25 de junio del 2013

“Debemos promover una historia que enaltezca el diálogo y la justicia social”

Joan Pagès

Docente de Historia y Educación de la Universidad Autónoma de Barcelona (España)

Representa la búsqueda de una formación moderna. Jamás estudió en un centro privado y recuerda con cariño el colegio del pueblo catalán donde nació. El Dr. Joan Pagès estuvo en nuestra Universidad la semana pasada para participar en diversas conferencias, organizadas por la Facultad de Letras y Ciencias Humanas, el Instituto Riva- Agüero y Estudios Generales Letras, en las que compartió su punto de vista sobre la docencia y la formación de la ciudadanía democrática a través de la historia.

¿Cómo la enseñanza de la historia se conecta con la ciudadanía democrática?

La historia se ha usado siempre para formar un tipo de ciudadano determinado. Lo que ocurre es que la primera concepción era para formar no tanto un ciudadano sino un patriota. Esto, en los años de las independencias y formación de Estados nacionales, tenía su razón de ser, pero hoy, en una sociedad democrática plural en la que cada uno puede decir libremente, no se puede imponer como modelo. Entonces, la historia debe permitir a los jóvenes construir conocimientos para que ellos decidan qué tipo de ciudadanos quieren ser. Es así que vinculo la enseñanza de la historia con la ciudadanía. ¿Por qué razón? La historia es una disciplina que habla de nosotros mismos, que explica la historicidad del presente y que se proyecta hacia el futuro.

Actualmente, ¿contribuimos para que se repitan modelos chauvinistas?

Si ve los textos publicados en México, Argentina o Chile, todos parecen producidos con un mismo patrón. ¿De qué se trata? Pues de exaltarnos a nosotros mismos. Creo que esto produce malos resultados, ya que no acerca a los jóvenes a la historia. Esta historia no habla de los jóvenes ni de la vida, habla de héroes, de caudillos, de una gente con la que los jóvenes no se van a sentir identificados; los jóvenes se sentirían más identificados con un futbolista, como Neymar o Messi, antes que con un general que en hizo una guerra. En ese sentido, no es bueno mantener este tipo de historia. Tuvo su razón de ser en el siglo XIX y parte del XX, pero deberíamos ir a otro tipo de enseñanza, vinculada a la vida y a los problemas de la gente.

En el Perú aprendemos sobre guerras que hemos perdido, como si fueran motivo de orgullo, y es algo profundamente arraigado. ¿En qué medida se puede lograr una reforma?

Es difícil, sin duda, pero lo que les ocurre a ustedes pasa en todas partes. El próximo año, en Cataluña, se celebrará el tercer bicentenario del 11 de septiembre de 1714, que fue cuando se perdió la batalla contra los Borbones y contra Castilla, y perdió su independencia. La autorización de la historia por parte de los políticos ha conducido a eso; un cambio significaría hablar de los hombres y mujeres que han participado en la historia y de todo lo que forma parte de la vida, desde la política hasta el ocio, el juego, el amor, la muerte, todo aquello que nos ocupa y preocupa como seres humanos. Yo digo, habitualmente, que el tipo de enseñanza de historia que tenemos ha servido para que los jóvenes se dejen matar por la patria.

¿La historia debería buscar la construcción de una identidad común?

No creo que exista una identidad única, sino que depende de muchas cosas. El mismo concepto que antes era restrictivo, ahora ha explosionado. ¿Qué debemos compartir? Pues, fundamentalmente, aquello que permite que la convivencia y el sentido de esta funcionen, y esto pasa por la justicia social o contar con los mismos derechos y deberes, no tanto defender la misma bandera. Debemos promover una historia que no enaltezca las soluciones bélicas, sino el diálogo y la justicia social, que es lo que deberíamos tener.

¿Cómo se puede reformar la enseñanza de esta materia?

La historia bien enseñada libera, te hace sentir protagonista de tu tiempo y ayuda a construir un futuro evidentemente mejor. Hay tendencias que buscan cambiar la enseñanza de la historia a partir de cuestiones sociales relevantes. ¿Debemos enseñar la historia desde la prehistoria hasta la actualidad? No, podemos hacer otras aproximaciones, lo importante no es que los jóvenes sepan de memoria todo lo que ha sucedido, sino que desarrollen pensamiento y conciencia histórica. Gente que dude antes de creer todo, ese es el reto y requiere formar al profesorado de otra manera.

¿Nos deberíamos atrever a introducir en la enseñanza temas que movilizan, como el fútbol o las redes sociales?

Sí, la historia no debe restringirse, debe tratar lo lúdico, lo mental, lo religioso, todo. ¿Por qué no el deporte? En el fútbol se manifiestan las sociedades. ¿Por qué hay rivalidad cuando juega Chile y Perú? Pues, evidentemente, hay intereses detrás. Hay que hablar de todo eso, pero no hay que tener las pretensiones de enseñar todos los programas de historia. Hay que lograr que los jóvenes quieran la historia, la aprecien, y yo, como profesor, pueda disfrutar de enseñarles. Se requiere un tipo de enseñanza de aquello que preocupa y ocupa a la gente.

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