Arquitectura y artes
Entrevista

“En el cine, solo soy yo al servicio de seres ficticios”

En su paso por el 22 Festival de Cine de Lima PUCP, donde fue jurado de la competencia ficción, la reconocida actriz chilena nos habló de lo que significa para ella la actuación, el mensaje social de sus filmes y las similitudes entre los países latinoamericanos.

Autor: Oscar García|Fotos: Víctor Idrogo
Antonia Zegers

Antonia Zegers

Actriz chilena

En Latinoamérica, eres reconocida por tu carrera en el cine, pero también has hecho mucho teatro. ¿Cómo se han retroalimentado estos dos formatos en tu formación actoral?

Siempre he mezclado las tablas con lo audiovisual. En el teatro trabajas el mismo texto y la misma frase, por lo menos, dos meses, todos los días. El principio de ello es que todo lo aparente realmente no lo es y que la primera lectura de un texto tiene muchas cosas escondidas. Precisamente, esas son las que hay que buscar. Me parece que esta es una tremenda formación, que sirve para entender cualquier  guion de cine, TV o serie.

Has participado en películas con fuerte carga social y política, que tratan temas como la dictadura pinochetista (Los Perros) o los derechos de la comunidad LGTB (Una mujer fantástica y Nunca vas a estar solo). ¿Te interesa, particularmente, formar parte de filmes que entreguen un mensaje social?

No tengo ninguna labor mesiánica como actriz. No me interesa moralizar ni educar, solo estoy ejerciendo mi vocación. Lo que sí he tenido es la suerte de poder mezclar mi profesión con otra pulsión mía, que es la de ser una ciudadana del mundo, y de mi país, con un punto de vista, opinión, ideas y ética. Depende de las producciones también. Por ejemplo, Mariana -del filme Los Perros– requería de mucha ambigüedad y contradicción humana. Era mucho más interesante introducirse en ella sin juzgarla, porque si lo hacía iban a surgir muchos límites para actuar sin entregarme a la matriz de un personaje contradictorio, confuso y éticamente incorrecto.

¿Y cómo logras empatizar con roles de este tipo, que pueden estar tan lejanos a tu manera de pensar? ¿Buscas dentro de ti algún vínculo para identificarte?

Ni siquiera tengo que buscar adentro mío, pues es mi cuerpo, alma y emociones que están ahí, puestos en una historia y circunstancias que no son las mías. No es que yo sea como mis personajes, pero una es el instrumento para encarnar a todos ellos. Al final, en el cine, solo soy yo al servicio de seres ficticios.

En varias de tus películas, como No y Post Mortem,  se habla de temas sucedidos en Chile que pueden generar polémica en ciertos sectores. ¿Sientes que es distinta la recepción en tu país respecto a las proyecciones en otros lugares?

Todos los países tenemos nuestras tragedias, ya sean conflictos políticos o éticos. Al final, somos bastante parecidos. En el caso de Los Perros, es interesante porque fuera del rollo político que tiene –que es bastante poderoso e insolente con mi país- también tiene un lado humano muy ambiguo. Se manifiesta en esa especie de pulsión sexual que siente la mujer por su profesor, quien estuvo involucrado en  la dictadura pinochetista. Pero en vez de apagarla, el sentir eso por alguien  incorrecto, la enciende más. ¿Acaso eso no es universal?

Hablando de la recepción de tus filmes en otros países. ¿Cómo explicas que Una mujer fantástica haya conectado con el público y la crítica de tantos lugares diferentes?

Sucede que Una mujer fantástica llegó en el momento preciso para ser una voz importante. Precisamente cuando en EE.UU. se vive la era Trump, aparece esta película que rompe barreras y tiene demasiadas dimensiones, como el derecho a enterrar a un muerto. Para llegar a ganar un Óscar en la categoría Mejor película extranjera, que reúne a muy pocos filmes del mundo entero, se necesitan muchas cosas más aparte del talento.

Por último, ¿cómo han sido tus experiencias en festivales? Especialmente cuando has formado parte del elenco de una película –en Cannes y Venecia- o de un jurado, aquí en el 22 Festival de Cine de Lima PUCP.

Es muy loco. Más allá de ver a personas que uno admira mucho, lo que me parece alucinante es que la película en la que participas haya llegado ahí y conectado con tanta gente de otras partes. Además, el tiempo que pasa entre el rodaje y la presentación en los festivales es como un año. Puede ser que el trabajo ya esté fuera de ti y de pronto empieza a caminar. Y sobre ser jurado en el Festival de Cine de Lima PUCP, puedo decir que es muy exigente. No se trata solo de ver películas sino también de pensarlas en conjunto. Es un tremendo ejercicio para el trabajo propio. En el jurado, he conocido a personas muy inteligentes de distintos países, con miradas distintas y similares a la vez.