabeza altiva o con la nariz hacia arriba, te va creando una forma y un estado anímico que puedes emplear para tu personaje. Eso es lo que vas a transmitir a los demás personajes y al público. Se realizan diversos ejercicios para experimentar lo que propone Chéjov y, al final, jugamos con pequeños diálogos para que los alumnos puedan aplicar este método por sí mismos.

¿Qué te motivó a formarte como directora de escena en Rusia?

Encontré otras formas de ver la actuación. A mí me interesó muchísimo Rusia por el Teatro de Arte de Moscú, la escuela del maestro Konstantin Stanislavski. Quería saber lo que era esa metodología. Yo estudié teatro y danza en México, y después decidí estudiar dirección de escena como carrera profesional, que no existía en mi país. En ese momento (fines de la década de 1980), todos los directores estudiaban fuera o eran actores que se convertían en directores por experiencia, y por tomar cursos aquí y allá.

¿Cuál es la valoración de los artistas en Rusia? ¿Qué diferencias existen con respecto a Latinoamérica?

En Europa, la actuación es una carrera tan respetada como la ingeniería, la psicología, la medicina o cualquier otra profesión. Eso fue lo que más me gustó de allá. Esto es algo que todavía no ocurre en nuestros países. A quien hace teatro se le pregunta: “En serio, ¿qué haces?”. Se considera como una carrera técnica que no requiere una preparación profunda, teórica y práctica. Antes pensaba “quiero irme a un país donde respeten mi profesión”. Es difícil regresar porque te acostumbras a que el arte sea respetado.

¿Y consideras que ha cambiado esta situación desde tu retorno a México?

Desde que regresé, en 1994, ha habido muchos cambios. Afortunadamente se han abierto muchas escuelas de dirección y actuación. Y hay muchos espacios alternativos, teatros y casas, con el auge del microteatro. Ahora todo el mundo hace teatro hasta en el patio de la casa. El espacio finalmente no crea el teatro. El teatro lo creas tú, con esa complicidad y magia que existe entre el actor y el público.

¿Qué ventajas te dio una formación universitaria en dirección sobre quienes se formaron en la práctica o en talleres?

Muchas ventajas. La escuela donde estudié en Rusia tiene una tradición de 100 años, con un programa y estructura muy sólidos. No me resultó complicado llegar a proponer y comenzar a crear. Te permite abordar con seguridad todo tipo de géneros y estilos. En esos años de estudio, abarcamos lo más importante para entender el arte escénico: desde que llega un texto a tus manos, qué hacer con él y cómo llevarlo a escena.

¿Qué te llevó a la pedagogía y qué es lo que te produce más satisfacción en este ámbito?

Cuando regresé a México me invitaban a dar cursos y clases pero no quería enseñar, sino adquirir más experiencia como directora. Yo había pasado por la universidad, pero una cosa es trabajar como artista creativo y otra cosa es ser pedagogo, con una experiencia consolidada en una materia. Diez años después empecé a dar clases. Ya sea dirigiendo o actuando, creo que un maestro de las artes escénicas tiene que estar activo, porque eso enriquece el espíritu. Como docente, lo que me produce más satisfacción es ver a los egresados trabajando y creando sus propios proyectos. Me puedo sentir feliz de la vida porque se cumple el objetivo de formar jóvenes sin complejos ni prejuicios, que logran desarrollarse y participar en distintas producciones.

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