07 de marzo del 2012

“Para la publicidad o eres una ama de casa virginal y sacrificada o eres una bomba sexy”

Liuba Kogan

Socióloga, doctora en Antropología, egresada de la PUCP. Actual Jefa del Departamento Académico de Ciencias Sociales y Política de la Universidad del Pacífico.

De acuerdo con la última Encuesta Demográfica y de Salud Familiar (ENDES 2004), aproximadamente uno de cada cinco hogares en el Perú son liderados por mujeres. Por otro lado, más del 40% de la fuerza laboral a escala mundial está conformado por mujeres. ¿Cómo hacen para balancear su vida personal y profesional? ¿Cuál es la imagen de mujer que nos ofrece la publicidad? Le preguntamos a Liuba Kogan qué significaba para ella ser mujer y si vale preguntarse hoy cuál es el rol de la mujer. Esto fue lo que nos respondió.

¿Cuál es el rol de la mujer actual? ¿Es válido hacerse esa pregunta en estos tiempos?
Hablar de “el rol” no me parece muy válido porque hoy en día tenemos diversos tipos de mujeres que desempeñan diferentes tipos de roles. Hace unas décadas, las mujeres básicamente tenían dos roles muy acotados: ser madre y esposa, y después –eventualmente- trabajadora. Hoy tienen diversos roles, desde la política, el mundo laboral, el voluntariado. Se han ampliado las posibilidades, aunque esto no implica que las relaciones de poder entre hombres y mujeres sean igualitarias.

Algunas colegas suyas consideran que afirmar que existe un “rol de la mujer” implicaría asumir que este es diferente del “rol del hombre” y ,por ende, los pondría en esquinas opuestas. ¿Coincide con ellas?
Evidentemente, yo sí creo que el tema genético-hormonal implica diferencias, no puedo afirmar que los hombres y las mujeres sean biológicamente iguales. Sin embargo, afirmar que las mujeres no pueden desarrollar ciertos roles por estas diferencias o hablar de trabajos exclusivos “para hombres” y “para mujeres” me parece que ya no funciona.

¿La igualdad de género es una aspiración, un derecho o una utopía?
Debería ser un derecho y una aspiración, no una utopía. Estudios en los que estoy involucrada –sobre todo en el ámbito laboral- muestran que la brecha de salarios y puestos de trabajo entre hombres y mujeres ha ido disminuyendo en los últimos años. No es un tema que se haya zanjado pero, de alguna manera, estas brechas han ido achicándose.

Pese a que el 44% de la población económicamente activa en nuestro país lo conforman mujeres, ¿persiste la discriminación por género en el ámbito laboral?
Hay un tema de discriminación que no es explícita en las organizaciones; los directivos no te van a decir “No queremos mujeres en nuestra empresa”, pero en la práctica todavía existen pensamientos machistas. Hay problemas complejos en términos de relaciones de poder: a la mujer le va a costar ascender mucho más que al hombre. Si la mujer tiene hijos pequeños, va a tener que asumir, además, su crianza.

¿La mujer de hoy prioriza su desarrollo profesional antes que el matrimonio y la conformación de una familia?
Yo he entrevistado a mujeres que me dicen: “Odio a los niños” (cosa que antes era difícil de oír), “No me gusta criar niños”, “Me encantan mis sobrinos”, “Mi profesión es lo más importante”, “Mi desarrollo profesional y de pareja es lo más importante, no pienso tener hijos”. Así como en algunos casos hay mujeres que sí logran un balance entre la familia, los hijos y el trabajo, hay otras que optan por dejar de trabajar y dedicarse al hogar.

Lo que yo considero valioso es que tanto hombres como mujeres puedan elegir qué los hace más felices y que estos roles ya no son una camisa de fuerza para ellas y ellos. Lo que sí falta es que el Estado y las organizaciones privadas puedan generar espacios más justos para que mujeres y hombres puedan lograr estos desarrollos personales que –a la larga- benefician a la sociedad en general.

¿Qué medidas deberían adoptarse para erradicar esta discriminación?
Es difícil lograr el balance “familia-trabajo”, que muchas mujeres quisieran y que algunas logran con la ayuda de otras personas (nanas, choferes, etc.), lo cual les ayuda a obtener un puesto alto en sus empresas. La sociedad aún no ha desarrollado estrategias para que –a pesar de nuestras diferencias- podamos tener una igualdad de oportunidades. En ese caso, yo te diría que faltan políticas, falta un lobby de las propias mujeres para conseguirlo. Cabe mencionar que sí se está viendo cambios en las generaciones más jóvenes de hombres, que dicen que trabajar con mujeres “es chévere”.

Incluso es sintomático que en nuestras últimas elecciones municipales y presidenciales haya habido candidatas y que tengamos una alcaldesa encargada de Lima.
Ya no sorprende que una mujer sea capaz. El tema es cuánto está dispuesta a sacrificar de su vida personal en aras de un desarrollo profesional, político o público. Muchas de las mujeres que entran a estos espacios ya salieron de la etapa reproductiva, sus hijos están más grandes o se han divorciado.

Por años, la publicidad nos ha vendido dos tipos de mujer: el ama de casa encargada de la crianza de los hijos y del cuidado del hogar, y la mujer-objeto, deseada por todos. ¿Acaso todos los creativos publicitarios son hombres?
Para la publicidad o eres una ama de casa virginal y sacrificada o eres una bomba sexy. Y si no encajas en uno de esos dos modelos, tu suerte no es muy segura. Lo que pasa es que las agencias de publicidad tienen dos problemas: por un lado, los anunciantes no quieren arriesgar, quieren aplicar fórmulas seguras y en su mayoría son muy conservadores; y por otra parte, en estas agencias hay que trabajar todo para ayer y no hay tiempo de pensar en las nuevas mujeres y los nuevos hombres.

Por ejemplo, Tide tuvo una publicidad televisiva en EEUU que se hizo muy famosa porque tuvo a un hombre afroamericano echado en una cama acariciando con ternura a su bebé, en un rol en el que normalmente no aparece en los medios (ligado a la violencia, a la drogadicción, a la idea de padre irresponsable, etc.). Hay publicidad que es creativa, pero todavía se explotan los estereotipos. Tenemos que reconfigurar nuestros imaginarios, acercarlos a la realidad en la que vivimos.

El lema del Día Internacional de la Mujer 2012 es “Habilitar a la mujer campesina: acabar con el hambre y la pobreza”. Con casi un millón de mujeres analfabetas en nuestro país, la mayoría de ellas proveniente del sector rural, que abandonan los estudios para dedicarse a los quehaceres domésticos, ¿cómo combatimos este abandono?
La exclusión social de las poblaciones rurales sigue siendo dramática. Un problema que afecta en particular a las comunidades más alejadas, donde el acceso a la educación es complicado y los niños tienen que caminar mucho para llegar a una escuela. Muchos padres prefieren no mandar a las hijas porque hay problemas de violencia sexual cuando estas niñas caminan solas por parajes aislados. Además, se cree que las niñas deben encargarse de las labores del hogar y terminan realizando actividades domésticas (pastoreo, cultivo, etc.).

Creo que la brecha se va a cerrar cuando desarrollemos alternativas creativas para educar a las mujeres rurales, eso me parece fundamental. Hay un programa que se está llevando a cabo –de momento, a escala piloto- en que los niños y jóvenes se internan en la escuela por quince días, donde, además de aprender lo establecido en el currículo académico, desarrollan habilidades (por ejemplo, cómo mejorar la crianza de sus cuyes) que luego aplican en su entorno. El Estado tiene que mirar a las mujeres campesinas, a los niños y niñas y brindarles mucho más acceso a la educación y a los servicios.

Finalmente, ¿qué significa ser mujer para usted?
Significa moverme en un ámbito de complejidad, en un mundo de ambivalencias, de muchos retos. He crecido en una generación que tuvo más oportunidades que la de mi madre, que consiguió mayores derechos personales y una mejor educación universitaria. En una generación que rompía tabúes, que podía ser cuestionadora del statu quo. Fue una época en la que apareció el “novedoso” concepto de género (que por cierto, fue mi tema de licenciatura), que nos dio la posibilidad de comprendernos, de descubrirnos, de encontrar nuestra propia voz.

Cuando va pasando el tiempo, una se da cuenta de que muchos hombres han crecido según modelos tradicionales y no saben cómo responder frente a una mujer educada y autónoma, y a veces una se queda sola. El gran problema es cómo conseguir que estos hombres crezcan a la par que las mujeres que han descubierto cuál es su lugar en el mundo y las valoren.

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